El proceso de creación de un vestido de novia es una experiencia que siempre es más placentera si se vive acompañada. Las prometidas actuales tienen claro quienes serán las personas que estén presentes en esas citas, a las que acuden muy ilusionadas. En el caso de Isabel, su imponente look nupcial salió del taller de Luis Infantes, tras varias pruebas que nunca podrá olvidar. “Vivimos momentos muy especiales. Fui siempre acompañada de mi madre, que es mi referente en mi vida y la que más me conoce. Mi hermana Natalia, que vive en Suiza, se unía siempre por videollamada. Ella es la más crítica de todas, así que sus opiniones no faltaban nunca y nos reíamos muchísimo con sus comentarios a distancia.”, nos cuenta.
De aquellas reuniones en el atelier del diseñador surgió un vestido de novia minimalista con mucha personalidad. “Elegí a Luis Infantes como diseñador de mi vestido de novia porque, desde que descubrí su trabajo en Instagram, tuve clarísimo que algún día sería él quien creara mi vestido”, revela nuestra protagonista. En cuanto se conocieron, se pusieron manos a la obra con varias ideas e Isabel se sintió arropada y comprendida. Había captado desde el primer momento su estilo: “siempre guiándome con su profesionalidad y sensibilidad”.
La sencillez como hoja de ruta del look
La conexión entre el creativo y esta estilosa novia viral fue casi instantánea. “Me enamoró su estética minimalista y arquitectónica, sus líneas puras y esa elegancia serena que define cada uno de sus diseños. Confié plenamente en él y el resultado superó todas mis expectativas”, reconoce abrumada.
El look se componía de varias piezas de líneas limpias que dieron como resultado una silueta escultural. “Tenía claro que quería un abrigo diferente, de líneas puras y una estética muy depurada. Cuando conocí a Luis, conecté al instante con su estilo. El minimalismo forma parte de mi personalidad, y él supo captar mi idea y mi esencia desde el primer momento”, agrega Isabel. Ella siempre supo que llevaría un impresionante abrigo, pero en lo relativo al vestido, el propio diseñador marcó su pauta, a su medida, sencillo y sofisticado. “Fue la mejor decisión”.
“Como no quería tener fotos del proceso en mi móvil, le pedí a Luis que me hiciera una con el suyo. Me la enseñó y la borró al instante. Nunca tuve una sola imagen del vestido en mi galería. Cada vez que volvía a Valencia, lo único que me llevaba conmigo era mi memoria y la emoción de la siguiente prueba”, comparte.
Un tocado muy original
El mismo día de la boda, el estilismo se fue transformando con el paso de las horas, de manera que la valenciana logró tener tres looks en uno, simplemente desmontando elementos. Una de las piezas que retiró fue un tocado ligero, sin estridencias —tal y como exigía el conjunto— que era de color negro. Este color, nada habitual en las bodas, ha sido escogido por contadas novias virales para romper con la imagen más clásica en términos nupciales. El tono también estuvo presente, como veremos a continuación, en la decoración del enlace.
Con esta elección de una propuesta desmontable acertó y no tuvo que renunciar a ninguna de sus prendas fetiche. “Al inicio de la boda lucí el abrigo, que dejaba entrever el vestido, acompañado de un maxi canotier negro que remataba el conjunto. Durante el aperitivo, me despojé del canotier para darle un aire más ligero al look y, finalmente, en el banquete descubrí por completo el vestido”, nos explica. Y añade: “fue una evolución natural y muy pensada, que me permitió disfrutar de tres versiones distintas de mí misma en un mismo día”.
Esta pamela no fue el único ingrediente que acompañó al traje. Desde el principio, nuestra protagonista sabía qué complementos quería incluir: como calzado, unos slingback J’adior de Dior (los mismos que escogió Chiara Ferragni para su enlace con Fedez) en tono nude, unos pendientes de Le Cadó —joyería de Burriana, pueblo de la novia—, su anillo de pedida con una esmeralda y otra sortija que perteneció a su tía Susana, fallecida, que hacía las veces de su algo prestado.
Flores en blanco, una apuesta segura
Cuando la idea es que todas las piezas compongan un conjunto armonioso, se debe tener muy presente qué tipo de ramo querrá la novia. Isabel no se complicó, puesto que encontró todo un clásico el mejor de los aciertos. Las rosas en blanco siempre funcionan, especialmente si son de tallo largo. Su elección fue un tono tirando a crema, en una variedad floral inglesa, que iba atada con una cinta de terciopelo negro. “Ese contraste sutil y la pureza de la flor hicieron que el ramo encajara completamente con mi estilo”, defiende.
Aunque pueden surgir muchas dudas en torno a qué tipo de look de belleza será más apropiado para completar un estilismo, la valenciana prefirió confiar. Desde el primer momento se puso manos a la obra con su maquilladora: “El maquillaje lo realizó Marta. Las pruebas fueron muy bien, pero el día de la boda se superó por completo. Supo realzarme sin disfrazarme y me sentí absolutamente yo”, recuerda. No se complicó en exceso con el peinado, pues siempre estuvo convencida de que llevaría el pelo suelto y liso, como lo luce de forma habitual. “Rosa lo trabajó y lo pulió como solo ella sabe, dejándolo impecable. Me sentí más fiel a mi estilo que nunca”.
Una noche y para siempre
En el bonito relato que nos hace Isabel Cantavella Franch, no solo encontramos los secretos de su acierto estilístico, también la historia de amor que le unió a su ya marido Antonio Hernández Llopis. Lo suyo fue cosa del azar, pero tuvo muy buen tino. “Frecuentábamos la misma zona de ocio nocturno y nos conocimos una noche en la puerta de uno de los locales”, apunta ella. En aquel primer instante todo era informal, pero decidieron mantener el contacto para verse días más tarde.
Con la cita fijada, se encontraron de nuevo, en un ambiente más íntimo. "De ese día hay una cosa que mi marido siempre repite: ‘al verte llegar a la cafetería, me enamoré de ti y supe que serías la mujer de mi vida’”, señala la novia. Aquello fue un flechazo para él, que terminó por conquistarla y convertirla en su esposa.
Cuando le preguntamos acerca de cuánto tiempo llevaban juntos hasta que se decidieron a darse el ‘sí, quiero’, responde: “Algo más de un año. Aunque desde el principio la conexión, los ideales y la idea de futuro era la misma y sabíamos que era para siempre. Por eso, dar el paso con el matrimonio era la guinda para aquella conexión tan especial”.
Casarse en Castellón
La pareja escogió la Basílica El Salvador, en Burriana (Castellón) para pasar por el altar el pasado 22 de noviembre de 2025. La ceremonia fue memorable, pues la ofició el párroco, a quien les une un vínculo muy cercano, llamado Don Virgilio. “Fue un momento muy emotivo, especialmente porque los hijos de Antonio, Emma y Abel tuvieron un papel protagonista: ellos llevaron los anillos y las arras, algo que nos hizo muchísima ilusión”, admite Isabel. Con ellos y con todos los convidados se trasladaron, al concluir esta primera parte, al segundo escenario, el de la celebración, que fue Finca Mas de Lucía, en La Vilavella. El entorno conquistó a los novios, al igual que el menú de Grupo Peñalén.
Como Isabel y Antonio sabían qué proveedores querían y que resultado esperaban de ellos, optaron por organizar su boda ellos mismos. Preguntaron a algunas wedding planners, pero pronto decidieron que no sería necesaria su labor. Primero, reservaron los espacios, tanto para la ceremonia como para la celebración y después dieron un paso mayor, en materia de diseño: “diseñando nuestro propio logo y página web, a partir de ahí fuimos cerrando detalles como la música, el fotógrafo Juan García y el videógrafo Rober de Theblanco_estudio”.
"El día de antes, durante el montaje del seating plan, una racha de viento lanzó volando por los aires todo el montaje. El viento estuvo presente, también, en nuestro trayecto desde la basílica hasta la finca, ya que tuve que sujetar el canotier todo el viaje de un lugar a otro".
El negro en la decoración de bodas
Una decisión rompedora en estilismo como es la de incorporar un tocado en negro a su look, nuestra protagonista también la exportó a la decoración de su gran día. “Quería un estilo minimal en blanco y negro con toques clásicos y en rayas, para que contrastaran con los verdes de los centros de mesas”. Para dar forma a algunos de los elementos que componían el montaje (en el que también había lazos coquette), apostó por contratar a Ana, de Evencias y a Amparo, de Joc De Lletres Caligrafía.
"Los invitados hicieron que la boda fuera aún más especial. Fue una celebración muy cercana, en la que compartimos risas y bailes sin parar. Además, nuestros amigos íntimos de Burriana tuvieron el detalle precioso de regalarnos experiencias gastronómicas, tanto en Tokio —para disfrutar durante la luna de miel— como en nuestra terreta".
"La música también tuvo un papel fundamental. Durante la ceremonia actuó un grupo de la compañía Da Capo, que aportó una atmósfera íntima y muy especial. En el aperitivo disfrutamos del directo de Tremendo Trío y para dar inicio a la fiesta —organizada por Audioprobe— contamos con la energía de Generación Z, que hizo que todos se lanzaran a la pista desde el primer minuto", rememora.
Como colofón final, Isabel y Antonio recuerdan el momento más especial que vivieron durante la jornada. Fue un regalo sorpresa que el primo de la novia le hizo a la pareja y, en realidad, a todos. “Una mascletá disparada por Reyes Martí. En ese momento, todas las emociones que había podido contener tras la retina brotaron sin cesar. El recuerdo de mi tía y tío se hizo más presente que nunca en ese momento tan especial. Es un regalo que no olvidaré nunca, no solo por lo increíble que es una mascletá para una valenciana, sino también por la carga emocional del recuerdo de mis familiares”, concluye muy emocionada.
























