Siete de las obras de Antoni Gaudí están reconocidas por la Unesco como Patrimonio Mundial, pero el universo del genial arquitecto no se acaba en la Sagrada Familia ni en las fachadas más fotografiadas de Barcelona. Orden invisible, el lema del centenario de su muerte, invita a mirar más allá de los grandes iconos y descubrir a un creador que encontraba inspiración en la naturaleza, la espiritualidad y hasta en la arquitectura medieval.
En la zona alta de Barcelona hay tres buenas pistas para seguirle la huella: una finca de recreo custodiada por un dragón de hierro, un colegio inspirado en Santa Teresa de Jesús y una torre que parece sacada de un castillo gótico. Tres obras menos conocidas que revelan a un Gaudí capaz de sorprender incluso lejos de sus escenarios más célebres.
PABELLONES GÜELL: UN DRAGÓN A LAS PUERTAS
El empresario y financiero Eusebi Güell, que había quedado deslumbrado con el talento de Antoni Gaudí al contemplar una vitrina diseñada por el arquitecto para la Exposición Universal de París de 1878, le encargó en 1884 los Pabellones Güell, la primera de sus grandes colaboraciones con quien sería su principal mecenas durante buena parte de su carrera.
Situados en el número 7 de la avenida de Pedralbes, en el distrito de Les Corts, estos pabellones daban acceso a la gran finca de recreo familiar del influyente empresario, entonces en las afueras de Barcelona. Para Gaudí fueron una especie de laboratorio en el que empezó a dar forma a su propio lenguaje arquitectónico, antes de llevarlo a algunas de sus obras más conocidas.
El elemento más llamativo de los Pabellones está en la entrada principal: un feroz dragón de hierro forjado que custodia la puerta de la finca. En el conjunto también destacan la antigua casa del guarda y las caballerizas, con sus arcos parabólicos y sus primeras experiencias con el trencadís, la técnica de mosaico realizada con fragmentos de cerámica y vidrio que desarrollaría plenamente en proyectos posteriores.
¿Cómo se visitan? Los Pabellones Güell pertenecen hoy a la Universidad de Barcelona y forman parte de su patrimonio arquitectónico. Aunque el conjunto está actualmente cerrado por obras de restauración, desde el exterior se puede contemplar la espectacular verja del dragón y puntualmente acceder a la garita.
COLEGIO DE LAS TERESIANAS: ARQUITECTURA CON INSPIRACIÓN MÍSTICA
Cerca de allí, ya en el distrito de Sarrià-Sant Gervasi, se encuentra el Colegio de las Teresianas, uno de los encargos más singulares de Gaudí, alejado de las casas que diseñó para la burguesía barcelonesa. Casi 140 años después de su construcción, sigue funcionando como centro educativo.
Para diseñarlo, el arquitecto se inspiró en Las moradas, el libro de Santa Teresa de Jesús. Entre sus detalles destaca una estrella de ocho puntas, la primera que diseñó Gaudí, que da una pista de su interés por las formas geométricas y su significado.
También hay que mirar al pasado medieval para entender este edificio. Joan Martorell, profesor de Gaudí y uno de los primeros en reconocer su talento, influyó en su forma de entender la arquitectura. Ambos encontraron inspiración en las construcciones medievales, aunque cada uno desarrolló su propio estilo. El historiador y guía Ferrán Garcés explica hasta qué punto llegó esa relación entre maestro y alumno: “Durante años, su relación fue muy estrecha, hasta el punto de que sus trayectorias se entrelazan en varias construcciones. Allí donde aparece una obra de Gaudí, encontramos también la huella previa de su maestro”.
¿Cómo se visita? El Colegio de las Teresianas sigue funcionando como centro educativo y no está abierto al turismo. Desde la calle de Ganduxer se puede contemplar su fachada de ladrillo, con almenas y pináculos rematados por cruces, que le dan aspecto de fortaleza. Los patios interiores y los pasillos de arcos parabólicos quedan reservados a la vida del colegio o a alguna ocasión excepcional en la que se abran sus puertas.
TORRE BELLESGUARD: UN CASTILLO GÓTICO
Con sus almenas, sus ventanas góticas y una torre puntiaguda coronada por una cruz, Bellesguard tiene aspecto de castillo medieval. Pero basta acercarse para descubrir que Gaudí no se limitó a reproducir las formas del pasado: las reinterpretó a su manera en una de las obras menos conocidas de su repertorio.
La visita, que guía Ferrán Garcés, comienza en el exterior, entre los jardines y los restos del antiguo palacio medieval, donde aún resuenan los ecos de la historia del lugar. Aquí vivió el rey Martín I el Humano, último monarca de la dinastía de la Casa de Barcelona, y siglos después Gaudí recibió el encargo de construir una nueva residencia para la familia Figueres, integrando en ella las huellas de aquel pasado.
El recorrido continúa por el interior, donde llaman la atención el patio de la escalera, los espacios luminosos, las vidrieras y la buhardilla de ladrillo visto. Detalles que permiten descubrir un Gaudí diferente, más cercano a la sobriedad de la arquitectura gótica, pero con soluciones propias. Y hay otro aliciente: las vistas de Barcelona que se disfrutan desde esta finca situada en las faldas de Collserola.
¿Cómo se visita? La Torre Bellesguard se puede recorrer con audioguía por 12 € o mediante una visita guiada por 20 € (adultos). La experiencia dura aproximadamente una hora y permite conocer tanto la arquitectura de Gaudí como la historia de esta finca singular (bellesguardgaudi.com).













