Dicen que fue la bendición de la reina Margarita lo que consiguió apaciguar las aguas que enturbiaron durante un tiempo la relación entre su segundo hijo, Joaquín de Dinamarca, y Marie Cavallier. El príncipe ya había estado antes casado con Alexandra Manley, con quien tuvo dos hijos. Se divorció y se enamoró de nuevo de una empresaria parisina, que aunque si bien era nieta de una baronesa francesa, no pertenecía a los círculos cercanos de la aristocracia danesa, algo que no veían con buenos ojos los más conservadores.
Comenzaron una relación en 2006, y aunque atravesaron una breve ruptura, se comprometieron un año después —el anillo, de zafiros y rubíes, era un homenaje a la bandera del país natal de la pometida— . El 24 de mayo de 2008, Joaquín y Marie de Dinamarca selleban oficialmente su amor en una boda celebrada en la península de Jutlandia.
La ceremonia tuvo lugar en Møgeltønder, un pintoresco pueblo al sur, en su iglesia medieval de arquitectura tardo-románica que destaca por su gran retablo de madera y por albergar uno de los órganos más antiguos del país. Unos 280 invitados se congregaron para ver llegar a una radiante novia, que provocó las lágrimas de emoción del príncipe Joaquín cuando la vio caminar hacia el altar.
Un vestido de novia con mangas de encaje
Como haría Kate Middleton tres años después, Marie de Dinamarca también se decantó por un diseño nupcial con mangas confeccionadas enteramente en encaje. Se trataba de una creación diseñada a medida por Arasa Morelli, casa de alta costura con sede en Suiza y raíces españolas.
Aunque han transcurrido casi dos décadas de aquel enlace, el vestido mantiene esa elegancia clásica capaz de convertirlo en una pieza atemporal. De escote en forma de corazón y silueta princesa, destacaba por sus bordados de encaje floral inspirados en los de Calais del siglo XIX —similares a los que históricamente se producían en esta ciudad francesa—, y una cola de tres metros que aportaba majestuosidad.
La actual condesa de Monpezat optó para su gran día por un recogido con volumen, que adornó con una tiara de diamantes que pertenecía a su suegra, la reina Margarita, y de la que prendía un largo velo.
Su ramo estaba formado por lirios blancos y rosas en color crema, combinado con un sutil follaje verde. Compacto y elegante, acompañaba a la perfección el look.
Tras la ceremonia, los recién casados y sus invitados se trasladaron al palacio de Schackenborg para disfrutar de la fiesta y del banquete. En la actualidad, Joaquín y Marie de Dinamarca tienen dos hijos en común, Enrique (2009) y Atenea (2012). Residen desde el 2023 en Estados Unidos, pero el matrimonio anunció a principios de año que abandonarán Washington D. C, donde Joaquín de Dinamarca trabaja como agregado de la industria de defensa, para mudarse en verano de 2027 a Dinamarca.










