Es imposible hablar de la historia del cine español sin nombrar a Alfredo Landa. Abandonó la carrera de Derecho para trasladarse de su Navarra natal a Madrid con la ilusión de hacer realidad su sueño de ser actor. No solo lo logró, sino que hizo historia en la gran pantalla creando su propio género, el landismo. Debutó en 1962 en Atraco a las tres y fue encadenando proyectos de gran éxito que lo convirtieron en un referente. A punto de cumplirse 13 años de su fallecimiento, que se produjo el 9 de mayo de 2013, su hijo ha descubierto el lado más humano de una estrella inolvidable.
Casado con Maite Imaz, su gran amor y un apoyo incondicional hasta el final, Alfredo Landa se esforzó por mantener a su numerosa familia lejos del mundo mediático y sus tres hijos no fueron conscientes de la popularidad de su padre hasta la adolescencia. Desde el momento en el que descubrieron que era un imprescindible del cine, se convirtieron en sus mayores admiradores. Por eso, ahora han querido rendirle homenaje con un documental que trae a la pantalla su historia, la más popular y también la menos conocida por el gran público que sigue recordándole con cariño y una sonrisa..
Alfredo Landa Imaz, e de los hijos del actor, ha reaparecido en el plató de Y ahora Sonsoles para avanzar los detalles del tributo: un documental titulado Landa dirigido por Gracia Querejeta y Miguel Olid en el que se recuperan las memorias del intérprete, descatalogadas desde hacía tiempo. Llega a los cines este viernes y en 70 minutos hace un retrato íntimo y personal de la estrella, con material inédito y testimonios de familiares, amigos y compañeros como Miguel Rellán, Antonio Resines, José Sacristán y Javier Gutiérrez.
"Los últimos años fue consciente de lo querido que era, le paraban por la calle. Cuando salíamos a pasear o hacer recados, a mí me gustaba ir dos pasos por detrás para escuchar los comentarios de la gente que se cruzaba", ha recordado con cariño su hijo. Ha asegurado además que Landa siempre se sintió reconocido por el público, por sus compañeros y por la industria, que le entregó tres premios Goya, incluido el de Honor en 2007. Ese mismo año se retiró por una sencilla razón: "Perdió la ilusión. No le ofrecían cosas que realmente le apeteciesen".
Con decenas de películas a sus espaldas, Alfredo Landa "decía que estaba orgulloso de representar al español medio". Casi siempre le ofrecían papeles que divertían al espectador, pero también interpretó con maestría historias de gran dureza. "Tenía un don para la interpretación, le podías echar lo que fuera que él construía el personaje", ha ensalzado su hijo, que en 2022 asistió emocionado a la inauguración de un jardín en Madrid con el nombre del artista que también trabajó en México, en Francia y en Italia con coproducciones.
Detrás de cada proyecto de su padre, recuerda Landa Imaz, había un gran esfuerzo por preparar cada película y que no tenía ninguna favorita: "Era Ave noctura, le gustaba trasnochar y se preparaba sus guiones en casa, en el salón o el cuarto de estar. Se los sabía enteros y los decía él solo, sin mirarse al espejo y sin ponernos a nosotros de espectadores". A la hora de preparar los proyectos contaba siempre con la opinión de su mujer. "Le aportaba una visión diferente de las cosas. Cuando leía un guión, cuando se enfrentaba a una situación o a un contrato, le aportaba otro tipo de visión que él no tenía. Y eso para él suponía muchísimo", ha dicho Alfredo Jr.







