Es la protagonista de una de las series más vistas en la historia de HBO, un fenómeno de masas que está a punto de batir un nuevo récord. Este lunes de madrugada se ha estrenado la tercera temporada de La casa del dragón, la precuela de Juego de Tronos que cuenta con Olivia Cooke como una de sus actrices principales. La británica encarna a Alicent Hightower, figura clave en estos nuevos episodios.
Sin embargo, a pesar del éxito de esta ficción, Olivia Cooke prefiere pasar (casi) desapercibida. La intérprete, que también estrenó el pasado año la exitosa miniserie La novia, ha admitido en numerosas entrevistas que no le sienta bien la fama extrema. "Estoy feliz con este crecimiento lento y constante. La gente es encantadora, pero me da mucha vergüenza cuando se acercan a mi como si estuvieran impresionados", ha confesado.
Y aunque se encuentra en plena promoción de La casa del dragón, ha decidido suprimir sus redes sociales en favor de su salud mental, pues no le resulta sencillo lidiar con el odio que desprenden algunos comentarios dirigidos tanto a ella como al resto del elenco. Ese mismo deseo de mantener cierta distancia del foco mediático se traslada también a su manera de vestir: lejos de convertir sus apariciones durante los eventos de presentación en un despliegue de referencias al universo de Poniente, la británica ha construido una narrativa mucho más sutil, basada en la naturalidad y en su propio estilo.
Olivia Cooke no necesita aplicar el 'method dressing' en sus apariciones
En los últimos años, la moda en la alfombra roja ha dejado de ser únicamente una cuestión de estilo personal para convertirse en una herramienta estratégica de promoción. El llamado method dressing —la tendencia de vestir con guiños al personaje que se interpreta en pantalla— se ha consolidado como una alianza directa entre actrices y firmas de lujo, que encuentran en este recurso una forma de amplificar el impacto mediático.
Nombres como Zendaya, Margot Robbie o Ariana Grande han llevado este concepto a su máxima expresión en estrenos y alfombras rojas recientes. En sus giras promocionales, cada look se convierte en una extensión del universo narrativo de sus películas o series, una estrategia perfectamente orquestada en la que moda, cine y publicitad trabajan en la misma dirección para potenciar la visibilidad del proyecto.
Y es precisamente ahí donde Olivia Cooke toma un camino distinto. La estrella de La casa del dragón no recurre a este tipo de narrativa visual en sus apariciones públicas. Sus estilismos no buscan traducir a Alicent Hightower ni prolongar el universo basado en los libros de George R. R. Martin fuera de la pantalla. Al contrario, parece que su enfoque se basa en desvincular por completo el personaje de su imagen personal.
La estilista de Olivia Cooke, el hada madrina de las actrices del momento
Detrás de esta imagen tan coherente está Aimée Croysdill, la estilista que ha dado forma al armario de Olivia Cooke durante toda la promoción de La casa del dragón. Su trabajo no consiste solo en vestir a la actriz, sino en construir una identidad visual que funcione de manera global, sin depender del personaje.
Entre sus clientas se encuentran Ella Bright, protagonista de Off Campus; Nicola Coughlan, convertida en icono global gracias a Los Bridgerton; o Lily Collins, consolidada como referente estilístico en Emily in Paris. La experta en imagen ha conseguido algo cada vez más valorado en la industria: que cada una de sus clientas tenga un estilo reconocible sin necesidad de recurrir al exceso o caer en lo obvio.










