Mañana, 28 de marzo, Amancio Ortega cumple 90 años. Sin fiestas, sin homenajes, tal y como a él le gusta. Estará acompañado de toda la familia, los amigos más entrañables y brindarán por la vida y los buenos resultados. Con un patrimonio que ronda los 125.000 millones de euros y un récord de beneficios netos -más de 6.200 millones-, el fundador de Inditex, que acaba de presentar los mejores resultados de su historia, vuelve a estar entre las diez mayores fortunas del planeta. Y lo mejor, con buena salud -hasta ha conseguido quitarse el bastón- y mimado por su familia y especialmente por sus nietos pequeños con los que hace mucha vida.
Todos residen en la misma casa, en O Parrote. Un edificio de cuatro plantas con fachada de piedra y galerías blancas -arquitectura típica de A Coruña- que se asoma al paseo marítimo y a la dársena del Club Náutico. Marta ocupa el ático con su marido, Carlos Torretta y sus hijos; y Amancio y su mujer, Flora Pérez Marcote, las plantas bajas.
Verduras y huevos de casa
Los fines de semana suele escaparse al pazo de Drozo, en Ancéis. La residencia del siglo XVIII, blasonada y barroca, es un lugar señorial, amurallado, con reloj de sol en la fachada, un castaño centenario, que le encanta, y un parque de plataneras y arces, además de la huerta y el gallinero -para las verduras y los huevos de casa que tanto le gustan -; los alpendres, el hórreo, las típicas fuentes de caños y, por supuesto, la capilla donde se casó con Flory, en mayo de 2001, después de una relación de diecinueve años. Y aquí también hay una buena noticia. En mayo celebrarán las bodas de plata.
A Amancio también le gusta ir a Melide, donde siguen conservando la casa familiar de su mujer; a Toques, donde sus cuñados, Luisa Pérez Marcote y Carlos Mato tienen otra vivienda; y, con la llegada del buen tiempo, hacerse a la mar y navegar por la ría de Aldán (Pontevedra).
Ejercicio por la mañana
El empresario, ahora, se toma la vida con calma y le gusta seguir una rutina. No trasnocha -nunca lo hizo-, madruga menos y lo primero en la agenda del día siempre es el ejercicio físico. Tiene un entrenador personal, le encanta nadar y por eso decidió construir una piscina climatizada en su casa. Antes jugaba al tenis, pero lo dejó hace años, y empezó a caminar más. Los coruñeses están acostumbrados a verlo paseando por María Pita, el puerto… A veces solo, a veces con su perro Pepito y siempre con su guardaespaldas.
Según el día, puede ir a desayunar al Club Náutico que tiene unas vistas maravillosas al mar. Él es de su gente, de su familia, que es una piña, y de sus amigos, que van quedando menos. Se acuerda mucho de los que ya no están, especialmente de aquellos que estuvieron a su lado cuando todo era todavía un sueño; y valora enormemente la lealtad de los que están a su lado, de los de verdad, porque no soporta a los aduladores. Después se va a la sede de Arteixo, que algunos coruñeses comparan con Un mundo feliz, de Aldous Huxley. “Todo es perfecto y se respira humanidad”.
No se equivocó en nada
Amancio Ortega es un ejemplo de cómo ejecutar el relevo en una empresa familiar y también de cómo asegurar el futuro de una empresa (Inditex) con ejecutivos externos, quedando la mayoría del capital en sus manos y con la familia “vigilante”. Fue un ejercicio planificado -organización máxima- para que su ausencia tuviera un impacto mínimo sobre los resultados de su imperio. Y ha tenido la suerte de comprobar que no se equivocó en nada, y que Inditex sigue su rumbo triunfal.
Ahora disfruta de todo sin la presión de tomar decisiones, pero “en la onda, como si tuviera 70”, nos cuenta su círculo. “No es controlar. Marta es la jefa y no puede estar más orgulloso de su hija, que lo está haciendo de maravilla, y es un retrato de su manera de ser, pero sí le gusta ver la maquinaria funcionando. Estar al día de todo”. Y lo está. De la moda, de los colores, de la decoración, que le apasiona. Amancio opina, participa en las colecciones -sigue siendo un gran cazador de tendencias-, pregunta, le gusta que le pregunten y escucha mucho a los jóvenes. Como dice, le gusta “enredar”, una expresión muy gallega”.
Cuidar de todos
En el despacho de Amancio no hay paredes. Tiene una mesa de trabajo en un espacio diáfano con cientos de personas a su alrededor que no pueden admirarlo y respetarlo más. Él representa la verdadera filosofía de Inditex, que se basa en el trabajo en equipo, en cuidar de todos, y saber que todo se puede mejorar. Trabaja a su manera y disfruta también a su manera y son muchos los días en los que se le puede ver almorzando con el resto de la plantilla. Y es que en su empresa se come sano y bien librando cada día un desafío ecológico: ni productos congelados, ni ultraprocesados. La apuesta es la de los alimentos frescos y de proximidad.
Es bueno - “te gana por el cariño”, dicen, amigo de sus amigos, detallista, tímido y, como ya se sabe extremadamente discreto y reservado, aunque en la intimidad es hablador y tiene sentido del humor.
Una apuesta personal
Nació en 1936, comenzó su trayectoria empresarial en 1963 con una mercería donde vendía batas de «boatiné» y creó el mayor grupo textil del mundo, que sigue creciendo y también transformándose. Gracias a los multimillonarios beneficios que recibe cada año, ha levantado un imperio inmobiliario a través de Pontegadea, su brazo inversor, y ya llevan años acelerando la diversificación: energía, transporte, infraestructuras portuarias, telecomunicaciones, sin olvidar la agricultura regenerativa, más allá de la sostenibilidad. Ha donado millones de euros para proyectos que regeneran ecosistemas, que incluyen la protección de corredores forestales y tiene una apuesta personal de innovación rural: el proyecto "Sobrado Forestal". En 2016, adquirió unas 100 hectáreas en Sobrado dos Monxes (A Coruña) para la plantación de castaños autóctonos gallegos.
Asimismo, se ha convertido en uno de los mayores filántropos al haber donado su Fundación más de 1.000 millones de euros en proyectos sociales y de salud.
Amancio cumple 90 años lejos de los focos y decidido a no contar su historia. Ni siquiera a dar una entrevista. Es un hombre sencillo, humilde y cercano y con su normalidad contradice todos los estereotipos. Ya lo dice su entorno: “Es el de siempre. No lo cambió en nada el dinero. Tampoco a Flory”.










