Tiempo de 'Hanami': ¿qué tiene que ver un ritual japonés milenario con la moda?


Detenerse , observar... y reflexionar. Como el 'sakura', esta industria vive de momentos que brillan y se desvanecen


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27 de abril de 2026 a las 20:00 CEST

Una familia japonesa está sentada en un parque: acomodados sobre una manta de cuadros vichy, disfrutando de un pícnic que parece sacado de una postal primaveral. La niña señala uno de los cientos de árboles que forman un manto rosa en el parque de Ueno, en Tokio. La madre sonríe y la alza en brazos para ayudarla a acariciar los suaves pétalos de un árbol en plena floración. Pero no es un árbol cualquiera: es mayo, y lo que la niña contempla, fascinada, es un sakura. 

Ese instante -mínimo, delicado, casi suspendido en el aire- quedará grabado en su memoria mucho después de que los pétalos hayan caído. En apenas unas semanas no quedará rastro de esa explosión rosada, salvo la promesa de que volverá a repetirse 365 días después. Mucho antes que ella, sus ancestros se sentaron en ese mismo parque para hacer lo mismo, cimentando una tradición heredada de generación en generación y tan intrínseca en la cultura japonesa que, aún hoy, sigue latiendo con la misma fuerza. En esa escena cotidiana y casi ritual se esconde algo más que un simple paseo familiar: una sensibilidad estética que trasciende fronteras y que, año tras año, inspira miradas, narrativas visuales y tendencias.

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Un ritual milenario

Los orígenes del Hanami, cuyo significado literal es "mirar las flores", se remontan al período Nara (siglo VIII), cuando la aristocracia japonesa celebraba la floración de los cerezos, los famosos sakura. Con el tiempo, estos fueron ganando popularidad hasta convertirse en un símbolo absoluto, especialmente durante el período Heian, cuando la corte imperial comenzó a vincularlos con el arte y la literatura. Pero el Hanami es mucho más que una simple observación botánica. Es un ritual social que reúne a familias, amigos y comunidades bajo las copas de los árboles. Durante unas semanas (entre abril y mayo), los parques se llenan de risas, música y brindis con sake. La floración se convierte en un acontecimiento nacional que marca el inicio de la primavera y, simbólicamente, también de un nuevo ciclo vital.

'Entrada a la casa de té Gankiro en el distrito de Miyozaki, Yokohama, Bushu' (Utagawa Hiroshige II, 1859).© Getty Images
'Entrada a la casa de té Gankiro en el distrito de Miyozaki, Yokohama, Bushu' (Utagawa Hiroshige II, 1859).

La fugacidad del sakura es clave para entender el significado profundo del Hanami. Marcos Cartagena, escritor y conferenciante experto en sabiduría japonesa, explica: “Los cerezos japoneses están llenos de simbología. Representan el renacer y las nuevas oportunidades. Por ese motivo, el inicio de los nuevos cursos escolares y de los ciclos empresariales se realizan en abril. El sakura nos demuestra que siempre hay una nueva oportunidad para volver a empezar y sacar lo mejor que llevamos dentro”. Los pétalos, de una belleza inigualable, pero frágiles y delicados, representan la belleza efímera y la impermanencia de la vida, un concepto japonés conocido como mono no aware. Esta sensibilidad ante lo transitorio -la capacidad de emocionarse por lo que está destinado a desaparecer- es uno de los grandes pilares culturales de Japón y explica por qué la floración de los cerezos despierta una emoción colectiva tan intensa.

Cerezos en flor en Tokio, Japón, en 2001.© Getty Images
Cerezos en flor en Tokio, Japón, en 2001.

Hoy, el Hanami sigue siendo un símbolo de armonía, renovación y contemplación, pero también un referente estético que ha trascendido su origen ritual. Su delicadeza, su carácter fugaz y su capacidad para emocionar han inspirado disciplinas muy diversas, y es precisamente esa belleza efímera -tan intensa como breve- la que encuentra lugar en la moda, un territorio donde lo pasajero tiene un valor propio.

Desfile Dior Pre-Otoño 2025 en el Templo de Toji en Kioto (Japón).© Getty Images
Desfile de Dior Pre-Fall 2026 en el Templo de Toji en Kioto, Japón.

Encanto efímero

Es innegable que la moda tiene una parte funcional, pero no podemos obviar la enorme carga estética que la sostiene y a la que somos profundamente sensibles. De no ser así, no existirían los desfiles, ni la Alta Costura, ni yo estaría escribiendo estas líneas en esta cabecera. Pero, ¿qué relación puede tener un ritual de contemplación de lo efímero con una industria tan poderosa? Más allá de concebir el vestido como arte, el desfile es, en esencia, una puesta en escena creada para ser contemplada durante un instante y desaparecer después. Una belleza que existe solo en el momento en que ocurre.

Desfile de Jacquemus Primavera/Verano 2020 en un campo de lavanda en Valensole, Francia.© Getty Images
Desfile de Jacquemus Primavera/Verano 2020 en un campo de lavanda en Valensole, Francia.

Algunas marcas incluso han llevado esta idea al extremo. En su desfile primavera/verano 2023, la firma francesa Coperni sorprendió al mundo con un hito que ya forma parte de la historia de la moda: Bella Hadid apareció en escena desnuda y se situó en el centro de una sala inmensa mientras tres técnicos rociaban su cuerpo con un misterioso espray blanco que, en cuestión de segundos, se transformaba en un entramado de “tela” que iba moldeando un vestido. Un instante y un vestido irrepetible, tan breve como hipnótico. Esa misma sensación de belleza fugaz radiaba el holograma de Kate Moss en el desfile otoño/invierno 2006 de Alexander McQueen, o el icónico vestido blanco de Shalom Harlow, salpicado de pintura en directo en el show de 1999 de la misma firma. Momentos que duran apenas unos segundos, pero que quedan grabados en la memoria colectiva, igual que la imagen de un cerezo en su máximo esplendor antes de que el viento lo despoje de sus pétalos. La moda, como el Hanami, vive de la contemplación. Pierpaolo Piccioli lo subrayó en su debut en Balenciaga al cubrir el rostro de las modelos con cascos para que nada distrajera del vestido, reforzando la idea de la moda como acto de observación y reflexión pura. Lo mismo ocurre con las puestas en escena de Chanel, auténticos escenarios teatrales que se construyen y desmontan en un solo día, como si nunca hubieran existido.

Bella Hadid en el desfile de Primavera/Verano 2023 de Coperni© Getty Images
Bella Hadid en el desfile de Primavera/Verano 2023 de Coperni

Y si hay un concepto que encarna a la perfección esta naturaleza transitoria -cada vez más evidente en la industria- es el de las colecciones cápsula: piezas pensadas para existir durante un breve período, intensas, deseadas y, precisamente por su fugacidad, inolvidables. Jorge Redondo, director creativo de Redondo Brand apunta: “Saber que algo se va a acabar pronto lo hace más especial y llamativo para el público. No queremos vestir como los demás, queremos algo mucho más personal y original y creo que estas colaboraciones aportan eso, precisamente. Porque al final, tanto en el parque de Tokio como en la pasarela o la boutique, seguimos persiguiendo ese instante perfecto que se desvanece, pero que deja una huella en nosotros.

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