Felipe VI ha presidido este sábado por la noche la final de la Copa del Rey, el histórico y prestigioso torneo del KO que lleva su nombre, en lo que está considerado por todos los amantes al fútbol como el duelo más bonito y vibrante de la temporada (y que esta vez se ha prolongado hasta prácticamente la medianoche). Para el soberano ha sido un día verdaderamente intenso, puesto que comenzaba esta mañana en Copenhague con la confirmación de los príncipes Vincent y Josephine de Dinamarca, para después volver rápido a España rumbo a la capital hispalense y poder presenciar el trascendental choque desde el palco de autoridades.
El estadio sevillano de La Cartuja acogía desde las 21:00 horas el partido decisivo por el título, que ha enfrentado al Atlético de Madrid contra la Real Sociedad. Con un recinto lleno hasta la bandera, del aforo que dispone para 70.000 espectadores, tanto la afición rojiblanca como la donostiarra han disfrutado de un ambiente formidable. El encuentro, además, no ha defraudado lo más mínimo ya que ha sido muy emocionante en lo que al resultado se refiere.
Se adelantaban por dos veces los jugadores que entrena el estadounidense Pellegrino Matarazzo, y luego lograban empatar lo pupilos de Diego Pablo Simeone. De ahí, se iban a la prórroga y, al terminar esta, todo se decidía en la fatídica tanda de penaltis. Un desenlace de infarto que caía del lado de los txuriurdines, quienes después recogían a través de su capitán el trofeo de manos del monarca de 58 años.
El Rey, por su parte, tenía sentado a su derecha al presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno (55), mientras que a su izquierda se situaba el máximo responsable de RFEF, Rafael Louzán (58). En primer lugar, nada más hacer actor de presencia, veíamos cómo el jefe del Estado sonreía y saludaba con la mano a algunos de los asistentes que tenía cerca del él y reclaman su mirada. A continuación, todos se ponían en pie para escuchar el himno nacional que ha sonado por megafonía. Seguidamente, arrancaba sobre el césped lo que ha sido un gran espectáculo que millones de televidentes han podido seguir en directo desde sus casas (a través de La 1 de TVE y Movistar+).
Como señalábamos al principio, para Felipe VI ha sido unas horas de lo más frenéticas en la que ha tenido que hacer casi 5.000 kilómetros, entre el vuelo de ida a tierras nórdicas que hizo el viernes y el de vuelta que acometía hoy sábado. Era toda una sorpresa que estuviera allí, ya que no se había anunciado públicamente con antelación al tratarse de un acto privado que estaba fuera de su agenda institucional. Su presencia en la capital escandinava se explica por ser él uno de los padrinos de bautismo de los hijos pequeños de Federico X y la reina Mary, así que no podía faltar en esta fecha tan importante para sus ahijados.
Un desplazamiento que, en definitiva, ha puesto de manifiesto una vez más la excelente relación y los lazos afectivos que hay entre la corona española y la danesa. Además, el Rey ha podido trasladar personalmente sus condolencias a la mujer del soberano danés, tras la muerte el pasado fin de semana de su padre, el australiano John Donaldson, a los 84 años. "Siento mucho tu pérdida", eran las conmovedoras palabras que él le transmitía a ella nada más verse, tras darse un cariñoso abrazo y besarle la mano en un emotivo momento que ha sido captado por las cámaras.












