Paz Padilla nos habla de cómo aprendió a mirar de frente a la muerte, durante los últimos meses junto a Antonio, el amor de su vida

En su refugio secreto, entre bosques de pinos, al borde de un precioso pantano, donde ha escrito ‘El humor de mi vida’, el libro en el que narra su experiencia acompañando a su marido en su enfermedad y su despedida

Paz Padilla HOLA 4002
Por Mamen Sánchez

Nadie nos prepara para morir. Tampoco para acompañar al que muere. Nos enfrentamos a algo tan natural como la muerte con una improvisación irracional, como si siempre nos pillara por sorpresa, y hablamos de ella en voz baja, apartamos la vista, cambiamos de canal. Paz Padilla, en cambio, ha aprendido a mirarla de frente. A no temerla.

Es un camino largo, el del aprendizaje, que no termina nunca, pero ella, cuando recuerda a Antonio, su marido, el amor de su vida, en lugar de llorar de pena, llora de amor, y cuando nos habla de sus últimos días, nos dice que la suya fue una despedida preciosa, una muerte bonita.

Nadie nos prepara para morir. Tampoco para acompañar al que muere. Nos enfrentamos a algo tan natural como la muerte con una improvisación irracional, como si siempre nos pillara por sorpresa, y hablamos de ella en voz baja, apartamos la vista, cambiamos de canal. Paz Padilla, en cambio, ha aprendido a mirarla de frente. A no temerla.

Es un camino largo, el del aprendizaje, que no termina nunca, pero ella, cuando recuerda a Antonio, su marido, el amor de su vida, en lugar de llorar de pena, llora de amor, y cuando nos habla de sus últimos días, nos dice que la suya fue una despedida preciosa, una muerte bonita.

Paz Padilla HOLA 4002©Agencias
Paz Padilla HOLA 4002©Agencias
En su refugio secreto, entre bosques de pinos, al borde de un precioso pantano, es el lugar donde ha escrito ‘El humor de mi vida’.

Nos deja entrar en su rincón secreto, donde, hace años, compró una casita, un refugio, y donde suele pasar el tiempo paseando, meditando, disfrutando de la Naturaleza, rodeada de recuerdos, del amor de su hija, Anna, y el de su familia y sus amigos. Paz perdió a su madre, Lola, unos meses antes de despedirse de Antonio. Se podría pensar que este ha sido el peor año de su vida y, sin embargo, ella, serena y sonriente, nos dice: “La vida me ha regalado un tiempo maravilloso”.

“Cuando amas tanto a una persona, y sabes que va a morir, no puedes hacer más que darle amor y decirle: “Gracias, te quiero, gracias, que tengas un buen viaje, acuérdate de mí, si existe algo espérame, pero vete tranquilo, lo has hecho muy bien”

—Se escriben muchos libros sobre la vida, nos preparan para los exámenes, el éxito profesional, la boda, el parto… pero a morir no nos enseña nadie. ¿Crees que hace falta este libro?

—En un principio, toda la búsqueda fue para mí, pero, cuando hablaba con mis amigos y mi familia, les sorprendía mucho la paz que yo tenía y me decían: “Esa filosofía que tú tienes sobre la muerte y el acompañamiento tienes que compartirla. No te la puedes quedar para ti sola. Tú eres una persona popular y tienes la capacidad de llegar a mucha gente”. A raíz de la muerte de Antonio, yo sentí la necesidad de contar mi experiencia y fui a Sálvame Deluxe a hablar de esto en una entrevista. La gente se sorprendió mucho porque esperaban encontrar a una viuda destrozada, a una hija desconsolada, después de haber sufrido dos muertes seguidas en tan poco tiempo, pero lo que vieron fue a una persona llena de paz.

Paz Padilla HOLA 4002©Antonio Terrón
Paz, sonriente y serena, nos ha recibido en su acogedora casa de campo. Su marido, Antonio Vidal, que fue su primer amor de adolescente y con quien se reencontró veinte años más tarde, falleció el pasado mes de julio. Su libro es la historia de un proceso personal que ha cambiando su mirada sobre la vida, el amor y la muerte.

—¿Cómo fue la respuesta del público a esa entrevista?

—Maravillosa, desde el minuto cero. Me decían: “Tienes que ayudar”. Y entonces surgió la idea del libro, porque, claro, en una entrevista es imposible contar bien cómo he llegado a donde estoy. En el libro voy paso a paso explicando todas las preguntas que me hago. Cuando alguien a quien quieres se pone enfermo y muere, lo primero que te viene a la cabeza es “¿por qué a él?, ¿por qué tan joven?, ¿por qué me ha tocado a mí? ¡Con lo bueno que es él y toda la gente mala que hay…!”.Todas esas preguntas no tienen respuesta, evidentemente, pero sí tienen consuelo si entiendes qué es la vida y qué es la muerte.

“¿Por qué voy a pensar que ya no voy a volver a amar? Amaré a la siguiente persona que venga, de una forma diferente, con otra sabiduría, pero con mucho amor”

El humor de mi vida, ¿y este título?

—Es que el humor forma parte de mi vida, está en todo. Es lo que me ha ayudado a sobrellevar el fallecimiento de Antonio. Si yo no tuviera humor, mi vida sería muy gris. Es compatible el reír y el llorar. Estoy triste, pero puedo reír. El acompañamiento de Antonio lo he hecho con humor. La vida es así. Yo ya no cuestiono nada ni a nadie. Solo quiero que la gente no sufra más de lo que ya le toca. Además, tengo la necesidad de ayudar al acompañamiento. Que no tiene que ser una lucha, una batalla…

Paz Padilla HOLA 4002©Antonio Terrón
“El humor forma parte de mi vida, está en todo”, nos asegura la presentadora.

—Pues la gente suele referirse a la ‘lucha contra el cáncer’ y cuando alguien muere se dice que ‘perdió la batalla contra el cáncer’.

—Yo no lo siento así. Imagínate qué frustración, si después de tanto pelear, la persona muere. No puedes juzgar a un hombre porque la enfermedad le supera. El cáncer es una enfermedad mortal en algunos casos, en muchos no, gracias a Dios. Mucha gente se dedica a combatir la enfermedad, a luchar contra el cáncer; mi misión es otra, es la de cuidar y acompañar al final de la vida. No hay que tener miedo. Eso no quiere decir ‘tirar la toalla’, sino aceptar tu vida y tu destino. Y es entonces cuando empiezas a vivir de verdad cada instante de tu vida.

Cuanto más trabajas el desapego, más libre y feliz eres. Nuestra sociedad no nos permite eso: tenemos que ser triunfadores, guapos, hablar inglés, ser jóvenes… ¡Por favor, déjame sentarme en un banco!

Paz Padilla HOLA 4002©MADPHOTO
En las imágenes de archivo, arriba, la boda de Paz y Antonio, en la playa de Zahara de los Atunes. Cinco años después, Antonio fallecía, entre sus brazos, a consecuencia del cáncer. A la izquierda, tras el entierro, Paz se abraza a su hija, Anna, en la misma playa donde se casaron.

—Dedicas el libro “A mi Antonio, por su generosidad, su bondad, su honestidad, integridad, su fuerza, su luz, por hacerme sentir única, por amarme tanto, contigo no le faltaba ninguna pieza al puzle. Eras perfecto”.

—Es que Antonio era así. Descubrí que cuando acompañas a alguien a quien amas tanto, tú estás en otro nivel, dejas de existir… Yo en ese momento lo único que quería era que él muriera en paz, que hiciera su trascender bien, y disfrutar cada segundo de la vida que me regalaban con él. El confinamiento para mí fue un magnífico regalo porque pude darle la mano, sentarme a su vera y disfrutar de cada instante. Cuando tú amas tanto a una persona, y sabes que va a morir, no puedes hacer más que darle amor y decirle: “gracias, te quiero, gracias, que tengas un buen viaje, acuérdate de mí, si existe algo espérame, pero vete tranquilo, lo has hecho muy bien”. Yo entendí que aparecí en la vida de Antonio para ayudarlo a morir.

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“Las últimas horas de Antonio fueron muy difíciles, porque eso significaba que ya no estaba, que desaparecía, que no lo volvería a ver. Pero hay que soltar, dejar ir, aunque es muy difícil aceptarlo”

—Pero vuestra historia de amor empieza de niños.

—Es que para que la gente entendiera cómo yo había acompañado a Antonio y lo había ayudado a morir era necesario que conocieran nuestra historia, para que vieran que era un amor desde la infancia, un amor blanco, un amor puro… y que acompañarlo al final de su vida también era amor.

—Os llamaban ‘el largo y la larga’. ¿Cuántas veces te casaste con Antonio?

—¡Un montón! La primera cuando teníamos catorce años, que nos fuimos los dos a la iglesia y nos casamos en susurros. Yo tengo mucha capacidad de amar. Y además amo de una forma incondicional, y he aprendido en este tiempo a no juzgar a nadie.

Paz Padilla HOLA 4002©Antonio Terrón
“Yo sé que me voy a volver a enamorar”.

—¿Crees que te volverás a enamorar?

—Yo sé que me voy a volver a enamorar. Antonio, en el testamento ese que me escribe la noche en que lo iban a operar, me dice una frase: “Que seas feliz con todas las personas nuevas que aparezcan en tu vida”. Y yo pienso: Si yo necesito amar, si he venido a amar, no voy a poner trabas al amor. Si tengo seis hermanos y a los seis los quiero con locura. Tengo solo una hija, pero si hubiera tenido cinco hijos, los hubiera querido a todos con locura… ¿Por qué voy a pensar que ya no voy a volver a amar? Amaré a la siguiente persona que venga de una forma diferente, con otra sabiduría, pero con mucho amor.

“Mi hija, Anna, está siempre muy pendiente de mí. Es tan madura y ha sabido respetar mi espacio… Ten en cuenta que cuando yo le digo que quiero que Antonio muera en casa, también era su casa, y para ella era vivir el acompañamiento de Antonio en la habitación de al lado”

—Cuando llega la enfermedad, tu grito de guerra es: ‘¡Al ataque!’. ¿Cómo enfrentaste tú la enfermedad de Antonio?

—Hay mucha gente que se cura del cáncer. Entonces yo fui a por todas. La alimentación, la dieta, el sistema inmunológico, todo. Hay mucho humor también en el libro. Al leerlo, muchas veces se suelta una carcajada. “Dices unas barbaridades, Paz…”. Cuento muchas anécdotas, como nuestro viaje a Bora Bora… Es que yo tengo un don. El humor es un don. Porque, cuando te estás riendo, estás disfrutando del aquí y el ahora.

Paz Padilla HOLA 4002©Antonio Terrón
“Si tú no sueltas, te quedas anclado y aquí hemos venido a crecer, a aprender, a ser sabios”.

—En lugar de decir que fueron ocho meses horribles, tú dices: “Me regalaron ocho meses maravillosos”.

—Porque no es lo que te sucede, sino lo que tú te dices de lo que te sucede. ¿Sabes cuánto tiempo llegamos a vivir juntos? Solo seis meses antes de que le diagnosticaran la enfermedad. Yo me caso con Antonio y no vivimos juntos hasta cuatro años después de la boda. Él se viene a Madrid en septiembre y en marzo enferma. Yo tengo claro que Antonio vino a mis brazos a morir.

“No me ha quedado ni rabia ni tristeza… Le tengo tanto amor que no desaparece, se transforma. Ya no es el del hombre ni el del marido, sino el amor blanco incondicional, el mismo que le tengo a mi hija, a mi madre, a mis hermanos”

—Aprendiste a vivir el ‘aquí y el ahora’.

—Eso me lo dijo una enfermera —ahora somos muy buenas amigas—, pero entonces me quedé bastante sorprendida: “Ahora tienes que aprender a vivir el aquí y el ahora”. ¡Entendí tanto después lo que quería decirme! Que cada momento es irrepetible y único.

—También dices que hay que dar permiso para morir a la persona que amamos.

—Suéltala. Déjala ir. Es muy difícil aceptarlo. Las últimas horas de Antonio fueron muy difíciles, porque eso significaba que ya no estaba, que desaparecía, que no lo volvería a ver. La enfermedad lo deterioró mucho, ya no hablaba, pero seguía siendo él. Si tú no sueltas, te quedas anclado y aquí hemos venido a crecer, a aprender, a ser sabios.

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A la izquierda, una emocionante imagen de Paz y Antonio, de la mano, por los alrededores de esta casa, que guarda tantos buenos recuerdos. Ahora, con la presentación del libro, Paz nos confiesa que llora mucho. “Sé que hay que soltar —nos dice—, la teoría la sé, pero es muy duro”. Su intención al publicar ‘El humor de mi vida’ es ayudar a otras personas que, como ella, han perdido a un ser querido o están acompañándolo al final de su vida.

—¿Cómo te ha ayudado Anna, tu hija?

Con mucha calma, mucha serenidad y paz. Ella es muy cariñosa sin ser muy cariñosa, yo porque la conozco, no es besucona, pero está siempre muy pendiente de mí. Es tan madura y ha sabido respetar mi espacio… Ten en cuenta que cuando yo le digo que quiero que Antonio muera en casa, también era su casa, y para ella era vivir el acompañamiento de Antonio en la habitación de al lado. Ella decidió estar conmigo y con él. Se entregó en cuerpo y alma, se sentaba allí, a la vera de él, le daba la mano. Y me pareció una niña tan generosa con el amor hacia él, que era mi marido —no era su padre—, aunque luego he descubierto que lo sentía mucho como padre. De hecho, el Día del Padre lo felicitó… ¡No sabía que lo quería tanto!

“Anna decidió estar conmigo y con él. Se entregó en cuerpo y alma, se sentaba allí, a su lado, le daba la mano. Y me pareció una niña tan generosa con él, que era mi marido —no era su padre—, aunque luego he descubierto que lo sentía mucho como padre. De hecho, el Día del Padre lo felicitó… ¡No sabía que lo quería tanto!”

—También para ella habrá sido una lección de vida.

—¿Tú sabes lo que mi hija ha crecido como mujer? De repente deja de pensar en las tonterías que le preocupan a alguien de su edad y se cuestiona la vida y la muerte. Por eso a los hijos no se les debe evitar que vivan la muerte, porque eso es la vida.

Paz Padilla HOLA 4002©Antonio Terrón
“Cuando pienso en Antonio, la emoción que siento es el amor, y por eso lloro. He transformado el dolor de la muerte de mi amor en ese amor puro que me invade, que me envuelve”.

—Después del entierro de Antonio, fuisteis todos a la playa, al atardecer.

—Hay una canción que se titula Tes quiero May lof, que la bailamos el día de mi boda, es muy alegre y muy divertida, y mi hermano Luis la pone todos los atardeceres en su chiringuito, en Zahara de los Atunes. Esa canción se la ponía a Antonio todos los días y la bailábamos los dos, y a él le costaba ya al final. Y fue la canción que le puse al féretro al entrar en la iglesia. Luego nos fuimos a la playa con los amigos que habían venido de Barcelona y de Madrid y la bailamos al irse el sol. Fue un regalo maravilloso que me hizo Antonio.

“Yo hice un ‘spa’. Puse musiquita, flores, esencia de lavanda... Y él acostado y yo a su vera, viviendo el aquí y el ahora”

—¿Has pensado en cómo te gustaría morir a ti?

—Muchas veces. Y lo hablo mucho con mi hija. Ella al principio me miraba sorprendida, ahora ya me entiende. Yo quiero estar rodeada de mi gente. Quiero morir como murió Antonio, con mucho amor, con mucho humor, con mucha paz. Yo hice un spa. Puse musiquita, flores, esencia a lavanda... y él acostado y yo a su vera. No sufrí por él, porque sabía cómo era el proceso y cómo iba a morir. Hoy en día, con paliativos, con el personal maravilloso que hay, ya no se muere sufriendo. Lo que pasa es que muchas veces los médicos te mandan a paliativos cuando ya es tarde, sin tiempo para preparar a la familia ni para preparar al moribundo. Yo entendí el proceso de la muerte con mi madre, y eso me preparó para vivir la despedida de Antonio. Viví con paz, con humor, con alegría, algo tan triste como era la muerte del amor de mi vida.

Paz Padilla y su hija©JI Viseras
“¿Tú sabes lo que mi hija ha crecido como mujer? De repente deja de pensar en las tonterías que le preocupan a alguien de su edad y se cuestiona la vida y la muerte”.

—Ahora, cuando lloras, lloras de amor.

—No me ha quedado ni rabia ni tristeza… Le tengo tanto amor que no desaparece, se transforma. Ya no es el del hombre ni el del marido, sino el amor blanco incondicional, el mismo que le tengo a mi hija, a mi madre, a mis hermanos. Cuando pienso en Antonio, la emoción que siento es el amor, y por eso lloro. He transformado el dolor de la muerte de mi amor en ese amor puro que me invade, que me envuelve.

“Yo cuando me vaya quiero estar rodeada de mi gente. Quiero morir como murió Antonio, con mucho amor, con mucho humor, con mucha paz”
Paz Padilla HOLA 4002©Antonio Terrón
Días antes de realizar este reportaje, Paz fue diagnosticada con coronavirus y tuvo que ser hospitalizada por dificultades respiratorias. Pero, ya recuperada, al echar la vista atrás, nos dice que no siente rabia ni tristeza, solo amor. Un amor blanco, puro, y cuando llora, llora de amor.

Respira hondo, la primavera, en su campo, parece que la abraza. Hablamos de muerte y nos reímos. Así es Paz Padilla, la chiquilla gamberra y divertida que lo dejó todo por humor, y que, como una superheroína tiene el don de hacer reír. Su aprendizaje, el que queda recogido en su libro, podremos disfrutarlo también en el teatro. Paz se subirá al escenario y nos contará esta historia de amor y humor, que cuenta también con una ‘banda sonora’, la canción que le han compuesto los hermanos Fernández de Valderrama, de Materia Prima: “Y es bonito porque el final de la canción, como la historia y el libro tienen ese mensaje optimista, termina cantado por carnaval, por mis hermanos y los amigos de Antonio”.


Texto: MAMEN SÁNCHEZ

Fotos: ANTONIO TERRÓN

Estilismo: BEATRIZ MORENO DE LA COVA

Ayudante de estilismo: JUDIT GÓMEZ DE SANTIAGO

Look 1. VESTIDO: ÁGATHA RUIZ DE LA PRADA/PANTALÓN: UTERQÜE/BAILARINA: ZARA/PENDIENTES Y ANILLO: JOAQUÍN BERAO

Look 2. TOP Y PANTALÓN: MARELLA/ANILLO: TOUS/PENDIENTES, COLGANTE Y BRAZALETES: JOAQUIN BERAO

Look 3. ABRIGO Y FALDA: ZARA/JERSEY: AGAIN CASHMERE/JOYAS: TOUS/BOTAS: VALVERDE DEL CAMINO

Look 4. VESTIDO: ZARA/GABARDINA: UTERQÜE/JOYAS: TOU

Look 5. TOP Y PANTALÓN: ZARA/CAMISA DE PIEL: UTERQÜE/ANILLO: TOUS/PENDIENTES: LUC OLIVIER/BRAZALETE: JOAQUIN BERAO

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