El 1 de agosto de 2015, las Islas Borromeas del Lago Maggiore, en el norte de Italia, se convirtieron en el centro del mundo. Aunque Beatrice Borromeo y Pierre Casiraghi ya habían celebrado una ceremonia civil el 25 de julio en el Salón de los Espejos del Palacio Grimaldi, la expectación era enorme: tocaba el 'sí, quiero' por la iglesia. De este acto, al que solo acudieron los familiares, tan solo pudimos ver las fotografías que compartió en sus redes sociales la firma que dio forma al vestido de la novia, Armani Privé. Pero sí vimos a los invitados captados por los paparazzi a su llegada. Alexandra de Hannover, Sassa de Osma, Carolina de Mónaco... y, por supuesto, Carlota Casiraghi, que nos regaló un look para el recuerdo.
El largo midi, esa longitud que va desde media pierna hasta el tobillo, es adecuada tanto en bodas de día como de tarde, y una de las opciones preferidas por las invitadas. Pero tal como nos confirma Gisela Príncipe, wedding planner y experta en protocolo, sobre la etiqueta en este tipo de eventos, "es común que en bodas de tarde-noche las invitadas opten por vestidos largos; esta elección no está limitada exclusivamente a eventos con código de vestimenta black tie". Y eso fue, precisamente, lo que sucedió en la boda de Beatrice Borromeo y Pierre Casiraghi: la mayoría de las asistentes optaron por el largo.
Carlota Casiraghi, que siempre sabe qué llevar en cada ocasión, apostó por un vestido muy especial. Se trataba de un diseño que cubría totalmente sus pies, con el cuerpo ligeramente ajustado y una falda llena de volantes que aportaban mucho movimiento a la prenda. Estaba confeccionado en tejido vaporoso y estampado. "Supo acertar con su look al ser consciente de dónde y cuándo se celebraba la boda. Como la celebración fue en un lago, optó por relajar su imagen a través de un estampado floral en tonos púrpura y un corte fluido muy acorde con la estación veraniega en la que se desarrollaba la ceremonia. Le sentaba especialmente bien y no se alejaba de la elegancia", reflexiona sobre el look Luis Javier Merino, jefe de moda de ¡HOLA!
Esta sofisticación, nos cuenta, estaba directamente relacionada con el estampado floral que recorría la pieza. "Eran dibujos grandes, muy artísticos y que se alejaban de acabados más desenfadados que hubieran minimizado su acierto. En definitiva, era una invitada perfecta que cuidó los detalles y supo marcar la diferencia", asegura.
La hija de Carolina de Mónaco combinó este diseño con sandalias color piel de tiras cruzadas y un tacón cómodo de altura considerable. También llevó un bolso verde y unos maxipendientes que pudimos ver muy bien gracias a su peinado.
En un look de invitada no solo importan el vestido (o conjunto) y los accesorios; también el maquillaje y el peinado. Carlota quiso presumir de media melena y peinarla en un sencillo semirrecogido sostenido con una pinza. Un acabado en clave effortless que, tal como nos cuenta Elisa García-Faya, redactora de belleza y estar bien, pide un maquillaje más cuidado. "Cuando llevamos el pelo retirado del rostro, el maquillaje pide un plus porque las imperfecciones y asimetrías se hacen más evidentes. Carlota llevaba un maquillaje discreto y luminoso. La piel se veía fresca y bien trabajada, con un acabado natural. Los ojos estaban suavemente definidos, con un ahumado grisáceo atemporal. Llevaba los labios en un tono rosado o frambuesa que aportaba color al rostro sin robar protagonismo a la mirada y que casaba perfectamente con el color escogido también para la manicura. En contraste con sus ojos claros, es una elección que armoniza el rostro y equilibra el conjunto".







