Es pensar en Mademoiselle Gabrielle y recordar que el tweed se convirtió en el mejor de los materiales para sus icónicas prendas. Coco Chanel hizo de este tejido de lana su mejor baza y, con el tiempo, por su calidad y textura ha llegado, en blanco, al universo nupcial. Y es que, aunque esté históricamente asociado a la firma francesa, esta tela es originaria de Escocia y de las Islas Hébridas, donde se produce con las mejores lanas también a día de hoy.
Fue en el siglo XVIII cuando comenzó a tejerse, con ese aspecto robusto y áspero, que la convertía en resistente a las bajas temperaturas que allí se dan. En 1924, la diseñadora gala comenzó a incluir el tweed, traído desde esas tierras del Mar del Norte, en sus propuestas y así fue como lo popularizó. En la actualidad, este tejido es uno de los más solicitados por las novias de otoño e invierno y estos 10 looks demuestran que son muy diversas las formas de incorporarlo.
El modista Ignacio Valdés, padrino del novio de esta imagen, fue quien creó el vestido de novia de Alejandra para su boda en Pedraza. El suyo era un diseño en tono marfil, alejado del blanco más clásico, coronado por un abrigo de tweed, inspirado en las chaquetas que ella solía llevar en invierno. La periodista María Palma añadía que a esta propuesta tan romántica se sumaba "una maravillosa pulsera india del siglo XII (que le dejó su suegra) a modo tiara".
Confeccionado al completo en tweed, este vestido de novia a medida de Isabel Hervás Couture causó sensación en las redes sociales. El diseño contaba con botonadura central, mangas largas con acabado deshilachado, cuello a la caja, silueta recta y una larga cola. El resultado se acompañaba de una coleta pulida, un ramo silvestre con abundantes verdes y un voluminoso velo de tul.
Seguir la tendencia del tweed en otoño e invierno no tiene que traducirse necesariamente en renunciar al juego de texturas y tejidos que tan popular es en la redes sociales. Lo vemos en este vestido de novia de Navascués, moderno y especial, que destaca por su asimetría en la falda: una abertura que descubre una tela semitransparente con motivos geométricos.
Laura recurrió a un diseño de dos piezas que con sumo mimo le hizo Carmen García para su gran día. El look contaba con una chaqueta de tweed, con hombreras, botonadura lateral, mangas largas y largo cropped, que retiró para el momento del baile y con un vestido base midi asimétrico, con cuerpo también de tweed. "Me costaba mucho imaginarme con velo, pero finalmente Carmen me animó a llevarlo. Como tenía claro que quería llevar casquete, se nos ocurrió hacer un casquete con velo desmontable", nos explicó.
Muy sencillo y a la par muy favorecedor y elegante fue el vestido de novia de Ángela. Para su boda de invierno escogió a la diseñadora Alejandra Oria, quien dio forma a un look con mangas largas y silueta túnica que incorporaba una pieza sobre el escote, que creaba un efecto cuello barco o chal. Lo acompañó de un ramo silvestre con gran protagonismo de verdes.
En la iglesia de Santa María de los Ángeles de San Vicente de la Barquera se casaron Irene y Pablo en octubre de 2025. La pareja celebró su boda en el Mirador de la Franca, en Colombres, un espacio con unas espectaculares vistas. Para la ocasión, esta novia se decantó por un diseño de tweed que incorporaba bordados de strass. Una pieza recta con cuello cisne y falda columna a la que añadió una chaqueta del mismo material, un largo velo de tul y un ramo de rosas color melocotón.
7/10
Alejandra Flo
En un abrigo
Un mes y medio antes de su boda en Madrid, Marta consiguió que Carmen J. Sánchez confeccionara el vestido de novia que mejor le definía. El diseño contaba con un escote cuadrado, tirante ancho, falda recta y cuerpo efecto corsé. Sobre el mismo se colocó un abrigo de un tweed que fascinó a esta novia. "Carmen tenía una pieza en el taller y yo me enamoré al probarlo porque daba mucha luz. Como el abrigo no tiene corte en la cintura, necesitábamos muchos metros de tela para poder hacer todas las piezas enteras, ¡creo recordar que se pidieron algo más de 7 metros!", relató.
Ideal para una novia nada convecional, llamada Olatz, el atelier de Arribas Garamendi diseñó un vestido transformable donde el tweed era el tejido principal. De mangas largas y con falda lápiz (y un bonito broche al cuello), la prenda destacaba por incorporar varias tendencias en un mismo look. "Un traje en tweed de Chanel, un cuerpo de crepe y un lazo de gasa que saltaba de la cintura al hombro", apuntaba la casa en sus redes sociales. Porque contar con este tejido no tiene que significar renunciar al movimiento en un estilismo.
En Puente Genil, Córdoba, en la Hacienda Molino Blanco, se casó Marina, una novia que brilló con un diseño de corte péplum de Rafa Valverde. En su enlace confió en un tejido de tweed con microlentejuelas, que se empleó en todo el vestido (de mangas largas, silueta columna y cuello alto, con cinturón), salvo en la cola, que era de tafetán.
"La moda siempre me ha fascinado, y mucho antes de mi pedida, ya fantaseaba con cómo sería mi vestido de novia. Durante años, he leído revistas y artículos sobre novias y bodas, y me sentía especialmente atraída por los vestidos de figuras icónicas, como Grace Kelly y Sassa de Osma, entre otras celebridades y miembros de la realeza. Aunque si tengo que destacar alguna, Chanel y su icónica chaqueta de tweedfue, sin duda, una de mis principales inspiraciones", nos contó ella misma.
Lejos del look de novia más tradicional, Virginia encontró la horma de su zapato en una creación a medida que Luis Infantes realizó para su boda en Madrid. El tweed fue el protagonista de su vestido de corte recto, con mangas largas y contraste de texturas. A este tejido se sumaron unos "detalles en organza de seda imitando los puños de gemelos de las camisas sastre. Todo esto lo cerraban bandas que cruzaban en crepe y un cinturón con hebilla forrado en crepe que daba el cierre perfecto", recuerda.