Comenzó su carrera en los escenarios de Broadway, aunque no fue hasta que dio el salto a la gran pantalla cuando se convirtió en la novia de América. Grace Kelly fue toda una revolución en el séptimo arte: delicada —aunque sin dejar atrás su indestructible personalidad—, carismática a rabiar y con una belleza innegable. Todo eso, por su puesto, sin entrar en su indiscutible talento. Ganadora de un premio Oscar a Mejor Actriz —en 1955, por su papel en La angustia de vivir—, la intérprete siempre había soñado con deslumbrar en la meca del cine.
Incluso de pequeña, Grace resaltaba por encima de sus compañeras. Originaria de Filadelfia e hija de un empresario de la construcción (y exatleta de origen irlandés) y de una educadora de ascendencia alemana, siempre disfrutaba de los papeles protagonistas de las funciones de Navidad del colegio católico en el que estudiaba —en el cual desarrolló sus primeros años educativos—. Una etapa en la que su curiosidad por las artes escénicas empezó a sembrar en ella la necesidad de explorar más acerca de este nuevo mundo que se abría camino ante sus pies.
La actriz que se convirtió en princesa
Es por eso que, nada más terminar la educación secundaria, Grace se mudó a Nueva York, la ciudad donde los sueños se cumplen, para nutrirse de las vanguardistas escenas que se daban en la Gran Manzana. Tras varios trabajos como modelo, la intérprete comenzó a recibir ofertas cuyo remitente era el epicentro mundial del teatro: Broadway.
Su debut allí fue en 1949, con Las herederas y, poco después, cambió las tablas por los platós y se convirtió en el gran icono del cine estadounidense —siendo su primer gran papel en Catorce horas, en 1951—. Su interpretación en Solo ante el peligro bajo la batuta de Fred Zinnemann (y co-protagonizada con Gary Cooper), tan solo un año después de su primera aparición en la gran pantalla, fue su ascensor al estrellato.
Tras Zinnemann llegó John Ford con Mogambo —donde compartió protagonismo con Ava Gardner y Clark Gable, entre otros— y, tras él, el cineasta que marcó su trayectoria y quien la convirtió en la rubia que todas querían ser: Alfred Hitchcock. El eterno maestro del suspense encontró en Grace su musa, y juntos rodaron tres grandes éxitos que, con el tiempo, se han convertido en clásicos indispensables para todos aquellos amantes del cine: Crimen perfecto y La ventana indiscreta en 1954 y Atrapa a un ladrón en 1955.
Fue con esta última que la vida de Grace cambió para siempre. Atrapa a un ladrón se rodó en Montecarlo, Mónaco; donde la intérprete y su compañero de rodaje, Cary Grant, aprovecharon para vivir la verdadera noche monegasca que tan popular se había vuelto. Se codearon con la jet set del principado e, inevitablemente, el príncipe Raniero III se enamoró profundamente de ella.
La princesa que quería ser actriz
Un flechazo —o, más romántico, amor a primera vista— que derivó en un romance de un año y, más tarde, en el que se convertiría en el enlace más aclamado del momento (y, por qué no decirlo, uno de los más admirados de la historia). Tras terminar de rodar la que sería —por el momento, por lo menos, en la mente del cineasta— su última película con Hitchcock, Grace volvía a Estados Unidos, aunque no por mucho tiempo.
El 12 de abril de 1956, la actriz se subía en el primer transatlántico en función para regresar al Principado, "un día para siempre grabado en la memoria", tal y como han subrayado desde el perfil oficial de la familia principesca —la cual está encabezada por su único hijo varón, el príncipe Alberto II de Mónaco—. "Llegando por mar, a bordo de la Constitución, es recibida por el príncipe Raniero III, quien vino a conocerla con su yate Deo Juvante II. Descubre Mónaco desde los ojos asombrados de todo un pueblo", continua el mensaje.
Menos de una semana después, el 18 de abril, Grace Kelly pasaba a convertirse en Grace de Mónaco al darse el 'sí, quiero' con Raniero III y, casi un año después, el 23 de enero de 1957, daban la bienvenida a su primera hija juntos: la elegantísima Carolina de Mónaco, ahora, heredera por excelencia del impecable estilo y presencia de su madre.
Sin embargo, y antes de que naciera el príncipe Alberto II de Mónaco —actual jefe de la dinastía Grimaldi— el 14 de marzo de 1958, Grace recibió una llamada que jamás pensó que volvería a recibir. "Alteza, tiene una llamada telefónica desde América. Es el señor Alfred Hitchcock", fueron las palabras que retumbaron con fuerza en el Palacio del Principado.
El proyecto que el cineasta tenía entre manos no era nada similar a lo que Grace había interpretado y, a pesar de los deseos de la Princesa, su sueño de regresar temporalmente a la meca del cine se vio truncado por la opinión pública del pueblo monegasco y, a pesar de contar contar con el completo apoyo de Raniero III, fue finalmente Tippi Hedren la encargada de dar vida a "Marnie la ladrona" en Marnie, el papel que el maestro del suspense había pensado para su musa.
Tras esto, Grace Kelly y Raniero III dieron la bienvenida a su tercera hija, Estefanía de Mónaco, el 1 de febrero de 1965 —quien guarda especial parecido a su hermana mayor, Carolina—.
Una trágica muerte
Años después, el 13 de septiembre de 1982, Grace Kelly y la menor de sus hijas (que por ese entonces tenía 17 años) se vieron involucradas en un terrible accidente automovilístico que acabó con la trágica muerte de la actriz. Así lo relataba Sesto Leccio, un labriego que cuidaba de su pequeño huerto en la Costa Azul, situado muy cercano a la residencia de verano de la familia principesca, que se vio sorprendido por la velocidad de un vehículo Rover dorado que se precipitó ladera abajo en dirección a sus cultivos.
Al día siguiente, Grace fallecía a sus 52 años en un hospital del Principado debido a las graves heridas causadas por este accidente, dejando tras ella una estela de éxito, respeto y elegancia sin igual cuyo legado mantienen sus herederos.













