Detrás de Felipao está Felipe García-Bañón Sanz-Briz, un artista con una biografía que tiene tanto peso como su obra. Criado en un entorno internacional vivió en países como Marruecos, Kenia, Nicaragua o Pakistán, algo que no es casual si se tiene en cuenta su entorno familiar: es nieto de Ángel Sanz Briz, diplomático español conocido como “el Ángel de Budapest”. Aunque actualmente es un polifacético y consolidado escultor, su camino no empezó en el arte. Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por ICADE, trabajó durante años en grandes multinacionales, hasta que hace más de 15 años decidió cambiar de rumbo y dedicarse por completo a su verdadera vocación. Desde entonces, su carrera ha sido imparable. Ha expuesto en ciudades de todo el mundo desde Nueva York a Hong Kong y ha conseguido posicionarse como una de las figuras más reconocibles del arte pop español contemporáneo. Ha conquistado tanto al público como a grandes coleccionistas. Entre ellos, Philippe Starck o Juan Antonio Pérez Simón, además de colaboraciones con la Real Fábrica de Tapices o marcas como Chupa Chups.
Los inicios: colores, lenguaje propio e iconos
En sus primeras etapas, Felipao comenzó a desarrollar un lenguaje muy ligado al estilo pop, con piezas muy reconocibles, colores intensos y un interés claro por los iconos contemporáneos. Sus esculturas, muchas veces inspiradas en formas fácilmente identificables, empezaron a destacar por su acabado pulido y diferentes facetas. Primero llegó una amplia colección de perros, después los gatos Oxi y Kate, más tarde las Love Bomb, y posteriormente las Calaveras Horny. En todas ellas impregna estilo, que hoy es su sello, y que le permitió diferenciarse dentro del panorama artístico español, donde el arte pop contemporáneo no tenía tantas figuras consolidadas.
En lo pequeño y en lo frágil se encuentran las lecciones más grandes.
Con el tiempo, su trabajo empezó a circular fuera de España, entrando en colecciones privadas relevantes y conectando con un tipo de coleccionista interesado en obras que funcionan tanto como piezas artísticas como elementos de diseño.
Fidelius: una nueva figura en la colección
Ahora ¡HOLA! puede contar en exclusiva que llega Fidelius, la nueva escultura con la que introduce una nueva figura dentro de su repertorio: el caballito de mar. Siguiendo los códigos habituales del artista; la estructura poliédrica, que en este caso está compuesta por 656 caras, lo que fragmenta y multiplica los reflejos, aportando movimiento y dinamismo.
La elección de este pez está totalmente pensada. El caballito de mar tiene un comportamiento particular dentro del mundo animal. El macho es quien protege a las crías, y las parejas permanecen juntas toda la vida. Una obra en la que el artista ha querido resaltar la importancia de cuidar, acompañar y sostener a quienes forman parte de nuestra vida. Apasionado de su trabajo, admite que siempre piensa mucho el nombre de sus esculturas y esta vez no ha sido una excepción. Fidelius nos enseña que, en lo pequeño y en lo simple, pueden estar escondidas las mayores lecciones: la grandeza del cuidado, la belleza de la fidelidad y la fuerza de la ternura.
Formatos y materiales
Como es habitual, esta novedad también se presenta en diferentes tamaños y materialidades, lo que permite que la obra se adapte a diferentes contextos y espacios. Con versiones desde 20 centímetros, hasta piezas de gran escala con aturas de hasta 1,70 metros, con tiradas tan reducidas como 8 unidades por color. Entre los materiales están: la resina, bronce o fibra de vidrio, lo que permite a Felipao moverse entre el coleccionismo más exclusivo y un público más amplio que esté interesado en incorporar arte contemporáneo en sus hogares.








