Los duques de Sussex han comenzado un emocionante e ilusionante nuevo capítulo en sus vidas. El pasado 26 de agosto, el príncipe Harry y Meghan Markle dejaban atrás el cálido sol de California para instalarse nuevamente en el Reino Unido, manteniendo su hogar en Montecito pero estableciendose en una residencia privada en la campiña inglesa. Recientemente, tras realizar un intrépido salto en paracaídas en Toronto para honrar a un veterano de la Segunda Guerra Mundial, el duque habló con la cadena CTV. Aún con la adrenalina a flor de piel, el hijo menor del rey Carlos III confesó su inmensa alegría por esta mudanza: "Ha sido genial. Ha sido genial estar de vuelta en suelo británico. ¡Es genial estar de vuelta en tierra firme, la verdad!". Sobre los motivos que impulsaron este gran cambio vital, el príncipe prefirió ser discreto y se limitó a señalar que existían "muchas razones", cediendo todo el protagonismo a sus causas benéficas.
Sin embargo, la adaptación no ha estado exenta de sobresaltos. Los pequeños príncipes, Archie, de siete años, y Lilibet, de cinco, comenzaron el curso en un idílico colegio en la zona de los Cotswolds, pero apenas dos días después tuvieron que cambiar de centro. El motivo no fue académico, sino logístico, el denso tráfico y la distancia dificultaban enormemente las labores de su equipo de seguridad. Afortunadamente, la nueva elección, más cercana a su residencia, ha devuelto la paz a la familia.
A Harry se le ha visto feliz acompañando a Lilibet hasta su clase e incluso se han integrado en los grupos de WhatsApp de padres, en una comunidad que ya ha recibido recordatorios sobre la importancia de proteger la privacidad fotográfica de los menores. Haciendo balance en los premios Invictus Games Spirit Awards, el duque confesaba ilusionado: "¿Lo mejor hasta ahora? Oh, no lo sé. ¿Me atrevería a compartirlo con vosotros? Las dos últimas semanas han sido... Han estado llenas de acontecimientos. Pero, ya sabes, nos estamos volcando en el trabajo. Los niños están ya en el colegio. Estamos felices. Y como he dicho, es genial estar de vuelta en suelo británico, y deseando que llegue Birmingham el año que viene para los Juegos Invictus que se acercan".
Superado el bache inicial, la calma reina de nuevo en el hogar de los Sussex. Ver a sus pequeños disfrutar de su entorno es la mayor prioridad para el matrimonio. "Los niños están felices en el colegio y eso me da la oportunidad de centrarme realmente en los Invictus en Birmingham", explicaba con orgullo el duque, recordando con entusiasmo que "Los juegos son en julio del año que viene".
El lado más paternal y solidario del duque de Sussex
Esa misma semana, durante la emotiva gala de los premios WellChild en Londres —organización de la que es patrón desde hace 18 años—, el príncipe se sinceró sobre cómo la paternidad ha transformado su visión del mundo: "Cuando te conviertes en padre o madre, todo cambia. No es que durante todos esos años que no fui padre o madre no me importara tanto conocer a los niños, sino que de repente te das cuenta de lo agradecido que estás de tener hijos sanos".
Además, compartió una tierna anécdota sobre cómo gestiona las mañanas con sus hijos: "En el desayuno de esta mañana, tenían un poco de tristeza típica de los lunes por la mañana. Siempre hay algo como la melancolía del domingo por la noche o del internado... cuando has estado fuera, o antes de ir al colegio. Pero en el desayuno de esta mañana, decidí: '¿Sabéis qué? Os estáis poniendo un poco difíciles, así que os voy a contar exactamente lo que voy a hacer esta noche'. Y estaban genuinamente fascinados y haciendo todo tipo de preguntas. Así que, al igual que con todo mi trabajo y el de su madre también, cualquier cosa que podamos hacer para intentar inculcarles esa conciencia, creo que es absolutamente crucial".
Las nuevas costumbres británicas
Mientras Meghan Markle disfruta de planes tranquilos en Oxfordshire con amigas como Ellen DeGeneres, los niños están abrazando sus raíces paternas a pasos agigantados. Han dejado atrás ciertas costumbres californianas para rendirse a los sabores locales. "¿Es algo típico de los británicos? Porque siempre ha estado presente en mi vida, y ahora los niños comen Marmite con crumpets, lo cual es todo un logro para mí", revelaba Harry entre risas. Este peculiar extracto de levadura solía ser motivo de broma en casa. "Sí, lo aprueban, muchísimo. O sea, antes me criticaban por tener Marmite en casa, y ahora que están en el Reino Unido, es como si eso fuera cosa del pasado, así que genial", bromeó. Y aunque las clásicas alubias con tostadas aún no han conquistado sus paladares, la familia está saboreando cada instante de su nueva vida. Al definir su día a día actual, el príncipe lo resumió con una sonrisa que lo dice todo: "Muchos paseos. ¿Es eso lo más británico? Bueno, sí, es muy británico".










