La adolescencia es momento de experimentar, de descubrir quién eres realmente. Lo sientes todo, desde el amor al odio, de manera tan intensa que esto se traslada, también, a la forma que tienes de vestir. Si te gusta la moda, no me cabe duda de que cuando tenías 15 años fuiste roquera, 'hipster', bohemia o copiaste el estilo de las californianas que triunfaba en Tumblr. A nosotras nos pasó, sin duda, y cada una vivió aquella época a su manera. Aunque esas decisiones no marcaron definitivamente el estilo que llevamos a día de hoy, sí que dejó una huella sobre la que esta semana nos apetece reflexionar.
Es cierto que ahora no repetiríamos nuestros looks de 2012, y en algunos casos ni siquiera los de 2018, pero en el proceso aprendimos unas cuantas claves que nos hicieron auténticas expertas de moda y labraron el camino para que acabásemos trabajando como editoras aquí, en FASHION.
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El minimalismo no es aburrido, Mariana Torres
Durante mi adolescencia experimenté con todo tipo de estilos y, en realidad, no fue sino hasta bien entrados mis veintes que descubrí el que me identificaba verdaderamente. ¿Por qué tardé tanto? ¡Puro prejuicio! Solía pensar que el minimalismo era aburrido, que consistía solamente en outfits monocolor y extremadamente básicos, pero al mismo tiempo no me hallaba vistiendo a todo color ni con prendas llamativas y adornadas.
Fue cuando empecé a trabajar como editora de moda que entendí que la clave del minimalismo es que, por sencillos que sean los looks, se vean mucho más interesantes por lo impecable de sus cortes, las mezclas exquisitas de texturas y la elegancia discreta que desprenden. Conclusión: no se trata de vestir solo con tonos neutros y se requiere un ojo entrenado para identificar esas piezas que son tan sutiles como especiales.
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Menos sí es más, Paula Callejo
Cuando te gusta la moda y te crees una auténtica fashion victim siendo adolescente, es fácil que no sepas que la elegancia y el vestir bien significan saber adaptar tu look a cada situación. Me explico, a mí siempre me ha encantado llevar tacón alto, y soy de la opinión de que es mejor ir arreglada de más que sentir que voy demasiado casual, sea la cita que sea. Sin embargo, hace años que entendí que ir con tacones de aguja a merendar unas tortitas o aparecer con un microvestido de tubo para una comida familiar -cosas que confieso haber hecho- no son sinónimo de estilo, sino de todo lo contrario.
Hoy en día sigo siendo la que más se arregla de mis amigas, pero todo dentro de un contexto: las deportivas a las que tanta manía tenía han dejado de estar reservadas para hacer deporte, adoro darle un aire cool a mis conjuntos mediante sudaderas y sigo adorando las minifaldas para el día a día, pero combinadas con jerséis de punto y botas altas para rebajar la intensidad.
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El 'oversize' puede ser superfemenino, Isabel Serra
De los 15 a los 24 años, no concebía otro tipo de ropa que no fuera ajustada. Pantalones pitillo e incluso leggings de vestir, jerséis de cuello vuelto, americanas entalladas, vaqueros de talle altísimo... Creía que la ropa que más favorecía tenía que ser, necesariamente, ceñida. A los 25, cuando descubrí firmas románticas y ultrafemeninas como Cecilie Bahnsen o Simone Rocha, tuve una especie de revelación. Siempre me habían gustado los volúmenes en otras chicas - las mangas abullonadas, las faldas XXL, los vestidos babydoll... -, así que, ¿por qué no empezar a llevarlos yo misma?
Desde entonces me veo 'más yo' y siento que he construido un estilo reconocible que hace que muchas de mis amigas me manden sugerencias y diseños con la frase de "¡esto es tan tú!". Por supuesto, también voy muchísimo más cómoda.
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Probar de todo está bien, Cristina González
Cuando era adolescente tenía un estilo muy ecléctico: lo mismo podía ir al instituto vestida completamente de negro, con una camiseta de mi grupo de pop-punk favorito y unas Converse pintadas a mano por mí; que salir de fiesta con un minivestido de aires preppy y taconazos. Me frustraba porque no encontraba mi estilo y no terminaba de sentirme totalmente a gusto, incluso experimenté cierta inseguridad en ocasiones. De mi grupo de amigas solía ser la que siempre vestía diferente, me inspiraban las chicas de Tumblr, la estética hipster de Alexa Chung e incluso el vestuario de series como Gossip Girl.
¿Lo que me habría gustado saber? Que no hacía falta frustrarme por querer experimentar con la ropa, pues de hecho, creo que fue algo positivo y aquel genuino interés por las diferentes tendencias me ha llevado a mi trabajo actual. La Cristina del presente, por cierto, aunque partidaria siempre del minimalismo, sigue siendo tan ecléctica como la del pasado.
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Arriesga más con el color, Amalia Quiroga
Durante años he abusado del color negro: un recurso infalible con el que siempre me siento cómoda, de día y de noche. No es casualidad que el little black dress sea uno de los grandes básicos eternos y que hoy vuelva a la conversación tras ver el aclamado estilo minimal de Carolyn Bessette-Kennedy en la serie Love Story. Sin embargo, es fácil caer en la monotonía. Por eso, desde hace un tiempo me empujo a salir de mi zona de confort y explorar otras gamas cromáticas: cuanto más vivas, mejor, incluso combinadas entre sí. Hace años jamás habría llevado un top azul eléctrico con unas bailarinas verdes; ahora, cuanto más arriesgo, más piropos reciben mis looks. Aunque la mezcla de colores sólidos te parezca imposible, créeme: atrévete. El color block me resuelve últimamente más looks que cualquier neutro.