Robin Williams, fue el profesor Keating que nos enseñó a decir carpe diem en El club de los poetas muertos, el Peter Pan que se negaba a crecer en Hook y el psicólogo del Indomable Will Hunting que le valió un Oscar. Su carrera incluye más de 100 películas, pero si hay un papel que sigue tocando el corazón de varias generaciones es el que interpretó en la Señora Doubtfire.
En ella, Robin Williams interpretaba a un padre que, tras un doloroso divorcio, se disfrazaba de niñera para no perder el contacto con sus hijos. Una historia tierna… que, fuera de la pantalla, tuvo un reflejo inesperado y muy real.
Porque Williams no solo interpretaba personajes que defendían a los demás. También lo hacía en la vida real.
La carta que un colegio decidió enmarcar
Durante el rodaje de la película, la joven actriz Lisa Jakub, que daba vida a la hija mayor, vivió una situación que la marcaría para siempre. Con solo 14 años, tuvo que ausentarse varios meses de su instituto para participar en el film.
Al principio, el centro aceptó que continuara sus estudios a distancia. Pero poco después cambió de opinión. La expulsaron.
"Me sentía como un bicho raro, completamente fuera de lugar", recordaría años después.
Fue entonces cuando Robin Williams hizo algo que nadie esperaba.
Al verla afectada, le preguntó qué ocurría. Y poco después le entregó una carta dirigida al director del colegio.
No era un gesto simbólico. Era una defensa firme.
En ella, el actor explicaba que Lisa era una alumna brillante, curiosa y comprometida, y pedía que se reconsiderara la decisión. Defendía que su trabajo como actriz también era una forma de aprendizaje y que debía tener la oportunidad de volver a clase y compartir esa experiencia con sus compañeros.
El colegio tomó una decisión sorprendente. No la readmitió. Pero enmarcó la carta y la colgó en el despacho del director.
"Robin me defendió cuando más lo necesitaba"
Años después, tras la muerte del actor en 2014, Lisa Jakub escribió un emotivo texto recordando aquel gesto.
"Todo el mundo habla de su talento. Sí, lo tenía. Pero lo que yo no puedo olvidar es que era una persona increíblemente amable", escribió.
"Robin me defendió. Me apoyó sin condiciones. Yo solo tenía 14 años, pero entendí que estaba en una industria llena de traiciones… y él estaba de mi lado".
Aquella carta no consiguió cambiar la decisión del colegio, pero sí algo mucho más importante: la forma en la que Lisa entendía el mundo.
Le enseñó a decir la verdad. A defender lo que importa. A cuidar de los demás incluso cuando no hay garantías de éxito.
Un legado que va más allá del cine
Robin Williams falleció en 2014 a los 63 años. Durante años se creyó que padecía Parkinson, pero tras su muerte se supo que sufría demencia con cuerpos de Lewy, una enfermedad neurodegenerativa devastadora que afecta tanto al cuerpo como a la mente.
Su pérdida dejó un vacío enorme en su familia, en la industria del cine, pero también en todas aquellas personas que tuvieron el placer de cruzarse con él alguna vez en el camino. Historias como esta explican por qué, más allá de sus películas, quienes lo conocieron nunca pudieron olvidarlo.
Porque, a veces, los gestos más importantes no están en un guion. Están en una carta. Y en alguien que decide escribirla cuando más falta hace.










