La iglesia jesuita de San Ignacio de Loyola, en Nueva York, fue el templo elegido para que Rocío Crusset, hija de Carlos Herrera y Mariló Montero, y el empresario estadounidense Charlie Scheinse se convirtieran en marido y mujer. La pareja se dio el 'sí, quiero' el pasado sábado 30 de mayo en una ceremonia íntima en la que estuvieron arropados por sus familiares y amigos más cercanos.
La modelo y diseñadora de joyas estaba espectacular con un vestido de inspiración bohemia, con un marcado aire vintage. Estaba confeccionado en encaje con motivos florales y salpicado de volantes que convertían su falda asimétrica en una auténtica obra de arte. Su madre apostó por un favorecedor diseño rosa y rojo de Sybilla, que potenciaba y estilizaba su silueta. Pero aún nos quedaba un look por ver, el de Blanca Llandres, cuñada de Rocío. Una elección llena de anécdotas.
Un vestido con un significado especial
El pasado 18 de octubre de 2025, Alberto Herrera y Blanca Llandres Parejo se dieron el 'sí, quiero'. Lo hicieron en la iglesia de Santo Domingo, ubicada en la localidad gaditana de Sanlúcar de Barrameda. Y solo unos días antes celebraron su pedida. En las fotos no solo descubrimos la felicidad de la pareja, también cómo avanzaba su embarazo —estaba de unos cuatro meses cuando se casó— y el look que llevó su futura cuñada, Rocío Crusset. La hija de Carlos Herrera optó por un vestido de Rixo (495 euros), una firma británica conocida por sus siluetas femeninas y estampados llamativos. Este mismo diseño lo reutilizó en abril para una cita en la Plaza de la Real Maestranza de Sevilla en la que disfrutó de una tarde de toros y es el que Blanca ha llevado en su boda.
El diseño, de largo midi y mangas tres cuartos ligeramente acampanadas, destaca por su escote en pico, que estiliza el cuello y el torso, aportando equilibrio al conjunto.
Esta pieza incorpora el reconocible corte imperio de la casa, con costura bajo el pecho que define la cintura de forma sutil además de aportar comodidad. Confeccionado en un tejido de flores, combina cuerpo en tonos rojos con estampado floral multicolor y una falda negra que mantiene el mismo motivo, creando un contraste armonioso. El resultado es un vestido fácil de llevar, favorecedor y con un punto distintivo gracias a su mezcla de colores y volúmenes.
Blanca lo combinó con unos zapatos negros muy sencillos, un bolso trenzado de mano y un poncho a tono, con el que protegerse del fresco de Manhattan.
El papel de Rocío Crusset en el vestido de novia de Blanca
Esta elección es una muestra más de la buenísima relación que existe entre Blanca y Rocío. Algo que ya quedó patente cuando la modelo y diseñadora de joyas participó en la creación del vestido de novia de su cuñada.
Aunque el diseñador sevillano Nicolás Montenegro fue el artífice del vestido de la mujer de Alberto Herrera, Rocío tuvo un papel muy especial. Y es que, tal como nos explicaba el diseñador sevillano, imaginaron la pieza juntos. Nicolás y Rocío se conocen desde sus años en Milán. Y es que el creativo, que estudió primero Historia del Arte, se trasladó a la ciudad italiana para formarse en moda en el Instituto Marangoni. Después empezó a trabajar con Dolce & Gabbana y fue entonces cuando conoció a la hija de Carlos Herrera.
"Todo empezó a partir de la wedding planner de Blanca, La madrina wedding. Blanca es amiga de la organizadora de bodas que, a su vez, es tanto amiga mía como de otros conocidos. Salió la conversación del vestido de Blanca y se barajaba tanto el nombre de su cuñada Rocío, que quería ayudarle en el proceso, como el mío. Es verdad que Rocío, al igual que yo, es diseñadora, pero al estar Blanca en Sevilla y Rocío no tener atelier propio en la ciudad, barajamos la posibilidad de hacer la colaboración juntos", contaba Nicolás Montenegro en una entrevista con ¡HOLA!. Y así fue. Juntos, a través de muchas videollamadas y de encuentros cada vez que Rocío viajaba a Sevilla, idearon una pieza muy especial.
El vestido, de corte imperio, tenía escote cuadrado, mangas adherentes y falda con vuelo. Lo completaba una cola de doble capa, para la que se invirtieron más de seis metros de bambula de seda. Pero, sin duda, el detalle más especial estaba en el torso. Realizado siguiendo la técnica del microdrapeado; un trabajo artesanal, sobre maniquí, en el que se invirtieron más de 40 horas de trabajo para lograr un acabado tan especial y conseguir que los pliegues se convirtieran en la mayor ornamentación del diseño.









