Mary Donaldson, Kate Middleton y Tatiana Santodomingo, tres princesas, un estilo

por hola.com

Los reinos de Dinamarca, Inglaterra y Mónaco tienen nombre femenino: Mary Donaldson, Kate Middleton y Tatiana Santodomingo. Ellas son las mujeres del momento en las tres Cortes europeas. Sus ‘reinas’. Como lo son también, respectivamente, de los corazones de los príncipes Federico, Guillermo y Andrea.
Morenas, altas y deportistas, tienen un mismo estilo y conforman un nuevo concepto de ‘princesas en el siglo XXI’. Como la mayoría de las niñas, leyeron los tradicionales cuentos de hadas, tuvieron su disfraz de princesitas y soñaron con su príncipe azul, aunque ni por lo más remoto sospecharon jamás que se enamorarían de uno de carne y hueso.
Nada hacía suponer que acariciarían aquel destino excepcional, que irrumpirían de la mano de sus príncipes en las Cortes y palacios de Europa. Ni su origen, ni su familia, ni su círculo de amigos, ni siquiera su aspecto físico. Ninguna de las tres reunía, pese a su belleza, los rasgos que han presentado a lo largo de la Historia las reales candidatas: princesas rubias y residentes en palacios de cristal. La imagen tradicional de ‘princesa’ ha dado con ellas un rotundo giro.
Junto a Victoria de Suecia —heredera de un Reino—, Mary, Kate y Tatiana han roto moldes y han impuesto un nuevo ‘look’ en las Cortes europeas: todas universitarias, sí, todas sin sangre azul, pero, además, morenas, muy altas y tremendamente genuinas. La princesa Mary, como esposa del príncipe heredero Federico de Dinamarca y futura madre de su primer hijo; Kate, como la novia más oficial de Guillermo de Inglaterra, y Tatiana, como la joven que ha enamorado ciegamente a Andrea Casiraghi, el ‘Tassio’ de la realeza. Un príncipe que, a diferencia de Guillermo y Federico, nació sin el título de príncipe heredero con el que probablemente será distinguido en el caso de que su tío, Alberto II, no tenga descendencia legítima.
Las tres guardan un parecido intangible, además de físico. Y es que, pese a que sus rasgos faciales difieren algo al compararse entre sí y sus figuras contrastan sutilmente en los matices —desde la complexión más atlética de Mary, a la exuberancia de Kate, pasando por las marcadas curvas latinas de Tatiana—, al verlas con la perspectiva de la distancia, uno parece estar mirando un único cuadro: el mismo aplomo y gesto, el mismo porte, el mismo estilo, los mismos complementos —gafas, sombreros, bolsos, chales...— y, sobre todo, una misma determinación en su libre proceder. Como si dijeran, sin pedir disculpas: ‘Somos así’.

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