El futbolista del Atlético de Madrid, a sus 31 años, disfruta tanto de la oferta culinaria de su ciudad —o de los amaneceres en compañía de su hija Amor— como de los vinos de Borgoña que descorcha con los suyos siempre que tiene ocasión. También es un gran defensor de las carnes a la brasa y, cada vez más, de ese recetario tradicional que intenta reivindicar cada vez que se pone el delantal para cocinarle a su mujer, Paddy Noarbe. Así que no se nos ocurre mejor anfitrión para conocer los sitios que no hay que perderse en la capital.
¿Qué es lo que te hace sentirte orgulloso de ser madrileño?
Madrid tiene algo que para mí es difícil de explicar y muy fácil de sentir. Es una ciudad que te permite tenerlo prácticamente todo, pero sin perder esa sensación de cercanía. Puedes estar entrenando o trabajando por la mañana, comer en un restaurante extraordinario, perderte por algún rincón tranquilo por la tarde y acabar tomando algo con amigos por la noche. Todo está relativamente cerca y, al mismo tiempo, tienes una enorme variedad de planes a cualquier hora. Es una ciudad abierta, espontánea, en la que es muy fácil encontrarte con gente y acabar haciendo algo que no tenías previsto. Pero si tengo que quedarme con algo, es con la enorme competencia gastronómica que hay, de la que, al final, nos beneficiamos todos los que disfrutamos comiendo.
¿Y qué es lo que más echas de menos cuando te pasas un tiempo lejos de aquí?
Sin ninguna duda, el producto y, sobre todo, la manera que tenemos de tratarlo. Acabo de estar más de 40 días recorriendo Estados Unidos y, gastronómicamente hablando, para mí hay una diferencia enorme. Estamos a años luz en algo que muchas veces damos por hecho: la calidad del producto y la forma de respetarlo y trabajarlo. Cuando estás fuera tanto tiempo es cuando realmente te das cuenta de lo privilegiados que somos en España.
¿Te plantearías mudarte a otra ciudad que no sea Madrid?
Nunca digas nunca, pero lo cierto es que me costaría mucho irme. Es mi casa, he vivido prácticamente toda mi vida aquí y es donde tengo a casi todo mi entorno. Eso sí, estoy bastante seguro de que, cuando me retire del fútbol, mi vida estará muy repartida entre Madrid y Marbella. El clima, el mar, la tranquilidad, el golf, el poder desconectar… Son cosas que valoro cada vez más.
¿Cuál es ese barrio de la ciudad que siempre te hace sentir a gusto?
La verdad es que no tengo uno preferido. Creo que depende mucho del plan: cada zona tiene su encanto y, dependiendo de lo que me apetezca hacer, elijo una u otra. Además, hay tantas cosas buenas repartidas por toda la ciudad que sería difícil quedarse con un solo barrio. Me gusta mucho moverme por toda la ciudad, descubrir sitios nuevos y también volver a aquellos que ya conozco y sé que nunca fallan. Quizá esa sea precisamente una de las cosas que más me gustan, que nunca tienes la sensación de haber terminado de descubrirla.
¿Y el plan perfecto con amigos, en qué consistiría?
Para mí, un día perfecto empezaría temprano. Viendo el amanecer, tomando un café con mantequilla y quedando a las 9:00 con los amigos para jugar al golf. Después, lo ideal sería volver a casa y que nos estén esperando una buena comida y, sobre todo, unos vinos todavía mejores. Me encantan esas sobremesas interminables en las que no siento ninguna prisa por levantarme de la mesa. Y, para terminar el día, probablemente uno de mis momentos favoritos sea ver el atardecer mientras paseo con mi familia y mis perros. Al final, mi plan perfecto sería eso: mi gente, deporte, buena comida, grandes vinos y tiempo para disfrutar de cada cosa.
¿Y con tu pareja? ¿Qué se te ocurre?
Sería algo muy parecido, porque ella también juega al golf y, además, comparte conmigo una de mis grandes pasiones: comer (risas). Así que me encanta por igual verla disfrutar de una buena comida como cocinarle, algo que he empezado a hacer recientemente y que reconozco que es un plan que me gusta cada vez más. Los dos en la cocina, un buen vino, probablemente Julio Iglesias sonando de fondo y que no falte el producto de calidad. Eso sí, la receta no puede ser muy complicada porque no hay que olvidar que soy yo el que cocina (risas). Creo que esos momentos tan sencillos son de los que más disfruto.
Generalmente, ¿eres más de cocina española o te atraen más otras gastronomías?
Sin ninguna duda, podría pasarme toda la vida disfrutando únicamente de la cocina española. Es la que más me gusta y, probablemente, la que mejor encaja con mi manera de entender la vida: buen producto, sencillez y tradición. Si tuviera que elegir una segunda, probablemente sería la japonesa, aunque estaría bastante lejos de la española. Y eso es precisamente una de las cosas que más me gusta de Madrid: tenemos la suerte de poder hacer un auténtico viaje gastronómico sin salir de la ciudad. Puedes pasar de una cocina tradicional española a una japonesa, peruana o mexicana de mucho nivel en cuestión de minutos.
¿Conoces a algún chef en Madrid que pueda darte buenos consejos?
Conozco a muchos, y de todos intento aprender algo, pero hay que ser realista: soy bastante malo en la cocina (risas). Aunque el mejor chef del mundo me dé los mejores consejos, al no saber ejecutarlos, creo que poco partido voy a sacar de ellos. Eso sí, poco a poco me voy animando. Últimamente estoy entrando más en la cocina y, aunque todavía estoy lejos de ser un cocinillas de verdad, estoy seguro de que acabaré siéndolo.
Tras haber ganado el Mundial, lo que más ilusión te haría es ganar una Champions con el Atleti. ¿A qué restaurante de Madrid irías a celebrar algo así?
Una Champions con el Atleti se merece algo muy especial. Yo creo que Dabiz Muñoz, como buen atlético que es, debería buscarse la vida para conseguir cerrar el restaurante al día siguiente de ganarla y que podamos celebrarlo como se merece. Nunca lo he hablado con él, así que desde aquí le lanzo la bomba (risas).
¿Sabes ya qué vino vas a descorchar llegado ese momento? ¿Y con quién lo vas a compartir?
Tengo bastante claro que tendrían que ser botellas especiales. Pensando rápido, se me viene a la cabeza una idea que me parece divertida: intentar conseguir alguna botella de 1903 y, además, beber el mejor vino de cada uno de los países a los que hayamos ido ganando durante las eliminatorias. Creo que podría ser una manera muy especial de celebrar el camino recorrido, repasando cada eliminatoria a través de una botella. Y los compartiría con gente que valore el vino, que disfrute de una buena mesa y que, por supuesto, tenga ganas de gastarse dinero ese día (risas).
Sabemos de tu afición al champagne y, en general, a los vinos franceses, pero… ¿Hay alguna bodega en España que te guste lo que hace?
Aunque mi debilidad siga siendo Francia, especialmente Borgoña, creo que sería un error pensar que los grandes vinos solamente están allí. En España me gustan mucho los vinos que hace Comando G en la Sierra de Gredos. Y precisamente una de las cosas que más me gusta del mundo del vino es que nunca terminas de aprender. Siempre aparece una botella, una bodega o una persona que te descubre algo que te sorprende. Y a mí me pasó con ellos.
Terminemos con una de música. ¿Algún músico madrileño al que irías a ver en concierto?
Lo tengo claro, volvería a ver en directo tanto a Dani Martín como a Dani Fernández.









