Jerez de la Frontera ha sido, una vez más, escenario de los grandes momentos de la familia Domecq, una de las dinastías más legendarias de España, que se ha reunido este sábado para celebrar una memorable boda, encuentro de la aristocracia y la nobleza. Carmen Tovar del Valle, nieta de Carmen Domecq Hidalgo y de Juan Tovar de Solís, octavo conde de Casa Henestrosa, ha dado el 'sí, quiero' a Guillermo Mariátegui Leal, hijo de Gonzalo Mariátegui, marqués de Quintana de las Torres.
La novia, que siempre ha tenido claro que se casaría en la ciudad que la vio crecer, llegó a la catedral en un coche antiguo propiedad de su abuelo paterno, el conde de Casa Henestrosa, acompañada de su padre, el orgulloso padrino.
Lucía un espectacular vestido de de Fabio Encinar, elaborado con 20 metros de tafetán de seda, que consiguió un equilibrio perfecto entre innovación y tradición. Los zapatos, que no se los cambió en ningún momento, eran de Franjul y el maquillaje, corrió a cargo de su buen amigo Javier Montenegro. Peinada de forma impecable por Juana Poyatos, completaba el look una impresionante tiara de diamantes de estilo floral, propiedad de la familia de su madre, Carmen del Valle Domecq. Era la misma diadema que utilizaron su madre y su abuela, así como todas las novias de la familia Domecq Hidalgo, por lo que la ilusion de Carmen al lucir una joya tan vinculada a su familia era inmensa.
Otros detalles muy especiales eran los pendientes, regalo de su pedida y el anillo, el mismo con el que Guillermo le pidió matrimonio. Además, el ramo de rosas blancas fue elaborado personalmente por su madre y lo acompañó de pequeñas medallas de la virgen que le regalaron algunos de sus amigos.
La cita era a las seis de la tarde bajo el sol abrasador de un septiembre que se aferra a los últimos coletazos del verano. Allí la esperaba el novio, emocionado, con el uniforme de gala del Real Cuerpo de la Nobleza de Madrid. Asi comenzó una ceremonia solemne, pero también muy cercana y personal, a coargo de don José María Pavón, gran amigo de la familia que puso todo el cariño para hacer de la homilia, un acto familiar y emocionante en la que la música también jugó un papel fundamental. La madre de la novia eligió el repertorio interpretado por el coro de San Pedro Nolasco, dirigido por José Carlos Gutiérrez.
Carmen Tovar, hija mayor de Carmen del Calle y de Jaime Tovar, presidente del Real Club de Golf Vistahermosa en Puerto de Santa María y una de las figuras más influyentes de esta localidad gaditana, destaca la implicación tanto de su madre como de su suegro en los detalles que hicieron de la boda un día único, y en especial, de su "tío" Tomás Alía, que se dedicó a dar forma a la estética del enlace para sacar todo el martido de los espacios y conseguir que todo estsuviera conectado. En la catedral creó un bosque verde con abundante vegetación respetando la esencia y la decoración del propio templo.
La celebración continuó en Bodegas Fundador, un lugar, como la catedral, muy vinculado a su familia materna. Allí Tomás Alía quiso ceder todo el protagonismo a los espacios de la bodega que se iban descubriendo a lo lardo de la noche. En la organización del evento contó con la ayuda de Dani y Alba, de Can Garoo, encargados de materializar la propuesta, y de María José, de Jerez de Bodas que coordinó con su equipo todo lo necesario para que tanto los novios solo tuviesen que disfrutar de su día sin preocuparse por nada.
Tras el cóctel en los jardines, la cena, a cargo del catering de Alda y Terry, tuvo lugar en el patio del Sagrado Corazón, donde el comedor se articuló alrededor de una gran mesa central, rectangular y alargada, rodeada de mesas redondas. Los recién casados se sentaron en formato imperial de forma que podían contemplar toda la composición del patio y centrarse en sus invitados que disponián de detalles tan inolvidables como los meseros elaborados con etiquetas antiguas de la madre de la novia y los vinos de la propia bodega.
El espectacular menú culminó con una tarta de varios pisos hecha por las monjas del Convento de Santa María de Gracia de Jerez, algo muy importante para Carmen, que quería que de alguna manera estuvieran presentes en un día tan importante. Los novios la cortaron al son de "Libiamo" de La Traviata y fue el preludio perfecto para la fiesta en los claustros. Para llegar allí, los invitados tenían que atravesar las bodegas con la iluminación indirecta de las botas de vino, creando una penumbra misteriosa. "Fue un momento único", asegura la novia, ya que durante el trayecto sonanban dos guitarras y un timbal tocando "Entre dos aguas", una melodía que se oía cada vez más cerca mientras el olor del propio vino de Jerez envolvía el recorrido. Para los asistentes, ya que muchos de ellos venían de fuera, fue una auténtica experiencia inmersiva en la esencia de Jerez.
Una vez en los claustros, la música se hizo protagonista gracias a Guilca que consiguió mantener la fiesta en todo lo alto hasta el final de la noche. Para dar buena fe de cada uno de los detalles y de los grandes momentos que se vivieron Alejadra Salido y Nacho firmaron las espectacular fotografías y Luis Carballo se encargó de inmortalizar en vídeo la alegría y la emoción de un día inolvidable.















