No sé si os pasará a menudo —a mí constantemente—, compro manzanas para la semana y, cuando llega el jueves, ya no me queda ni una. Entre la merienda, la tostada con queso, la ensalada improvisada o la típica receta para acabar con el antojo de dulce, desaparecen. Por eso me interesa tanto cuando una marca consigue algo que, en realidad, es dificilísimo: que una manzana sea buena de manera constante. No una vez sí y otra no.
Desde que conocí las manzanas Golden de Val Venosta, una cooperativa de agricultores referente—y ya os adelanto que por méritos propios— para mí no hay otras opciones. Ya no solo por su sabor exquisito, sino por su calidad superior, su origen natural y la forma que tienen de recolectarla. ¿Y si te digo que la conocen como “El paraíso de las Manzanas”?
Un valle que parece hecho para la manzana con origen y sello
Lo de “Paraíso de las Manzanas” podría sonar a frase bonita de campaña… si no fuera porque el lugar tiene argumentos. En Val Venosta los manzanos crecen entre 500 y 1.100 metros de altitud, en un entorno donde el sol es protagonista —la marca asegura tener más de 300 días soleados al año—, y la lluvia, bastante más discreta con menos de 500 ml de precipitación. Y esas oscilaciones térmicas entre la noche fría y el día cálido son las que ayudan a que la fruta madure con calma. Este hecho hace que el sabor y la textura tengan una calidad suprema. Te aseguro que el primer bocado no te va a dejar indiferente.
Y es que, cuando se trata de manzanas, el origen importa (y no por esnobismo). En el caso de Val Venosta, hay un dato concreto que suma todavía más confianza. Desde julio de 2005, 17 variedades que se venden bajo el paraguas de “Manzanas de Tirol del Sur” cuentan con IGP (Indicación Geográfica Protegida). Dicho sin tecnicismos, un sello europeo que respalda procedencia y estándares. Y otro dato que importa es la sostenibilidad. En este caso viene en forma de insecto, la mariquita.
No sé si alguna vez te has fijado en el logo de Val Venosta, pero la próxima vez que tengas una de sus manzanas Golden en tus manos, verás que tiene dos mariquitas. Y tienen todo el sentido. Estos insectos se utilizan como aliados naturales en los manzaneros para ayudar a controlar plagas, sobre todo pulgones. Es una forma muy visual de entender la filosofía de la cooperativa: cultivar en armonía con el entorno, cuidar la biodiversidad, apostar por una producción más natural. Y esto da cuenta de que detrás de la marca hay agricultores reales, fruteros, familias que compran manzanas todas las semanas. Gente que, en el fondo, quiere lo mismo, que lo que pone en el frutero sea natural, de calidad, rico y de confianza.
Por qué la manzana Golden se va a convertir en tu fruta favorita
La Golden tiene algo muy práctico: encaja tanto en las recetas dulces como saladas. En una ensalada, da frescor y ese toque crujiente que nos encanta. Con queso —de cabra, curado, incluso una mozzarella— crea ese contraste dulce-salado que hace que un plato simple parezca pensado. Con carnes blancas, redondea y aporta jugosidad. Y en el horno, si la manzana es buena, se vuelve tierna sin perder del todo la estructura. Es una fruta que soluciona cualquier menú, la tienes en casa y sin darte cuenta crea una cena o un postre.
La receta que siempre funciona: buñuelos de manzana (crujientes por fuera y jugosos por dentro)
Y ahora sí, vamos a mancharnos un poco las manos, que para eso estamos en cocina. Estos buñuelos de manzana son de los que desaparecen en cuanto llegan a la mesa. La receta que proponen desde Val Venosta es sencilla y muy de solucionar una tarde de invierno. Toma nota.
Ingredientes:
- 250 ml leche
- 180 g de harina
- 1 cucharadita de sal
- 1-2 huevos
- 1 cucharada de azúcar
- 1 cucharada de ron
- 4 manzanas grandes
Elaboración:
- Mezcla 250 ml de leche con 180 g de harina y una cucharadita de sal.
- Añade 1–2 huevos, una cucharada de azúcar y una cucharada de ron (opcional, pero le da gracia) y dejas reposar la masa unos 15 minutos.
- Mientras, pela 4 manzanas grandes, quita el corazón y las cortas en rodajas gruesas (1–2 cm). Un truco básico: un poco de limón para que no se oxiden.
- Luego, baña las rodajas en la masa y fríe en aceite abundante hasta que queden bien doradas.
- Utiliza papel de cocina para escurrir el exceso de aceite, azúcar glas por encima y a comer rápido, antes de que se enfríen y pierdan la magia.
Sírvelos con una cucharada de yogur espeso y un toque de canela. Y si algún día te sobran manzanas, aquí tienes la excusa perfecta para no dejar que se queden tristes en el frutero.







