Suthida de Tailandia se ha convertido en una de las figuras más destacadas del panorama internacional. Un afianzamiento de su personalidad, así como de un papel institucional que ha ido en aumento con el paso del tiempo y las circunstancias que atraviesa la monarquía constitucional parlamentaria. Un avance que ha simbolizado el repunte de quien un día fue la sombra de un recién coronado rey. Ahora, tras los fallecimientos de la reina madre Sirikit y de la princesa Bajrakitiyabha –quien fuera la heredera de facto al trono tailandés–, el brillo de la consorte se ha trasladado a escenarios que van más allá del regio protocolo de la Corte Real, asumiendo un papel cada vez más relevante que se manifiesta a través de una especial elegancia, sobriedad y un firme compromiso con la propia institución.
La llegada a la dinastía Chakri
La vida de la actual reina de Tailandia no está marcada por un legado histórico, sino por un origen humilde. Suthida Tidjai, de 48 años, estudió Comunicación en la Assumption University de Bangkok y trabajó como azafata de vuelo en JALways y Thai Airways antes de dar un giro radical a su vida en 2010, cuando ingresó en las Fuerzas Armadas. Su rápida carrera militar la llevó a convertirse en comandante de la guardia del entonces príncipe heredero, Maha Vajiralongkorn, y, más tarde, en general y responsable de distintas unidades de la Guardia Real. Fue durante esos años cuando comenzó a estrecharse su relación con el heredero al trono, aunque la Casa Real mantuvo siempre la máxima discreción. La confirmación llegó en mayo de 2019, cuando el monarca anunció su matrimonio con Suthida y la nombró reina consorte en una ceremonia celebrada en el Palacio Amphorn Sathan. Días después fue coronada reina de Tailandia, adoptando el nombre de Suthida Bajrasudhabimalalakshana y convirtiéndose en una de las reinas más discretas del mundo, aunque su papel ha ido evolucionando hasta una actualidad en la que es máxima representante de la Corona.
Y es que la evolución de la reina Suthida se ha ido enmarcando en un proceso paulatino que ahora la proyecta como una de las figuras más destacadas dentro de la dinastía Chakri, pues su día a día entrelaza la historia más solemne del país con los compromisos que la han consolidado como un pilar fundamental. La monarquía tailandesa es una de las más herméticas del mundo; algo habitual, pues continúa con la línea tradicional de las casas reales de Asia. No obstante, ha sido en los últimos años cuando se ha vivido una apertura exterior que ha encumbrado a Suthida dentro de la institución. En casi diez años de reinado, la Corte solo ha protagonizado cuatro visitas de Estado al exterior; sin embargo, fue la asistencia de Rama X y la reina Suthida al 80º cumpleaños del rey Carlos Gustavo de Suecia el momento en el que la consorte debutó ante la realeza europea. En dicho evento lució, por primera vez, una impresionante tiara con la que rindió tributo a la reina madre Sirikit. Fue a partir de ese instante cuando comenzó a asumir una representación que hoy la convierte en una figura clave.
Suthida vive en el entorno íntimo del monarca junto al grupo conocido de consortes, compartiendo el espacio afectivo pero reservándose el poder institucional en exclusiva para la actual reina. Un fortalecimiento, así como el continuo aumento del peso institucional de Suthida que se han consolidado después del fallecimiento de la reina madre Sirikit, momento en que la consorte tomó el testigo del legado social, cultural y diplomático de su propia suegra. El punto de cambio en esta importante proyección llegó con un decreto firmado por el rey Rama X, quien nombró a Suthida presidenta de la Cruz Roja Tailandesa, situándola al frente del organismo benéfico y asistencial más influyente del país que Sirikit lideró durante décadas la gran guardiana de las fundaciones artesanales de la Reina Madre, el patronazgo del Consejo Nacional de Mujeres y el desarrollo rural.
Y es que, Suthida lidera ahora la imagen de la Corona tailandesa con una agenda exterior intensa y renovada que incluye el reciente viaje de Estado de Suthida a Vietnam, giras por Europa y cenas con el presidente Emmanuel Macron en Francia, además de su propio papel como embajadora de la Federación Internacional de Hockey en Milán. Unos pasos que han hecho de Suthida la auténtica columna vertebral del trono y del relevo dinástico de la Casa Real de Tailandia que la convierten, indiscutiblemente, como la gran figura del cambio.








