Cinco días de carreras de caballos donde el estilo y el glamour se entremezclan con las apuestas, los pícnic y el champán. Y una cita social donde no lucir un sombrero excesivo está tan mal visto como que tu bolso no contemple las medidas reglamentarias. Te desvelamos todos los secretos para que puedas desenvolverte como toda una experta.
Entrada triunfal
La familia real inglesa hace su entrada triunfal a Royal Ascot en carroza marcando el inicio de las carreras. También lo hacen en carruajes tirados por caballos sus invitados. El resto se divide entre los afortunados que aterrizan sin atascos en helicóptero (seguramente algún jeque o aristócrata) y los que, de forma más humilde, tienen que llegar en coche. En el aparcamiento despliegan impecables manteles y copas de cristal para celebrar elegantes pícnics en los que no se olvidan de un buen champán para brindar.
Un poco de recato
En 2012 se reescribieron las normas de estilo en cuestión de atuendo para acceder al hipódromo debido, al parecer, a un exceso de atrevimiento bastante generalizado. A saber: vestidos y faldas han de tener una longitud exacta por encima de la rodilla, ni un centímetro menos -si acaso, algunos centímetros más--; hombros desnudos y transparencias quedan absolutamente prohibidos y los tirantes deben superar la gloriosa medida de 2,5 centímetros.
El arte de los accesorios
En cuestión de complementos, utiliza el sentido común con algunos y abandónalo por completo con otros. Los tacones largos y finos, mejor en casa: se incrustan en la hierba. El bolso, por otra parte, ha de aunar estilo y practicidad: mide el tuyo antes de salir de casa, ya que no puede superar los 30x20x15 cm. Y luego están los sombreros. Su uso es mandatory: si son tocados, con una base mínima de 10 cm y, si se trata de pamelas, cuanto más estrambóticas, mejor.
Como una 'pro'
Cuélgate unos pequeños prismáticos que, además de resultarte útiles en la carrera, te van a dar un aire de lo más mundano. Imprímete el programa y haz anotaciones (aunque sea copiando al que tengas al lado). Y no dudes en bajar al paddock a observar a los caballos y su química con los jockeys; si te aprendes el nombre de algún semental famoso y lo nombras, te confundirán con un auténtico experto.
Normas básicas
Royal Ascot -o Royal Meeting, como lo llaman los asiduos-, exige comprar con antelación las entradas, ya que aquí los tickets vuelan más rápido que el purasangre ganador. Ten también en cuenta que, aunque Inglaterra nos gana en cuestiones pet friendly, en el hipódromo no está permitida la entrada de perros. Otra norma importante es que nunca des la espalda a la pista. Y aunque el champán es la bebida de moda, no te pases con las copas, no vayas a acabar confundiendo el paddock con la barra del bar.
Hagan sus apuestas
No hace falta que apuestes grandes cantidades de dinero (siempre se es discreto y jamás se dice cuánto), se trata de divertirse. Lo ideal es que lo hagas tras ver el comportamiento de los caballos en el paddock y, de paso, cómo van las apuestas. Tampoco está bien visto celebrar al ganar. La verdadera victoria es siempre elegante -y, por tanto, discreta-
Los hombres de verde
Si por el motivo que sea -Dios no lo quiera-, pierdes por un momento la compostura, unos señores vestidos de terciopelo verde con galones en la solapa no tardarán en acercársete. Son los Yeoman Prickers, cuya historia se remonta al año 1744. Se dice que a la reina Ana, fundadora de este hipódromo, le habrían sobrado metros de esta tela confeccionando las cortinas de Windsor y pensó que era una pena desperdiciar tanto lujo, así que la utilizó para sus uniformes. Actualmente su labor es controlar a los asistentes.
Cantar a voz en grito
Cuando las carreras llegan a su glorioso final, la tradición dicta que el público peregrine hasta el bandstand o quiosco de música y acompañe a voz en grito a la banda uniformada cantando. No temas si tu memoria se encuentra algo debilitada por el sol y la dosis reglamentaria de champán, reparten un libreto para que sigas la letra de las canciones.






