El paraíso de la Costa Blanca donde alargar el verano en septiembre: un hotel de lujo frente al Mediterráneo


Entre calas de aguas turquesas, piscinas con vistas panorámicas y una gastronomía de inspiración marinera, este refugio de cinco estrellas es la escapada ideal para esta temporada

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Hotel Montíboli


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© Hotel Montíboli
Carla CalvoRedactora Branded Content
3 de septiembre de 2026 a las 8:30 CEST

Cuando septiembre llega a la Costa Blanca, hay una sensación especialmente agradable: el verano todavía está presente, pero la prisa desaparece. Los días siguen siendo luminosos, el Mediterráneo conserva toda su temperatura y las playas recuperan parte de la calma que pierden durante las semanas anteriores. Es, seguramente, uno de los mejores momentos del año para hacer una última escapada y regalarse unos días de desconexión antes de volver a retomar la rutina.

En este escenario, el Hotel Montíboli, en Villajoyosa (Alicante), aparece como un refugio privilegiado. Un cinco estrellas convertido en uno de los establecimientos más emblemáticos de la zona que se asoma al Mediterráneo desde un espectacular acantilado, entre dos pequeñas calas de aguas transparentes. Un lugar pensado para bajar el ritmo, disfrutar del paisaje y entender que el auténtico lujo también consiste en tener tiempo.

El hotel y su entorno: un refugio frente al mar

La ubicación es, sin duda, uno de los grandes atractivos del Hotel Montíboli, que domina una panorámica abierta al entorno y ofrece una sensación de privacidad difícil de encontrar en otros rincones de la zona. Su historia y su carácter han atraído durante décadas a visitantes internacionales, entre ellos figuras tan conocidas como Paul McCartney.

Aquí, el paisaje forma parte de la experiencia y cada espacio está concebido para disfrutar del entorno sin necesidad de salir del hotel. A pocos pasos, las calas permiten acercarse todavía más al mar, mientras el clima suave de septiembre invita a pasar las horas al aire libre.

Media Image© Hotel Montíboli

Las habitaciones: despertar con el mar como protagonista

Dormir en el Hotel Montíboli significa continuar disfrutando del exterior incluso cuando se cierran las puertas. Las habitaciones y suites están diseñadas para aprovechar al máximo la luz natural y las vistas, con espacios luminosos y amplias terrazas desde las que contemplar el horizonte.

Despertarse con el azul del mar delante, disfrutar del primer café mientras entra la brisa o detenerse unos minutos a observar el paisaje son pequeños placeres que definen la estancia. El objetivo no es únicamente alojarse, sino hacer que el entorno forme parte de cada instante.

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Piscinas y espacios para desconectar

Si hay un place to be para alargar el verano es junto a las piscinas del Hotel Montíboli. Sus zonas exteriores permiten alternar baños, descanso y vistas de cine, con el Mediterráneo como telón de fondo. El ambiente invita a olvidarse del reloj y dejar que el día transcurra entre el sol, la brisa marina y algún cóctel al final de la tarde.

Otro de los grandes atractivos es su spa, situado a nivel del mar, un punto extra que refuerza la sensación de bienestar y convierte los tratamientos, masajes y momentos de relajación en una prolongación natural de la escapada. Es el contrapunto perfecto para quienes buscan combinar descanso, cuidado personal y paisaje.

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Gastronomía de proximidad: Alicante, desde el paladar

También se puede viajar a través de la gastronomía, y aquí el producto local ocupa un lugar destacado, del desayuno a la cena. La cocina del hotel encuentra en la lonja de Villajoyosa una de sus principales fuentes de inspiración. El resultado es una propuesta que parte de la tradición marinera alicantina y la actualiza con técnicas y detalles propios de la alta gastronomía. Además, el hotel cuenta con su propia finca agrícola, El Clot, situada a sólo unos pasos, donde se cultivan buena parte de las frutas, verduras y hortalizas que proveen su cocina.

Pescados frescos, mariscos y arroces son protagonistas de una carta que apuesta por la calidad y la proximidad en el Restaurante Emperador. En la mesa, los sabores del territorio se acompañan de una cuidada selección de vinos para completar la experiencia. Y, antes de despedirse del día, nada como acercarse al pool bar para disfrutar de un cóctel mientras el cielo cambia de color. 

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