Ya no es ni una escala obligada ni una parada ineludible —que aquí llena y mucho plazas y estadios— para seguir el viaje o el tour. Madrid es... casa. Antes de que Bad Bunny o Shakira decidieran hacer de la capital de España el epicentro de la música en castellano, "el sol de México", o Luis Miguel —que para el caso es lo mismo—, decidió adelantarlos e imponerla como parte de su vida. Porque de aquí es su amor y a ella le pertenece su corazón. Ocurrió a principios del año pasado, cuando la diseñadora Paloma Cuevas y el cantante de los récords establecieron en la tierra del oso y el madroño un lugar donde encontrarse.
Y ese movimiento, basado en el diapasón del sístole y el diástole, tiene código postal: madrileño. Desde de aquel momento, las visitas se suceden siempre que la agenda y los compromisos lo permiten. Su relación va viento en popa... pero su discreción es siempre la bandera. Que lo suyo va ya para los cuatro años, pero el foco, a veces —muchas—, deslumbra y quema si no sabes mantener a resguardo lo que verdaderamente importa.
Sin embargo, eso no quiere decir que la pareja se esconda. Para nada. Solo que se mueve en los límites de su círculo de confianza y de seguridad. Y también, por qué no, de lo exclusivo. Sin miedo, pero sin estridencias, vaya. Y con amigos que, como ellos, saben que exponerse tampoco es que sea necesario. Hace unas semanas, con la llegada de los primeros vientos cálidos, veíamos a Paloma y Luis Miguel en uno de los templos gastronómicos —y de moda— de la capital, en Coque, de Mario Sandoval, que si hay que salir un sábado y cenar, hay que hacerlo bien.
Ahora, este fin de semana, repetían experiencia, pero en la oferta más personal de Ramón Freixa. Y no lo hacían solos, tampoco revueltos, que las salida y entradas del restaurante, las hicieron todos por separado para evitar miradas excesivamente curiosas. Ellos eran Borja Thyssen, el hijo de la baronesa Tita, con su mujer, la artista Blanca Cuesta, que coincidió con la hija de Victoriano Valencia a la hora de elegir el color de la chaqueta con la que taparse los hombros.
Serían las 22:00 horas de la noche cuando ambas parejas se encontraban en el salón del cocinero catalán para la cena. Y la noche debió de ser de lo más entretenida porque no sería hasta las dos de la madrugada cuando volviéramos a verlos abandonar el local. Antes de marcharse por separado, intercambiaron los últimos minutos de charla en un ambiente muy distendido en el que Luis Miguel se mostró especialmente cómodo y relajado.
El artista y la empresaria se relajan en la capital junto a sus grandes amigos, demostrando que su historia de amor avanza con tranquilidad y solidez
Finalmente, el cantante y Paloma llegaban hasta el coche que les estaba esperando con algunos metros de diferencia, evitando así que se captara una fotografía de ambos juntos que hiciera volar la imaginación hasta el punto de escuchar campanas de boda. A pesar de todo, estas imágenes confirman, una vez más, que la relación entre Paloma Cuevas y Luis Miguel sigue consolidándose con paso firme.










