Después de varias semanas en las que el paraguas ha sido un accesorio tan necesario como el propio bolso en nuestros looks, ahora que las temperaturas nos invitan a soñar con la primavera, vuelve a ser un buen momento para jugar con prendas más ligeras. Sin dejar atrás del todo las capas —todavía necesarias a primera hora del día—, volvemos poco a poco a piezas que se alejan cada vez más de los gruesos abrigos. Es el momento en el que la gabardina recupera su papel protagonista.
Clásica, práctica y tremendamente versátil, es una de esas piezas que funcionan igual de bien con vaqueros que con vestidos, con looks de oficina o con conjuntos relajados de fin de semana. El beige sigue siendo la opción más atemporal, aunque los tonos marrones oscuros, azul marino o verde oliva, así como aquellos diseños estampados —como acaba de demostrar Burberry en su último desfile—, están ganando terreno esta temporada. Y justo ahora, cuando volvemos a sacar la gabardina del armario, apetece encontrar nuevas formas de llevarla y huir de las combinaciones de siempre.
Ahí entra en juego un gesto sencillo —pero muy eficaz— que hemos visto circular entre estilistas y prescriptoras de moda y que merece un hueco en nuestro repertorio.
Una forma distinta de llevar la gabardina en looks con camisa
La idea es tan simple como ingeniosa: colocar una camisa larga debajo de la gabardina y entrelazar algunos de sus botones. Puedes hacerlo solo en la parte superior o continuar alternando varios, creando un cierre ligeramente desplazado. El efecto es inmediato, ¡atenta al vídeo!
El truco funciona porque rompe con la forma clásica de de llevar la gabardina, sin importan lo sencillo que sea el diseño: al dejar ver la camisa, el look gana profundidad, se ve más trabajado, menos rígido y, sin duda, original. Evita ese efecto de 'abrigo cerrado sin más' para hacer que la gabardina se convierta en parte imprescindible del estilismo.
Cómo aplicar este truco para que quede realmente bien
Para que el look funcione, conviene tener en cuenta algunos detalles prácticos:
- Elige camisas de tejidos finos, como popelín, algodón ligero o viscosa, para evitar volumen innecesario.
- Intenta apostar por un diseño ligeramente oversize, así se crea ese juego de capas sin tiranteces.
- Cuida el largo: si la camisa sobresale unos centímetros por debajo de la gabardina, el conjunto gana intención.
- Juega con el color: blanco sobre beige es un acierto seguro, pero también funcionan estampados o tonos más vibrantes a contraste con el cámel.
- Remata con calzado sencillo: bailarinas, zapatillas blancas o botines bajos.
En moda, los pequeños gestos son capaces de transformar hasta el conjunto más sencillo (¡fíjate qué bien queda agregando un cintúrón!). Además, este truco encaja perfectamente con esta especie de 'pre-primavera' que estamos viviendo, en la que seguimos necesitando el abrigo, pero buscamos comodidad, ligereza y una estética más relajada, lejos de los looks demasiado invernales. La gabardina seguirá siendo ese comodín al que recurrimos cuando no sabemos qué ponernos. Ahora, con una camisa bien elegida y un simple juego de botones, también puede convertirse en la pieza más interesante del conjunto.










