Durante años, el sofá gris dominó la decoración de interiores. Fácil de combinar y discreto, se consolidó como una apuesta segura en el salón. Pero hoy en día, los gustos están cambiando y las tendencias en sofás también. Los interioristas llevan temporadas hablando de la vuelta del color a los interiores, y en 2026 esa tendencia ha alcanzado al rey del salón, tal y como demuestra el sofá rojo del salón de la interiorista Bárbara Aurell. Toda una declaración de intenciones.
Puede parecer arriesgado, pero no lo es. Los sofás de color son mucho más fáciles de integrar y más transformadores en el día a día de lo que parece. Te contamos por qué dar el paso y cómo sacar el máximo partido a cada tono.
© HK LivingMotivos de una despedida anunciada
Si bien durante mucho tiempo triunfó por su neutralidad, el sofá gris está perdiendo terreno. Al verse por todas partes, su impacto visual es menor y puede dar al salón un aspecto algo uniforme. Esto no significa que haya desaparecido de la casa. Sigue funcionando como fondo, pero ha perdido el papel protagonista que tuvo durante muchos años. ¿Por qué? En parte por saturación y en parte también porque el interiorismo contemporáneo ha recuperado el valor de la personalidad sobre la neutralidad. Ese minimalismo aséptico ha dejado paso a un interiorismo emocional y cálido.
Hay algo más: la psicología del color nos habla de cómo los tonos que eliges para tu hogar pueden influir en tu estado de ánimo. Así un salón con un color bien elegido se percibe más vivo, estimulante y personal que uno neutro. Como ocurre en esta propuesta de HK Living, donde el sofá marrón derrocha estilo y personalidad.
© PhotowallPor qué vuelve el color
Hoy en día, los interioristas prefieren opciones más audaces. El salón ya no es solo un espacio funcional y los colores, los materiales y los volúmenes contribuyen a crear una atmósfera más vibrante. En este contexto, decorar en gris a veces resulta demasiado sobrio, incluso frío, especialmente cuando se combina con paletas de colores neutros.
Un sofá con color hace lo que ningún sofá gris puede hacer: convierte el salón en una declaración. Aporta carácter sin necesidad de tocar el resto del espacio, funciona como punto focal y, en muchos casos, organiza la paleta cromática de todo lo que le rodea. El sofá deja de ser un mueble neutro sobre el que colocar cojines de color y se convierte en el elemento que da sentido a todo lo demás. En esta propuesta con papel pintado de Photowall los tres sofás se visten en colores diferentes, un conjunto tan personal como alegre.
© Inga.PowilleitCómo elegir el tono idóneo
Antes de lanzarse a la aventura de colocar un colorido sofá, debes tener en cuenta tres aspectos. El primero es el tono de los suelos, las paredes y la carpintería, ya que un sofá de color necesita un contexto que lo reciba bien. El segundo, la tonalidad del resto de los elementos: si el sofá ya es el protagonista cromático, el resto del salón puede mantenerse en neutros; pero si quieres mezclar varios tonos, es conveniente que compartan temperatura.
El tercer aspecto son los textiles y acabados: el mismo color puede resultar dramático o sereno según el tejido. Así, el terciopelo captura la luz, realza la profundidad del color y aporta un toque envolvente; el lino suaviza y añade una nota natural; el bouclé aporta textura y calor. Para lograr un resultado armonioso, lo ideal es dejar que el sofá se convierta en el centro de atención y, a partir de ahí, construir el resto de la decoración, como ocurre en este ambiente de Fatboy.
© La Redoute InterieursAmarillo mostaza: personal y cálido
El amarillo es uno de los colores más difícil de integrar y, por eso mismo, el que más recompensa cuando se hace bien. La clave está en olvidarse de los eléctricos y vitaminados y apostar por tonos como el mostaza, como el de esta propuesta de La Redoute Interieurs, el mantequilla o el curry.
Sobre suelos de madera clara con paredes en blanco roto o arena, el resultado es un salón cálido y luminos. Para apaciguar su fuerza, sin que pierda carácter, acompáñalo de cojines en verde claro, una manta y una alfombra de fibras vegetales.
© HAYBurdeos: el tono de moda
El burdeos es uno de los colores tendencia de 2026. Aunque su incorporación a la casa fue lenta, lo cierto es que lleva dos años siendo uno de los tonos estrella. Profundo, rico, con una elegancia casi teatral, convierte cualquier salón en un espacio con carácter, como en esta propuesta de HAY. Funciona especialmente bien en habitaciones con poca luz natural, donde los tonos oscuros y saturados añaden intimidad en lugar de restar metros.
Se lleva con maderas oscuras (otras de las tendencias de decoración de 2026) y con metales. Evita los cojines en tonos muy claros y opta mejor por tonalidades intensas que den unidad al conjunto.
© Maisons du MondeMarrón chocolate: sofisticado y atemporal
El marrón chocolate es otro de los colores tendencia de 2026. Este nuevo negro, que resulta sofisticado y potente, aporta sensación de solidez al ambiente y carácter atemporal. Sobre suelos claros crea un elegante contraste, tal y como demuestra este ambiente de Maisons du Monde. Los textiles en crudo, lino natural y algodón son sus mejores compañeros, al igual que los accesorios en cuero envejecido.
© Rowen & WrenRosa suave: favorecedor y muy versátil
El rosa ha dejado de ser el color exclusivo de la decoración romántica para atreverse en todos los estilos decorativos. En su versión más suave, empolvado o maquillaje, es uno de los tonos más versátiles y elegantes que puede tener un salón. Una de sus mayores virtudes es aportar calidez sin peso y luminosidad sin estridencia. Además, posee la capacidad de hacer que el espacio parezca más sereno y habitado.
Combina con blanco, gris muy claro, verde salvia y marrón. En terciopelo o en lino lavado, un sofá en rosa claro puede ser la pieza más bonita del salón sin que nadie sepa exactamente por qué. ¿La prueba? Este de Rowen & Wren.
© SofologyVerde claro: conexión con el exterior
El verde llegó hace varias temporadas a la decoración de interiores y ya nunca se ha ido. En sus tonos más claros, menta suave, celadón, agua o salvia, tiene la capacidad para conectar con el exterior y traer la naturaleza al salón sin necesidad de añadir una sola planta. Tal y como ocurre con este sofá modular de Sofology.
Sobre paredes blancas y suelo de madera clara es una combinación infalible. Se lleva bien con el terracota, el ocre y el crudo, y mal con los azules fríos y el gris.
© Roche BoboisAzul profundo: un plus de estilo
El azul profundo, marino, petróleo o medianoche, es uno de los colores que mayor impacto visual tiene y el que mejor aguanta el paso del tiempo. Este tono define el carácter del espacio y aporta un plus de estilo, como el que tiene esta propuesta de Roche Bobois.
Para que funcione, las paredes deben mantenerse neutras o en tonos muy suaves. Los metales en latón o dorado mate lo elevan, mientras que si quieres aligerarlo el blanco cálido es una buena opción, para romper su exceso sin restarle presencia.
© El Corte InglésCamel: un neutro con personalidad
Este color neutro cuenta con un abanico lleno de posibilidades que no poseen el beige o el crema. Tiene calidez, personalidad y la capacidad de aportar sin imponer porque convive con casi todo sin competir con nada. Si te vas a sumergir en este apasionante mundo del sofá de color, quizás sea la opción que te hará triunfar. Solo tienes que mirar este ambiente de El Corte Inglés para convencerte.
En cuero o en terciopelo, el camel eleva el look de cualquier salón y se alía con tonos tierra, verdes oscuros, blancos y con maderas de cualquier acabado. Además, aunque no lo parece tiene fondo, carácter y no cansa.




