"25 años después volvería a decirte: Sí quiero". Con estas románticas palabras, Arantxa del Sol ha celebrado sus bodas de plata con Finito de Córdoba, el hombre con el que comenzó a escribir su historia de amor hace más de dos décadas. Un cuarto de siglo después de aquel inolvidable 20 de octubre de 2001, la modelo y presentadora ha querido echar la vista atrás y recordar algunos de los momentos más especiales de su matrimonio. Una ocasión perfecta para hacer mención también a uno de los grandes protagonistas de aquel día: su espectacular vestido de novia, una creación de Lorenzo Caprile.
Su boda fue uno de los grandes acontecimientos sociales de aquel otoño. Tanto es así que Córdoba se echó a la calle para acompañar a la pareja en su gran día. Los balcones se engalanaron, cientos de personas se congregaron en las inmediaciones de la iglesia de Santa Marina de Aguas Santas y los aplausos recibieron a los novios, que se dieron el 'sí, quiero' ante 600 invitados. Una celebración multitudinaria que también quedó inmortalizada en las páginas de ¡HOLA!
Pero su historia había comenzado mucho antes. Arantxa y Juan Serrano, conocido como Finito de Córdoba, se conocieron en 1993, durante un partido de fútbol benéfico entre artistas y toreros celebrado en Vallecas. Sin embargo, tuvieron que pasar seis años para que sus caminos volvieran a cruzarse. Fue en 1999, durante la grabación del programa Furor, cuando surgió la chispa que acabaría llevándolos al altar. Desde entonces, han construido una vida juntos en la que también han dado la bienvenida a sus dos hijos, Lucía (25) y Juan Rodrigo (18).
Un vestido de Lorenzo Caprile que rompió con las tendencias de la época
Aunque han pasado 25 años, el vestido con el que Arantxa del Sol se convirtió en esposa de Finito de Córdoba mantiene un aire atemporal que perfectamente puede servir de inspiración a las nuevas novias. Lorenzo Caprile fue el encargado de dar forma a una creación de alta costura confeccionada en raso blanco de seda natural, con escote barco, silueta sirena y una falda que se abría a partir de las rodillas mediante godets de gran vuelo.
Para su elaboración se emplearon 20 metros de raso y unas enaguas realizadas con diez metros de tul de seda natural plisado y aplicaciones de encaje. El diseño incorporaba, además, un favorecedor corsé —"Femenino y muy favorecedor", contó la novia—, una delicada hilera de botones forrados y una imponente cola que, según recordaba la propia protagonista años después, medía cuatro metros. Para disfrutar cómodamente de la cena y el baile, esta se recogía formando un elegante polisón.
"Era exactamente el vestido de mis sueños", confesaba la modelo en 2023, cuando compartió fotografías y detalles inéditos de su look nupcial. Lo curioso es que, en una época en la que muchas novias apostaban por los tonos beige, Arantxa tenía clarísimo que quería casarse de blanco puro. Una elección con la que se desmarcó de las tendencias del momento y que contó con la aprobación del modisto. La segunda licencia que se permitió fue su velo, una delicada pieza de organza con bordados florales y cristales de Swarovski que aportaban un brillo muy especial.
Tampoco dejó al azar los accesorios. Lució unos pendientes de Yanes, sus alianzas de Bvlgari y un anillo de pedida de San Eduardo Jewels compuesto por dos diamantes entrelazados, uno blanco y otro amarillo. Sus zapatos, diseñados por una amiga, reproducían el bordado del velo, aunque para el baile los sustituyó por unas deportivas Puma blancas, también bordadas, creadas especialmente para ella.
En cuanto al peinado, Arantxa cambió a última hora el recogido de ondas al agua que había previsto por un semirrecogido que más tarde se transformó en una trenza. Del maquillaje se encargó su amiga Rosa Navajas, quien la acompañó y ayudó a mantener la calma durante los preparativos.
Una boda multitudinaria, una fiesta flamenca y una romántica promesa
La celebración estuvo repleta de momentos inolvidables. Finito de Córdoba llegó a la iglesia acompañado por su madre en un Buick de 1936, mientras que Arantxa lo hizo junto a su padre en un Rolls-Royce, con casi una hora de retraso. La lluvia que había acompañado intermitentemente aquella jornada cesó cuando la novia bajó del vehículo. A las puertas del templo sonaron las gaitas, un guiño a las raíces asturianas de su familia que ella había deseado especialmente.
Tras la ceremonia, los recién casados recorrieron las calles de Córdoba en un coche de caballos descubierto y se dirigieron a la iglesia de los Dolores, donde ella depositó su ramo y él ofreció un capote. El banquete tuvo lugar en el histórico Palacio de Viana, donde los invitados disfrutaron de un menú que combinaba especialidades de la gastronomía asturiana y cordobesa. Las mesas, decoradas en blanco y beige con rosas y velas, crearon un ambiente especialmente romántico. Después llegó una animada fiesta flamenca que se prolongó hasta altas horas de la madrugada.
Entre los recuerdos más emocionantes de aquel día, Arantxa siempre ha destacado el instante en el que vio a su futuro marido esperándola en el altar. Y es que, aunque hayan transcurrido 25 años, los pequeños gestos continúan siendo una parte esencial de su historia. Así lo ha demostrado en su última declaración de amor, en la que ha recordado con ternura cómo Finito todavía le masajea los pies cuando regresa de un evento y se quita los tacones. "Son esas pequeñas cosas las que me siguen enamorando", asegura.













