Le llamaban 'El Tiburón de Baltimore', un apodo lo suficientemente ilustrativo para entender cómo se comportaba en la piscina. Se retiró hace justo una década, pero su huella es eterna. Michael Phelps (40 años) consiguió todo y más en el mundo del deporte al máximo nivel, por lo que en teoría debería guardar un recuerdo inmejorable de aquella etapa. Era una especie de 'aquaman', el que batía un récord tras otro, pero a quien ahora echar la vista atrás no le produce excesiva nostalgia. Más bien lo contrario, puesto que el mejor nadador de todos los tiempos tiene claro que es mucho más feliz en esta época de su vida que en la de antes.
Al hablar de cómo se veía a sí mismo cuando llegó a conquistar 23 oros olímpicos, asegura Phelps que "me miraba al espejo y veía a un asesino con gafas y gorro, un atleta que mataría por las medallas". Contundentes palabras que ha pronunciado durante una entrevista para el pódcast de la plataforma Whoop, donde se sinceraba como nunca sobre como fue su larga, dura y exitosa trayectoria en la alta competición. “No me permitía sentir emociones", explica sobre la autoexigencia tan fuerte que se aplicaba, como si fuera una máquina o un robot. Tanto es así que "llegué a mirar a la muerte a los ojos", confiesa con esa demoledora frase.
A la vista de los tremendos sacrificios que tuvo que hacer, cuenta el laureado deportista estadounidense que durante años intentó en vano impulsar cambios en su esfera profesional, pero "me cerraban la puerta en la cara". Incluso, recuerda que "un entrenador me llegó a decir que yo no tenía ni idea de nada, así que no me imagino cómo trataban a los 'nadadores normales'”. A ello hay que unir los problemas de salud mental que este padece desde hace tiempo, tal y como él mismo reseña: “Soy alguien que lucha contra la depresión y la ansiedad", asevera. "Hay veces en las que no quiero levantarme y es como si la habitación se me cayera encima”, relata.
Por todo lo dicho, tras analizarlo con perspectiva, Phelps considera que "ahora sé quién soy de verdad y me gusto mucho más”. De hecho, tiene claro que no le gustaría que sus hijos siguieran su estela y prefiere verles por otros derroteros. “Tengo cuatro niños y no quiero que naden", dice Phelps de forma rotunda. "No quiero que vivan lo que yo pasé durante más de veinte años con el equipo de Estados Unidos", señala. "No se lo deseo a nadie”, apostilla. Por suerte, “lo mejor es que los cuatro son muy diferentes y aprendo cosas nuevas cada día”, sentencia. Casado con la modelo Nicole Johnson desde hace una década, sus pequeños son Boomer (nacido el 5 de mayo de 2016), Beckett (el 12 de febrero de 2018), Maverick (el 9 de septiembre de 2019) y Nico (el 16 de enero de 2024).








