La música ocupa una parte importante de su vida y es también su tabla de salvación ahora que atraviesa sus días más difíciles. Consuelo Barroso, en una muestra de fortaleza y absoluta entrega, ha retomado sus compromisos laborales en la música. Rodeada del cariño del público y de toda la profesión, ha vuelto a los escenarios cuando se cumplen dos semanas de la muerte de su padre, Enrique Barroso de la Puerta, autor de muchos proyectos arquitectónicos de Sevilla al que ha perdido diez meses después que a su madre, Pilar Recasens.
El Palacio de los Briones de la localidad sevillana de Carmona ha sido el esceanario de su regreso. Esta construcción renacentista de tradición mudéjar ha acogido a partir de las 21 horas su concierto, pieza central de una noche dedicada a las Rumbas y baladas y enmarcado dentro del programa Verano Cultural 2026. La artista flamenca, que ha tenido un cariñoso recibimiento, tiene la tradición de empezar sus actuaciones con El milagro del amor, tema que forma parte de la banda sonora de El Padrino. "Es como un amuleto, que me hace empezar con buen pie", confesaba.
La vida de Consuelo más allá de la música: su profesión de doctora
Consuelo es madre de tres hijos que son su gran motor y compagina la música con el sector sanitario. Desde hace más de una década está volcada en la medicina estética en clínicas privadas entre Sevilla, Madrid y la Costa del Sol. También se ha dedicado a la Medicina de Familia y Comunitaria en Sevilla. Además, ha ejercido como docente siendo profesora de anatomía para Técnicos Superiores de Imagen para el Diagnostico. Se licenció en Medicina por la Universidad de Sevilla y se diplomó CUM LAUDE en Enfermería por la Universidad de Sevilla, con premio extraordinario al mejor expediente académico.
Así es la familia Barroso Ricasens
Apasionada de sus profesiones, para Consuelo no hay nada más importante que la familia, esa que sus padres construyeron con tanto amor y dedicación. Enrique Barroso de la Puerta y Pilar Recasens, ambos prestigiosos arquitectos, se conocieron precisamente por ese oficio compartido que los llevó a dejar su sello en el edificio inteligente de la isla de la Cartuja o la capilla de la Hermandad del Rocío, de la que eran devotos. El matrimonio tuvo tres hijos, Pilar, Enrique y Consuelo, y ocho nietos con los que disfrutaban de días inolvidables en su finca de Osuna. Hoy esos recuerdos son el mejor tesoro para todos ellos.






