Hay accesorios que esperan el momento adecuado para volver a conquistar el armario. Es el caso del pañuelo en la cabeza, una pieza asociada durante décadas al glamour de Hollywood que vuelve a reclamar su protagonismo, pero en las calles, ¡y no solo en el verano! Con un pie en la nostalgia y otro en el street style contemporáneo, el llamado headscarf en inglés deja de ser un complemento reservado a los días de vacaciones en la costa para convertirse en uno de los detalles más interesantes con los que actualizar el armario sobre el asfalto esta temporada Otoño/Invierno.
De Grace Kelly a Jackie Kennedy: el glamour de otra época
Para entender el atractivo de esta tendencia, basta con mirar a algunos de los grandes iconos de estilo del siglo XX. Grace Kelly hizo del pañuelo de seda una de las señas de identidad de su elegancia, llevándolo sobre la cabeza y combinándolo con gafas de sol y prendas clásicas. Su imagen, sofisticada y natural a partes iguales, contribuyó a consolidar una forma de llevar este accesorio que continúa inspirando a diseñadores y prescriptoras, aunque no fuera la primera vez que -como ocurrió con el ya icónico bolso de Hermès que lleva su apellido- la actriz utilizara la moda para proteger su privacidad ante la prensa.
Audrey Hepburn también encontró en el pañuelo un aliado perfecto para sus estilismos. Junto a sus características gafas oscuras, este complemento reforzaba esa estética depurada que convirtió a la actriz en un referente de elegancia atemporal. Por su parte, Jackie Kennedy popularizó una versión especialmente reconocible: el pañuelo anudado a la altura de la nuca, combinado con grandes gafas de sol y prendas de líneas sencillas. Con el paso de las décadas, el pañuelo ha demostrado que su atractivo va mucho más allá de la nostalgia. De complemento funcional pasó ser un símbolo de estilo, capaz de adaptarse a distintas épocas sin perder su esencia.
Su gran regreso a las pasarelas para protegernos del frío con estilo
Las colecciones de 2026 confirman que el pañuelo y las prendas que cubren la cabeza siguen despertando el interés de las grandes firmas, aunque cada una interpreta la tendencia a su manera. En la colección Otoño/Invierno 2026-2027 de Givenchy, Sarah Burton exploró nuevas formas de enmarcar el rostro mediante tocados escultóricos diseñados por Stephen Jones. Las propuestas, de volúmenes arquitectónicos, demostraron que cubrir la cabeza puede convertirse en un gesto de gran impacto visual, más cercano al arte que al accesorio convencional.
La primavera-verano también dejó distintas versiones del headscarf. En Nueva York, Anna Sui apostó por pañuelos estampados con detalles románticos, mientras que Calvin Klein presentó una interpretación minimalista, con diseños de seda en tonos neutros y una estética depurada. Sandy Liang exploró volúmenes amplios, con tejidos de encaje, flores y cuadros, y Campillo recurrió a pañuelos alargados de seda en tonos como el beige y el marrón chocolate. Cuatro formas distintas de reinterpretar un mismo complemento: desde el minimalismo hasta una estética más romántica y experimental.
Cómo llevarlo en invierno 2026-2027
La clave para incorporar el pañuelo al armario actual está en combinar su inspiración retro con prendas contemporáneas. Una de las fórmulas más reconocibles consiste en cubrir la cabeza con un pañuelo de seda y anudarlo bajo la barbilla, acompañado de unas gafas de sol y una gabardina. El resultado evoca directamente el estilo de Grace Kelly, pero funciona igual de bien con unos vaqueros rectos y un jersey de punto.
Para quienes prefieran una opción más discreta, basta con doblar el pañuelo en forma de triángulo y anudarlo detrás de la cabeza, dejando parte del cabello al descubierto. Los estampados geométricos, los lunares y los motivos florales aportan personalidad a los conjuntos neutros, mientras que los modelos lisos en negro, burdeos o marrón encajan con un armario más minimalista.
Este otoño-invierno, el headscarf demuestra que no hacen falta grandes transformaciones para actualizar un estilismo: a veces, el detalle que marca la diferencia es también el más clásico.









