Reivindicar los cuentos, la lectura y las historias que se esconden tras cada relato. Esa parece ser la esencia de una frase popularmente atribuida a Albert Einstein: “Si quieres que los niños sean inteligentes, léeles cuentos de hadas. Si quieres que sean más inteligentes, léeles más cuentos de hadas”. Aunque no existe una fuente primaria que confirme que el físico pronunciara estas palabras de forma literal, sí hay testimonios indirectos que apuntan a que la idea encaja con su manera de entender el aprendizaje. La cita ha perdurado porque sintetiza de forma brillante una convicción que Einstein defendió a lo largo de su vida: el valor de la imaginación.
El científico nos aleja de la teoría de que solo se puede cultivar la inteligencia dedicando todo el tiempo a estudiar, a memorizar datos.
Dejar volar la imaginación es fundamental a lo largo de la infancia y así lo creía Albert Einstein
Una frase que reivindica la imaginación
La fuerza de esta cita reside en una idea esencial: la imaginación es un motor fundamental del aprendizaje. ¿Quién no ha soñado alguna vez con mundos mágicos habitados por personajes fantásticos? Los cuentos de hadas, con sus reglas propias y sus símbolos, estimulan áreas del cerebro relacionadas con la creatividad, la resolución de problemas y el pensamiento abstracto.
Hoy, la frase atribuida a Einstein funciona casi como un recordatorio: la inteligencia no se construye únicamente a base de ejercicios, fichas o aplicaciones educativas, sino también a través de historias, juego simbólico y tiempo compartido. Dejar espacio a la imaginación no es un lujo, sino una herramienta poderosa, más aún en un momento clave como lo es la infancia.
En un contexto en el que las pantallas han ganado terreno, conviene no perder de vista el valor de lo sencillo: leer en voz alta, inventar historias y compartir relatos. Porque, como sugiere el espíritu de esa frase, educar también es alimentar la capacidad de imaginar.
Como decimos, la frase refleja bien su filosofía. Y es que Einstein defendía claramente:
- La imaginación por encima de la memorización.
- El pensamiento creativo como base del conocimiento.
- La curiosidad como motor del aprendizaje.
La frase se puede vincular a otras pronunciadas por este personaje genial, como la pronunciada en una entrevista en The Saturday Evening Post el 26 de octubre de 1929: “La imaginación es más importante que el conocimiento. El conocimiento es limitado. La imaginación abarca el mundo”.
Quién era Albert Einstein
Nacido en 1879 en Ulm (Alemania), Einstein es uno de los científicos más reconocibles y valorados. Mostró desde joven una curiosidad poco convencional por el mundo que le rodeaba. Lejos de ser un alumno brillante en todos los ámbitos, destacó especialmente por su pensamiento independiente y su capacidad para cuestionar lo establecido. Tras formarse en Suiza, trabajó en la oficina de patentes de Berna, donde desarrolló algunas de sus ideas más revolucionarias.
En 1905, publicó trabajos fundamentales que transformarían la física moderna, incluida la teoría de la relatividad especial. Sus aportaciones fueron tan destacables que, años más tarde, en 1921, recibiría el Premio Nobel de Física por sus investigaciones sobre el efecto fotoeléctrico. Más allá de sus logros científicos, Einstein siempre defendió la creatividad, la curiosidad y la imaginación como pilares del conocimiento.
Además de con su frase, nos quedamos con una de sus imágenes más icónicas: la del físico sacando la lengua, que rompe todas las expectativas sobre cómo “debe” comportarse un genio, y porque condensa en un solo gesto su personalidad brillante, rebelde y profundamente humana. No es extraño que se haya convertido en una de las fotografías más reconocibles del siglo XX.





