La primavera en la capital ya ha celebrado su cita imprescindible marcada en el calendario. Este jueves 21 de mayo, la madrileña calle Serrano volvió a colmarse de flores para convertirse en epicentro de uno de los encuentros más esperados de la temporada: el Living Day 2026 de ¡HOLA!. Una jornada luminosa, elegante y cuidadosamente diseñada donde el lifestyle y los brindis fueron los protagonistas. Entre reencuentros, rostros conocidos como María Palacios ―que posó copa en mano junto a su hermana Natalia Palacios―, Isabel Preysler, Teresa Baca, Martina Klein o Paula Moya, confidencias y un ambiente tan sofisticado como relajado, el vino fue un must.
Si algo quedó claro entre las invitadas es que el secreto para recibir a nuestros seres queridos en casa con estilo este verano empieza en la elección de la copa perfecta. Y, en este caso, el acierto llegó de la mano de Bodegas Montecillo, una de las casas más emblemáticas de la DOCa Rioja y la tercera más antigua de la denominación, que obsequió a todos los asistentes con un descuento para visitarla. Con más de 150 años de historia, su propuesta para el evento se tradujo en una trilogía de vinos pensada para acompañar cada momento y que se sirvieron en un stand que captó todas las miradas por su color verde menta y la contagiosa energía de sus camareros.
El primero en conquistar miradas y paladares, entre ellos, el de María Palacios y su hermana Natalia, dueña de la marca de moda Muscari, fue Montecillo Rosé 2024, un rosado de estética delicada y carácter vibrante que parecía capturar en la copa el espíritu de la primavera. Su elegante tono rosa pálido, con sutiles irisaciones azuladas, se convirtió en uno de los detalles más fotografiados del evento. Más allá de su belleza, este vino sedujo por su expresividad aromática: notas de fresa fresca, recuerdos de golosina y un fondo ligeramente mineral que emerge tras airearlo. En boca, su equilibrio entre frescura y sedosidad lo convirtió en el aliado infalible para el aperitivo, acompañando con ligereza las primeras conversaciones del día.
Pensado para esos momentos desenfadados que marcan el inicio de cualquier encuentro, desde una comida improvisada a una cena con amigos, este rosado es, sin duda, una apuesta segura para quienes buscan sorprender sin complicarse. Su acidez fina y su carácter afrutado lo convierten en un vino versátil, fácil de disfrutar pero con personalidad propia.
A medida que avanzaba la jornada, el protagonismo le llegó a Montecillo Blanco 2024, una propuesta sofisticada que elevó el tono de la experiencia. Elaborado a partir de viura, tempranillo blanco y sauvignon blanc, este vino destaca por su complejidad y su cuidada elaboración en barricas de roble francés, donde permanece en contacto con sus lías durante seis meses. El resultado es un blanco cremoso, intenso y sorprendentemente fresco.
En nariz, despliega un abanico aromático que va desde las flores blancas hasta la fruta de hueso, con sutiles notas balsámicas y dulces que aportan profundidad. En boca, su textura untuosa y su volumen lo convierten en un vino envolvente, ideal para acompañar comidas más elaboradas o para disfrutar en una sobremesa prolongada. Es ese tipo de vino que invita a detenerse y a saborear cada matiz.
Pero si hubo un vino que encapsuló el espíritu más clásico de la ocasión, ese fue Montecillo Crianza 2022. Elaborado principalmente con tempranillo y un toque de garnacha, este tinto representa la esencia de Rioja: equilibrio, elegancia y carácter. Su paso por barrica durante 18 meses y su posterior reposo en botella le confieren una estructura refinada, con taninos redondos y un perfil aromático que combina fruta roja madura, notas de regaliz y un delicado fondo tostado.
Servido en uno de los momentos más distendidos del encuentro, este crianza acompañó conversaciones más pausadas, carcajadas compartidas y esa atmósfera cálida que anticipa las noches de verano. Es, sin duda, el vino perfecto para quienes buscan un valor seguro: versátil, equilibrado y capaz de adaptarse tanto a una cena especial como a una reunión improvisada.
Lo más interesante de esta selección es cómo funciona en conjunto. Tres vinos, tres estilos y una misma filosofía: convertir cualquier encuentro en algo memorable. Desde el aperitivo hasta la sobremesa, pasando por el brindis final, esta trilogía permite construir una narrativa completa que se adapta a distintos instantes del día y a diferentes tipos de anfitrión.
El Living Day 2026 no solo dio la bienvenida a la temporada estival, sino que dejó una lección clara: ser el anfitrión perfecto no depende de grandes despliegues, sino de pequeños aciertos. Una mesa bien pensada, un ambiente cuidado y, ante todo, una selección de vinos capaz de sorprender y conquistar.











