EXCLUSIVA: Ana Obregón nos recibe en su casa de Mallorca, donde vive su doble duelo y nos descubre una noticia inesperada: Aless estaba escribiendo un libro que pronto saldrá a la luz

El 13 de mayo se cumplió el primer aniversario de la muerte de Aless y el 22 de mayo falleció su madre, Ana

HOLA 4017 Ana Obregón
Por Mamen Sánchez

Te quedan x días gratis. Recuerda navegar con tu sesión iniciada.

Te quedan pocas horas gratis. Recuerda navegar con tu sesión iniciada.

Estás en tu periodo de prueba gratuita. Sigue disfrutando de ¡HOLA!+.

HOLA.com, tu revista en internet

Tu período de prueba gratuita en ¡HOLA!+ se ha activado con éxito

Disfruta de todo el contenido totalmente gratis durante 7 días.

Recuerda navegar con tu sesión iniciada.

Ya tienes una suscripción activa.

Recuerda navegar con tu sesión iniciada.

Ana García Obregón nos invita a su ‘isla querida’, con una mezcla de ilusión y nostalgia en la voz. Nos habla de esta casa, construida hace cincuenta años por su padre, Antonio García Fernández, que, a pesar del paso del tiempo, sigue siendo elegante y moderna. Nos la enseña como si nos presentara a una vieja amiga, nos descubre su alma de piedra, que conserva la huella de todos los que la habitan y la han habitado a lo largo de los años.

Portada HOLA 4017©Hola

Inevitablemente vienen a su cabeza los recuerdos de otros veranos, con su hijo, Aless, recién nacido, un bebé de veinte días que respiraba por primera vez este aire puro y se asomaba, en brazos de su madre, al acantilado que se abre a sus pies y se baña en el azul del Mediterráneo. O los de la infancia feliz de todos los primos, con cunas y colchones por todas partes. O los de su madre, Ana Obregón, la persona más buena y generosa del mundo, que solo pensaba en hacer felices a todos, en este nido construido entre pinares, donde además cuidaba del jardín y del huerto y del corazón de sus hijos y sus nietos.

“El verano pasado fue horrible y este, horrible multiplicado por dos, porque aquí estoy, cuidando de mi padre y animándolo y, la verdad, yo no estoy para animar a nadie, estoy más para que me animen a mí. Me está costando la vida”

Ana viste de blanco, un sencillo vestido de verano. El pelo recién lavado, la piel tostada por el sol y ni una gota de maquillaje en la cara. Nos dice que ya todo le da igual, que no se preocupa por las cosas de antes. Ahora se rodea solo por sus seres más queridos, acompaña a su padre, comparten sus tristezas y asisten todas las tardes al asombroso espectáculo de la puesta de sol, sentados aquí, en este balcón que cuelga sobre el mar.

HOLA 4017 Ana Obregón©Antonio Terrón

Esta casa era la favorita de Aless —nos cuenta Ana—. Aquí ha crecido. Nació el 23 de junio de 1992 y no había cumplido un mes y ya estábamos aquí. Esta casa la construyó mi padre hace cincuenta años y aquí hemos vivido y crecido nosotros, los cinco hermanos, los doce nietos de mis padres y el primer biznieto: mi hermana Amalia tiene un nieto, hijo de mi sobrina Amalia, que se llama Marco Alessandro, va a cumplir tres años, ha estado por aquí y ha sido una alegría para todos”.

—El pasado veintidós de mayo, recibimos la triste noticia del fallecimiento de tu madre. Imagino que este momento está siendo duro.

—Está siendo muy difícil este verano. El verano pasado fue horrible y este, horrible multiplicado por dos, porque estoy cuidando de mi padre y animándolo y, la verdad, yo no estoy para animar a nadie, estoy más para que me animen a mí. Me está costando la vida.

“A mí mi mami me tiene que perdonar muchísimo. Yo no puedo entrar en el dolor de mi madre porque estoy en el de mi hijo, y todos los días le pido perdón porque no puedo. Yo creo que ella lo entendería, claro”

—Tus padres se querían muchísimo, ¿verdad?

—Date cuenta de que mis padres llevaban sesenta y ocho años casados. Es una historia de amor impresionante. Toda la vida tomados de la mano. Mi madre se casó a los diecinueve años y con veinticinco tenía cinco hijos. Mi padre es el único hombre que ha habido en su vida.

—¿Y cómo está él?

—Afortunadamente, la naturaleza humana a veces facilita un poco las cosas: mi padre está muy mayor y no se da tanta cuenta de lo que ha pasado. Mi madre estuvo ingresada, luego la llevamos a casa, pero no estaba bien. Estaba sufriendo y apagándose en casa y tuvimos que ocultárselo a mi padre. La noche anterior mi madre llamaba a Aless… yo creo que lo estaba esperando. El día que se fue mi madre se lo tuvimos que decir y fue muy duro porque ocurrió en casa y fue de repente. Se lo dijimos al día siguiente y en ese momento, imagínate, lloró, pero, gracias a Dios y al cerebro humano, que para sobrevivir, cuando te haces mayor, te hace olvidar las cosas, después no se acordaba. Tiene noventa y cinco años, se acuerda más de cuando era joven, pero los recuerdos cercanos se le olvidan. Y todos los días me pregunta que dónde está mamá, que quiere hablar con ella. Es durísimo. Yo le digo que está en Madrid con mis hermanos, para que no se lleve el disgusto cada día.

HOLA 4017 Ana Obregón©Antonio Terrón
Siempre de blanco, Ana baja las escaleras que llevan a la piscina de su preciosa casa de Mallorca, donde ha pasado tantos veranos felices.

—Es que tú estás viviendo un duelo dentro de otro duelo.

—A mí mi mami me tiene que perdonar muchísimo. Yo no puedo entrar en el dolor de mi madre porque estoy en el de mi hijo, y todos los días le pido perdón porque no puedo, no puedo. Yo creo que ella lo entendería, claro. A veces pienso: “¡Madre mía! Es que yo he tocado el cielo y después el infierno”. Esa ha sido mi vida. Las personas a las que más he querido en mi vida no están. Mi amor de pareja, Fernando Martín, ya no está. Aunque cuando él se fue estábamos separados, pero queríamos volver, siempre volvíamos. He vivido el enamoramiento de pareja, que han pasado treinta años y todavía me acuerdo de él. He vivido el duelo por un hijo y por una madre. Te voy a decir una cosa: cuando pierdes un ser querido se llama duelo, pero cuando pierdes un hijo, ¿sabes cómo se llama? Infierno. El final de todos los duelos es la aceptación. Pasas por la negación, la ira, la rabia… Y luego viene la peor, que es la desolación, un período en el que ya lloras sin lágrimas porque no te quedan. Y el final de todo duelo es la aceptación. Pero cuando pierdes un hijo, lo que aceptas es que no lo vas a aceptar nunca.

“Te voy a decir una cosa: cuando pierdes un ser querido se llama duelo, pero cuando pierdes un hijo, ¿sabes cómo se llama? Infierno”

—­Este verano no harás el tradicional posado en traje de baño.

—No. Llevo todo el invierno haciendo un posado del alma. No he bajado a bañarme en todo el tiempo que llevo aquí. Estos días ha venido mi amigo Ra a visitarme y él me ha animado a bajar a la playa. La única foto mía posando en traje de baño de este verano me la ha hecho él.

HOLA 4017 Ana Obregón©©

—Pero tú has tenido la fuerza de ir a las campanadas, de participar en Mask Singer...

—¿Sabes cuándo yo he tenido fuerza? Cuando me ha necesitado mi hijo. Cuando tú tienes un hijo, lo que quieres es que sea feliz, que no sufra, y a mí me ha tocado el castigo de ver su sufrimiento durante dos años. Y ahí he sido la más fuerte, la más valiente. Yo miraba a mi hijo cuando quedaba ya poco, y yo sabía que quedaba poco, y le decía: «Vas a salir adelante». Hasta me maquillaba en el hospital para que me viera, porque yo era su reflejo. Pero ya no soy fuerte. Yo estoy todavía muerta.

“Pasas por la negación, la ira, la rabia… Y el final de todo duelo es la aceptación. Pero cuando pierdes un hijo, lo que aceptas es que no lo vas a aceptar nunca”

—A ti todo el mundo te quiere. No puedes cerrar tu corazón porque, a lo mejor, hay alguien muy bueno esperándote y te vuelves a enamorar algún día.

—Eso sí que no está en mis planes. Ahora mismo, mi plan es vivir cada segundo. Desde que a mi hijo le diagnosticaron cáncer, el veintitrés de marzo de dos mil dieciocho, la Ana que era antes ya no está. Antes, cuando venía a pasar el verano, hacía la maleta con cuidado: los vestidos, los zapatos a juego… Ahora veo que todo eso es superfluo. En mi maleta de verano he traído quince libros, un bikini, un traje de baño y este pingo que llevo puesto. Pero, por otro lado, ha sido un camino interior espiritual en el que te das cuenta de cuánto ego y tonterías superficiales tenemos y vivimos con ellas, y ese bucear interior me está ayudando muchísimo. A través de leer, meditar…

HOLA 4017 Ana Obregón©Antonio Terrón
Sobre estas líneas, apoyada en el muro construido con piedras antiguas romanas, que su padre hizo traer de Italia cuando construyó esta casa.

—¿También rezas?

—Yo tengo una religión mía… He leído de todo, porque quiero saber por qué yo soy así. He estudiado sobre todas las religiones, en todas las épocas de la humanidad, y al final me he dado cuenta de que mi religión es mi corazón y mi templo es mi corazón y el de los que quiero.

­—Pero tú sientes que Aless y tu madre, viven, de alguna manera, ¿no?

—¿Qué es lo que quiere una madre siempre? Saber dónde está su hijo, ¿No es así? La muerte es algo que en Occidente no lo pensamos hasta que nos toca. Nos da miedo. Nuestro destino común, el de todos, es la muerte, y, sin embargo, no profundizamos en ella. Yo estoy convencida de que el cuerpo es como un traje y el alma (que en cada religión se le llama diferente), que es energía, persiste. Queda ahí. No desaparece.

—¿Has notado que Aless se preocupa por ti?

—Sí, muchísimo. Aquí vienen a verme dos gaviotas todas las mañanas. Te mandan señales.

HOLA 4017 Ana Obregón©Antonio Terrón
Leer, meditar, respirar, acompañar a su padre y recordar los buenos momentos vividos. Así está siendo el verano de Ana García Obregón. “Yo he tocado el cielo y ahora estoy en el infierno”, nos dice.

—Recientemente, se han cumplido dos fechas importantes: el aniversario de la muerte de Aless, el trece de mayo, y el que hubiera sido su veintinueve cumpleaños. ¿Cómo has vivido esos días?

—Son todos los días terribles. En esos momentos revives todo como fue y es durísimo. Cuando pasó lo de las niñas de Tenerife le escribí una carta a la madre en Instagram. No hay consuelo. Ella me contestó a través de una amiga. Me gustaría mucho conocerla. Es increíble la cantidad de madres y padres que me escriben diciéndome que desde que leen lo que escribo en mis redes sociales, quieren más a sus hijos que nunca. No nos damos cuenta de lo que tenemos hasta que lo perdemos.

“Antes, cuando venía a pasar el verano, hacía la maleta con cuidado: los vestidos, los zapatos a juego… Ahora veo que todo eso es superfluo. En mi maleta de verano he traído quince libros, un bikini, un traje de baño y este pingo que llevo puesto”

—Creo que tienes un tesoro entre manos… ¿Nos cuentas de qué se trata el libro que estás escribiendo?

—Aless, aparte de que era una persona tan creativa por su trabajo y lo que consiguió para su empresa —era un emprendedor—, escribía como no te puedes imaginar. Cuando le diagnosticaron el cáncer, empezó a escribir un libro y me lo contó cuando estábamos allí solitos, en Nueva Jersey. Era un no parar: le daban quimioterapia y protonterapia al tiempo y encima, para estar bien, escribía y trabajaba. Entonces, empezó a escribir este libro. Yo a Aless de pequeño siempre le decía: “Ya estás pensando en las musarañas”, y el libro se va a titular así: El chico de las musarañas. Me contó que la historia que estaba escribiendo era medio lo que le estaba pasando y lo que no, sobre un chico al que le diagnostican cáncer y se reúne con cuatro vocecitas en su cabeza: uno es el más bueno, otro el más razonable, y discute temas del día a día como la amistad, el amor, la familia, la constancia, el odio, etcétera. Aless me leyó algún párrafo en Nueva Jersey y me pidió que le pusiera en contacto con la editorial Planeta para publicarlo. Ya cuando volvimos a España todo parecía ir bien; aunque seguía con quimio, parecía que se iba a curar y volvió a trabajar como un loco y ahí lo dejó. Después, cuando pasó todo, yo me acordé de su libro, pero lo tenía en su ordenador y he tardado seis meses en dar con la contraseña. Solo le dio tiempo a escribir tres capítulos, pero mi idea es integrar su libro en algo que pudiera escribir yo.

HOLA 4017 Ana Obregón©@anaobregon

—¿Para mantener viva su memoria?

—Escribir un libro no es para lucrarse de la muerte de una persona, sino para ayudar, y lo quiero hacer para ayudar a la fundación de Aless. Me está ayudando mucho Nacho Ansorena, el socio de Aless. Él ha hecho un logo que es tan bonito, con la gorra… También quiero que sirva para las personas que han perdido a un ser querido, que les pueda ayudar. El dolor que yo tengo no es mi dolor, sino el suyo. Le quedaba todo. Tenía tanto talento, ternura, generosidad, solidaridad… Estoy descubriendo todos los mensajes que le enviaban lo enfermos de cáncer y cómo él los respondía, con tanto amor, tanta generosidad, estando él en las últimas semanas de su vida.

“Aless empezó a escribir un libro sobre un chico al que le diagnostican cáncer y cada atardecer se reúne con cuatro vocecitas en su cabeza y discute temas del día a día como la amistad, el amor, la familia, la constancia o el odio”

—¿Has empezado ya a escribir?

No he podido empezar. Cada vez que me siento me bloqueo, no hay palabras, no puedo empezar. Me compré un ordenador, me vine aquí, me senté y sé que, cuando pase el duelo de mi madre, empezaré por el principio. Sé el principio y sé el final, pero me falta todo lo del medio. He tardado seis meses en poder leer lo que él había escrito, porque no me sentía con fuerzas, y lo he leído aquí, en Mallorca, y es increíble.

—¿Qué has sentido?

—Me ha emocionado muchísimo. Tiene un sentido del humor tremendo, pero ha habido cosas que me han matado, como la frase con la que él se presenta: “Soy un loco enamorado de la vida”, y mira la vida lo que le ha hecho. Otra frase dice: “Tengo cáncer, y lo peor de todo… tengo miedo”. Eso me ha matado, porque nunca me lo demostró para no preocuparme.

HOLA 4017 Ana Obregón©Antonio Terrón

—O que cuando estabas a su lado no tenía miedo.

—No, conmigo no. Pero me siento muy mal porque, cuando le diagnosticaron el cáncer, él entró por la mañana en mi cuarto y me dijo: “Mami, ¿me voy a salvar? ¿Voy a vivir?”. Y yo le prometí y le juré por mi vida que iba a vivir. Y no he podido cumplir esa promesa y eso me mata. No sé si he hecho todo lo que se podía hacer.

“Después, cuando pasó todo, yo me acordé de su libro, pero lo tenía en su ordenador y he tardado seis meses en dar con la contraseña. Solo le dio tiempo a escribir tres capítulos, pero mi idea es integrar su libro en algo que pueda escribir yo”

—Al revés. Le prometiste que viviría para siempre y él vivirá en ti y en todos para siempre.

—Quiero hacer todo lo que a él le hubiera gustado hacer y yo sé que él tenía esa idea de su fundación y lo de su libro, pero ahora me tiene que perdonar porque ha sido un año muy difícil, muy complicado. He perdido a las dos personas que más quería en mi vida y tengo que ir poco a poco.

—¿Cómo vas con la puesta en marcha de la fundación?

—La fundación de Aless me está dando la vida y en septiembre espero que esté registrada. Alessandro, padre, está también muy involucrado. Yo seré la presidenta, Alessandro el vicepresidente y Nacho Ansorena el secretario, que me está ayudando mucho. Ya tenemos el proyecto ‘Imperas’, focalizado hacia los sarcomas en niños y jóvenes. En España no hay dinero para investigar y se necesita muchísimo.

“No he podido empezar con el libro. Cada vez que me siento, me bloqueo, no hay palabras, no puedo empezar. Me compré un ordenador, me vine aquí, me senté y sé que, cuando pase el duelo de mi madre, empezaré por el principio”

—Necesitaban un héroe en el cielo… como dijiste.

—He aprendido dos cosas: una, que antes vivía con miedo. Ya no tengo miedo a morirme, es más, si me muero mañana, estaré feliz. Otra es que soy libre por primera vez. El ser humano no es libre porque vive con miedo. A mí no me puede pasar ya nada más. Así que soy libre, he conocido la verdadera libertad. Me he dado cuenta de que tengo que buscar razones para vivir, porque no vivo, no tengo ilusiones, así de claro. Lo único que me hace ilusión es ayudar a los demás y la única forma es a través de la fundación de Aless.

HOLA 4017 Ana Obregón©Antonio Terrón
HOLA 4017 Ana Obregón©Antonio Terrón
La cala a la que se accede desde la casa es salvaje y recóndita, solo se puede llegar en barco y es aquí donde Ana espera cada tarde la puesta de sol.

Texto: Mamen Sánchez

Fotos: Antonio Terrón

Estilista: Ángela Esteban Librero

Ayudante: Judit Gómez

Maquillaje: Beatriz Matallana

LOOK 1: Vestido: UTERQÜE/Pendientes: JULIETA ÁLVAREZ/Anillos: THOMAS SABO/Sandalias: PEDRO GARCÍA

LOOK 2: Vestido: ERMANNO SCERVINO/Pamela: ZARA/Pendientes «Margarita»: JOAQUÍN BLANCO DISPONIBLE EN ESFASCINANTE.

LOOK 3: Vestido: CHARO RUIZ/Sandalias: PEDRO GARCÍA/Pendientes «Ola»: VERBENA DISPONIBLE EN ESFASCINANTE/Brazalete: ZARA

LOOK 4: Vestido: CAROLINE CONSTAS DISPONIBLE EN MYTHERESA/Pendientes: Lila malva de VERBENA DISPONIBLE EN ESFASCINANTE.

LOOK 5: Bañador: ALLSISTERS/Túnica: CHARO RUIZ/Sombrero Cebra: ZAHATI DISPONIBLE ESFASCINANTE

LOOK 6: Vestido: ETAM/Tocado de flores: MIMOKI