Parece mentira que un producto pueda dar tanto de sí y que algo tan simple como un huevo dé lugar a tantas recetas y tan distintas (tortilla, mayonesa, revuelto, huevos escalfados, etc.). Pero quizás si nos tenemos que quedar con una, la más universal, esa sea la del huevo frito. En contacto con el aceite caliente, y con la técnica adecuada, cuando la clara se vuelve crujiente y la yema queda cremosa, ¡la combinación se vuelve fascinante!
Su sabor y su textura enganchan, se trata de un ingrediente que es barato y accesible, lo tomamos desde niños, la fritura es rápida y resulta tan versátil que va bien con todo: arroz, verduras, carne, patatas, pan, etc. Se presta tanto a un desayuno como a un almuerzo o una cena, y hasta a una merienda dentro de un sándwich o un bocadillo, y combina proteínas y grasas, necesarias, en su justa medida, para el correcto funcionamiento de nuestro organismo.
Pero a menudo, cuando vamos a freír un huevo, sobre todo las primeras veces, cometemos varios errores y es poco habitual que nos quede perfecto (yema demasiado hecha o rota, clara medio cruda...). ¡Que no cunda el pánico porque no es tan complicado! En muchos países pasa por frito un huevo cocinado a la plancha con la yema cruda, y no se trata de eso, porque en España somos de freírlo de manera homogénea, con su buen aceite de oliva virgen extra, que aguanta bien las altas temperaturas.
10 consejos para hacer el huevo frito perfecto
El proceso es sencillo pero no sólo vale con la teoría y hemos de tener en cuenta varios consejos prácticos para no fracasar en el intento y conseguir un huevo frito perfecto.
- La elección del huevo. Ha de ser de calidad, muy fresco y mejor si está a temperatura ambiente, ni muy frío de la nevera, ni muy caliente de estar en un lugar con excesivo calor.
- La sartén. Opta por una de tamaño pequeño para que el aceite cubra mejor el huevo.
- El aceite de oliva. Coloca la sartén en el fuego y añade un dedo de un buen AOVE para calentarlo. Karlos Arguiñano recomienda freír en abundante aceite para que el huevo “flote” ligeramente, y así se forma la puntilla y no se pega.
- La temperatura. Es fundamental que el aceite se caliente pero que no llegue a humear, sobre todo para obtener la puntilla (que es esa especie de red de color marroncito que se forma alrededor de la clara de huevo).
- Para que la yema no se rompa y no caigan trocitos de cáscara, rompe el huevo con cuidado para abrirlo sobre un pequeño bol o una taza.
- Incorpora el huevo en la sartén, no lo muevas, y con una espumadera ve echándole aceite por encima para que la clara se vaya cuajando y la yema no quede cruda, pero sí cremosa para poder mojar. Dani García utiliza la técnica de inclinar la sartén con cuidado y bañar la clara con aceite caliente para que se vaya cuajando fácilmente.
- El tiempo. Si quieres que la yema quede líquida, con 1 minuto será suficiente, pero si buscas que resulte más cuajada y que la clara tenga puntilla, al menos son necesarios 2 minutos.
- Saca con cuidado y escurre el exceso de aceite (un buen truco es meter la espumadera previamente en aceite para que el huevo no se quede pegado) sobre papel de cocina.
- La sal. Cuando el huevo esté recién frito, es el momento de incorporar la sal y no antes porque el huevo podría quedar más seco y adquirir una textura algo gomosa.
- Opcionalmente, se pueden añadir al huevo algunas especias o condimentos como cebollino picado, pimentón y unas gotas de vinagre.
Trucos de chef para un buen huevo frito
Todos coinciden en lo mismo: técnica simple, pero precisión total. Un buen huevo frito no es suerte, se trata de controlar el aceite, la temperatura y el tiempo.
- No tapes la sartén porque genera vapor y ablanda la clara.
- No frías varios huevos a la vez; baja la temperatura del aceite y se apelotonan.
- Si quieres bordes muy crujientes, usa un poco más de aceite y deja que “chisporrotee”.
- Para una yema casi líquida, apaga el fuego en cuanto la clara esté cuajada.
- Para evitar salpicaduras, añade una pizca de sal al aceite antes de calentarlo.





