El del cine es un mundo de lo más particular y complejo, y no todos se atreven a adentrarse en él, pues su fama traicionera e impredecible le precede. Pero algunos, los más valientes, encuentran en el sector una verdadera vocación a la que no están dispuestos a renunciar por muy convulso que sea el camino. Este es el particular caso de Karra Elejalde, el actor vasco que se ha ganado la admiración de los más cinéfilos a través de personajes como el de Miguel de Unamuno en Mientras dure la guerra o el carismático Koldo en Ocho apellidos vascos.
De los reflectores al teatro amateur, pasando por la pintura y la música hasta la gran pantalla
La trayectoria profesional de Karra comienza muy alejada de los focos, concretamente en Vitoria-Gasteiz, su ciudad natal en la provincia de Álava; allí probó suerte con otras ocupaciones, ya que su familia y entorno más cercano no confiaba en el trabajo de actor como una opción viable ni realista a largo plazo: "Si llego a decirlo en casa se hubieran reído de mí. La cosa no estaba para probar suerte, sino para aprender un oficio y encontrar un trabajo. Así que estudié cinco años de electricidad, tres de oficialía y dos de maestría. Y trabajé seis años en Montajes Eléctricos Loyola, a la vez que hacía teatro amateur", ha explicado en una entrevista para la revista Esquire.
El teatro no fue la única faceta artística que Elejalde trató de desarrollar; su afán era tal que decidió explorar todo un abanico de dimensiones creativas y expresivas: "También estudié pintura y escultura en la Escuela de Artes y Oficios. Pinté con algunos de los grandes, como Santos Iñurrieta y Carmelo Ortiz de Elgea. Recuerdo que me decían: 'Da gusto verte pintar no por lo que pintas, sino porque estás callado'", ha contado el alavés, quien se define a sí mismo como alguien "hiperactivo, dinámico, lenguaraz, con muchas inquietudes".
Su intento en la música
En esta etapa de exploración también hubo espacio para la música y en los años 80 intentó probar suerte: "Todo era muy desenfrenado. El rock radical vasco en el Euskadi de los 80 era un caldo de cultivo de artistas en el que todos nos relacionábamos. En los espectáculos que yo hacía estaban por allí Evaristo Páramo de La Polla Records, Natxo Etxebarrieta de Cicatriz, Gari de Hertzainak... Para este grupo escribí unas cuantas canciones. Para Korroskada solo una. ¡Qué tiempos!", ha confesado el intérprete.
Su huella en el cine español
A pesar de su extenso y polifacético recorrido profesional y artístico, gran parte de su desarrollo como actor se basó en la experiencia directa sobre el escenario y frente a la cámara, trabajando especialmente en sus inicios en varios proyectos de cine independiente como Los sin nombre de Jaume Balagueró, antes de consolidarse como uno de los actores más versátiles del cine español. Algunas de sus primeras actuaciones se basaron en personajes más bien secundarios en largometrajes como Vacas de Julio Medem o Acción Mutante, dirigida por Álex de la Iglesia.
En el terreno dramático, destacan sus interpretaciones como Ismael en La madre muerta, un perturbador relato sobre la violencia y la culpa, o en También la lluvia, donde da vida a un productor de cine inmerso en una complicada producción durante la colonización de Bolivia. También impresionó con su actuación en thrillers como Días contados, un filme de Imanol Uribe sobre la banda terrorista ETA, y Bajocero, una apuesta de Netflix donde Elejalde figura como antagonista dentro de un transporte de prisioneros atrapado en un clima extremo.
En el ámbito de la comedia, ha brillado en títulos como Airbag, Vaya vacaciones y la inolvidable Ocho apellidos vascos con el actor Dani Rovira, con quien colaboró en otras producciones como 100 Metros, un drama basado en la propia experiencia de Rovira con el cáncer. El último proyecto confirmado de Karra Elejalde es la película titulada Auri, una cinta dirigida por Violeta Salama que protagonizará junto a la actriz Cristina Marcos y que llegará a los cines el 10 de abril de 2026.









