El príncipe Felipe, duque de Edimburgo, falleció en el Castillo de Windsor el 9 de abril de 2021 y recibió uno de los funerales más impresionantes, personales y emotivos de la historia de realeza, una despedida más personal y familiar de la que tuvo Isabel II, lógicamente como jefa de Estado, y de la que salió una foto icónica de la soledad de la reina. El príncipe Felipe -nacido en 1952 en Corfú como Felipe Mountbatten y miembro de la Casa Real de Grecia- se retiró de la vida pública en el 2017 con 96 años y vivió casi hasta los cien, mientras siguió disfrutando de las carreras de carruajes, una afición que adoptó cuando los médicos le advirtieron que sus años como polista habían terminado. Ahora un nuevo libro, del biógrafo Hugo Vickers, revela una historia desconocida: el duque de Edimburgo luchó ocho años contra un cáncer y también describe cómo pasó su última noche.
En Queen Elizabeth II, una biografía publicado por entregas en exclusiva en el Mail on Sunday, se revela que en junio de 2013, durante un ingreso hospitalario de once días, al marido de la reina le fue diagnosticado un cáncer de páncreas. Una enfermedad con la que vivió durante ocho años y ha permanecido en secreto hasta ahora, es más, en su certificado de defunción consta "vejez" como causa de muerte.
"Los médicos detectaron una sombra en su páncreas y le practicaron una incisión en el abdomen para realizar una cirugía exploratoria. El diagnóstico fue cáncer de páncreas inoperable", escribe Vickers. Esto sucedió cuatro años antes de renunciar a su vida oficial y de protagonizar una retirada pública que fue muy simbólica. El duque de Edimburgo en su rol de Capitán General pasó revista a las tropas en la plaza del Palacio de Buckingham, bajo la lluvia, con una gabardina y un bombín, así comenzaba la jubilación del príncipe británico nacido en Grecia, padre del rey Carlos III.
Otra curiosidad que revela Vickers es que en el año 2019, muy convulso políticamente dentro del Reino Unido, se temió por la salud del duque de Edimburgo: "Circularon rumores tan serios que se elaboraron planes para posponer las elecciones generales en caso de que falleciera. Pero entonces se animó... Alguien dijo que estaba actuando con espíritu cívico y haciendo un esfuerzo por sobrevivir para no perjudicar las elecciones". Se refiere a las elecciones anticipadas, solicitadas por el entonces primer ministro Boris Johnson para desbloquear la situación del Brexit, que llevaba años atascada en el Parlamento y que la reina Isabel II aprobó tras la petición del Gobierno.
Una cerveza y un adiós sin despedida: crece su leyenda
Igual que su testamento, blindado por ley, su última noche había sido una incógnita hasta ahora. Hugo Vickers, que lleva desde los años setenta narrando como locutor los grandes acontecimientos de la realeza, asegura que el duque de Edimburgo (título que Carlos III concedió a su hermano pequeño, el príncipe Eduardo, tras la muerte de su padre) esquivó a las enfermeras y recorrió un pasillo del Castillo de Windsor con la ayuda de un andador con un firme propósito: beberse una cerveza. Según cuenta el biógrafo, el príncipe Felipe se bebió su última cerveza y lo hizo en uno de los salones privados más bonitos del Castillo de Windsor, en el que tanto Isabel II como él se trasladaron en el momento de la pandemia.
Crece así, con esta revelación de la cerveza, un poco más la leyenda del duque de Edimburgo, que siempre hizo de esta bebida, profundamente británica, un rasgo de identidad propio. El príncipe Felipe nunca se desgastó en fingir que le gustaba el vino o los cócteles sofisticados, incluso en contextos oficiales o cenas de gala, si tenía oportunidad, pedía una cerveza. Su favorita durante años fue la Double Diamond, una ale clásica que dejó de producirse en los 90. Con el tiempo, una cervecería lanzó una pequeña tirada en versión homenaje y el propio príncipe solicitó una muestra para probarla. De momento, no ha trascendido cuál fue la cerveza elegida para su final, pero es posible que sea cuestión de tiempo.
"A la mañana siguiente, se levantó, se dio un baño, dijo que no se sentía bien y se marchó discretamente", cuenta Vickers refiriéndose al momento de su fallecimiento. Según el biógrafo, a Isabel II no le sentó bien que el hombre con el que estuvo casada durante 73 años se fuera de ese modo y que tampoco ella pudiera estar presente en su última exhalación. "Como solía suceder en la vida, se marchó sin despedirse", cuenta el biógrafo contribuyendo a esa parte de leyenda que se ha hecho en torno al duque de Edimburgo, un hombre con una fuerte personalidad, independiente, práctico y la roca que sostuvo a la familia mientras Isabel II vivía para la jefatura del Estado.













