Es posible que de su madre haya heredado muchas cualidades, como la disciplina, un fuerte carácter y el sentido del deber. Pero si hablamos de moda, no podemos negar que la princesa Ana ha adquirido de Isabel II su gran pasión por el color a la hora de vestir. La única hija de la que fue la monarca más longeva de Reino Unido y del príncipe Felipe, ha vuelto a demostrarlo una vez más, en esta ocasión en la boda de su hijo mayor, Peter Phillips con Harriet Sperling.
Este sábado 6 de junio ha tenido lugar uno de los enlaces más esperados del fin de semana, pues más allá de los novios como protagonistas, entre los invitados han estado presentes el propio rey Carlos III y su esposa Camila, las hermanas Beatriz y Eugenia de York o Kate Middleton, radiante con un vestido de invitada beige en tweed combinado.
No precisamente por un tono neutro se ha decantado la princesa Ana, sino todo lo contrario: ha optado por un diseño con estampado de flores junto una americana amarilla. Un estilismo inusual teniendo en cuenta que suelen ser los colores empolvados —como el rosa pálido, el gris perlado o el azul— los que rigen el protocolo de las madrinas europeas y aristócratas en las bodas.
La princesa Ana y su look de madrina: un homenaje a Isabel II
"La reina y yo tuvimos una conversación el otro día sobre la diferencia entre moda y estilo. Ella no sigue la moda, pero sí tiene estilo, y el estilo tiende a durar más", aseguró la princesa Ana en 2022, durante una entrevista concedida a Australian Women’s Weekly con motivo del Jubileo de Platino de Isabel II. Y esto último es lo que define también su armario, sobrio, repleto de color y con una estética muy identificativa, como ha dejado ver en la boda de su hijo.
Si bien el protocolo de las madrinas indica evitar el color blanco, el marfil, el beige claro o gris perla muy claro (excepto en la mantilla) para no eclipsar a la novia, ella lo ha incorporado en su conjunto en pequeñas dosis. Aunque el fondo de su vestido midi está bañado por el tono más claro de la paleta, queda prácticamente cubierto por las flores en tamaño XL rojas y amarillas. Sobre este, ha incorporado una americana larga y abotonada, de cuello redondo y en amarillo mantequilla, precisamente como las que su madre solía utilizar.
Y justo como también hacía la antigua soberana, ha conjuntado su chaqueta con un sombrero a tono de ala estructurada con detalle de lazo. "El amarillo es uno de los colores más ambiguos y complejos. Históricamente ha cargado con significados de exceso e incomodidad", explica Xaviera Salazar, comunicadora y asesora experta en moda. "No busca agradar, busca ser visto. Desde la psicología del color, estimula el pensamiento y genera reacciones inmediatas. Vestirlo es aceptar la exposición y asumir una postura emocional frente al entorno".
Un color que ha formado parte del armario de la reina Isabel II desde su juventud y al que su hija también ha sabido sacar mucho partido.
El detalle que la princesa Ana siempre incluye en las bodas
Un elemento que nunca falta en los estilismos de la princesa Ana son las flores, ya sea como estampado en sus vestidos, en tocados o en accesorios como los broches que adornan las solapas de sus chaquetas. En la boda de Lady Rose Windsor en 2008, lució un vestido hasta la rodilla con flores amarillas y un sombrero a juego; en la del príncipe Guillermo y Kate Middleton, combinó un vestido morado con un abrigo verde estampado de flores; y en la boda de Zara Tindall, como madre de la novia, apostó por un vestido coral plisado con chaqueta floral.
Además, la royal no tiene reparos en reciclar estos looks en diferentes eventos, un reflejo de su carácter práctico y de su habilidad para mantener la elegancia sin necesidad de estrenar un conjunto cada vez. Las flores, en cualquiera de sus formas, se han convertido así en una especie de firma personal, que identifica su estilo en cada celebración familiar o real.








