Era 16 de marzo de 2018 y multitud de curiosos se agolpaban a las puertas de la Basílica y Convento de San Pedro, en Lima, Perú. Allí iba a oficiarse la boda entre Alessandra de Osma y el príncipe Christian de Hannover, tras una ceremonia civil que tuvo lugar meses antes en el registro de Chelsea y Westminster de Londres. La pareja congregó a una amplia selección de miembros de la realeza, la alta sociedad peruana y la aristocracia europea junto a reconocidos empresarios y artistas.
La protagonista del día lució un vestido de novia de encaje, que parecía inspirado por Grace Kelly, que le confeccionó su amigo, el diseñador español Jorge Vázquez y la famosa tiara floral de los Hannover. Aunque todos los ojos se posaron en la futura princesa, otras invitadas, como la madre de la novia, no pasaron desapercibidas. Fue Elizabeth Foy Vásquez quien huyó de los cánones reservados para las madres en estos festejos, aunque cumplió algunas reglas de protocolo aquel soleado día de marzo.
Rosa empolvado, un tono adecuado a la etiqueta
La suya fue una elección en un rosa empolvado muy apropiado para evitar epatar a su hija Sassa de Osma o a la madrina, quienes, tal y como dicta la etiqueta, tienen un papel más destacado. Se decantó por un vestido fluido de largo al tobillo, una elección que destacaba por su movimiento y que presentaba volantes, corte a la cintura, lazada al cuello y mangas ablusadas. Su apuesta era sofisticada, pero no se acercaba a los patrones habituales de un look de boda. Acerca de esta elección, que en la actualidad sigue considerándose inspiradora, hemos preguntado a la asesora de imagen Rosa Iglesias, fundadora de El Estilario.
La experta apunta que Liz Foy estuvo previsiblemente bien asesorada sobre el código de vestimenta apropiado para una celebración de este tipo. “El protocolo habitual para las madres de las novias en una boda de día como fue este caso, es que lleven un look elegante, sencillo, preferiblemente en colores claros o empolvados, que no sea largo y que no eclipse ni a la novia ni a la madrina”, recuerda. En este sentido, su apuesta fue adecuada: “Iba perfectamente adaptada al protocolo. Además, teniendo en cuenta que se trata de una boda que aconteció hace ocho años, se trata de un vestido totalmente atemporal, ya que podría perfectamente encajar en una boda hoy en día”.
Cuentan los diseñadores que el primer paso que debe dar una madre cuando va a hacerse un vestido a medida es reconocer qué la hace sentir cómoda. A la hora de definir si la propuesta estaba en sintonía con la estética habitual de la exmodelo y si, por tanto, fue fiel a su propia visión de moda, Rosa Iglesias asegura: “Desconozco el estilo personal de Liz Foy para poder emitir una opinión sobre si el look encajaba o no con su gusto y con el estilo que la define. Pero a simple vista y juzgando únicamente el resultado de las fotografías, considero que el look, a pesar de no ser estándar y tratarse de un vestido vaporoso, es acertado y elegante. Además de que le favorece y resalta su color de cabello y de piel”.
Liz Foy se decantó por accesorios sencillos, de aire tradicional, perfectos para la madre de la novia
Con una amplia sonrisa, la madre de la princesa acudió a la ceremonia religiosa del brazo del hermano del novio, el príncipe Ernesto Augusto de Hannover. Ya en ese paseo hasta la entrada del templo no solo se apreció su vestido con notas bohemias, también sus accesorios de corte clásico, entre los que se incluían unos stilettos satinados con un fino tacón, a juego con el look y unos pendientes de perlas y, del mismo modo, un moño bajo, que despejaba su rostro e incorporaba volumen en la coronilla. “La elección de las joyas también es acertada, ya que al tratarse de un vestido vaporoso y con una superposición de tejidos, un exceso de joyas habría quedado chocante y habría desmerecido el resultado”, recalca la fundadora de El Estilario.
Por sus vínculos con la moda, la madre de Sassa de Osma supo construir un look equilibrado para una cita en la que las miradas internacionales se posaron sobre ella. Su estilismo demuestra que no es necesario recurrir a las siluetas armadas cuando se es una invitada de importancia, algo que demuestran cada fin de semana las más jóvenes, pero que aún no ha calado del todo en las convidadas mayores de 50 años.
Un detalle a mejorar
Eso sí, quizá, defiende Iglesias, podría haber arriesgado algo más: “como opinión personal, y juzgando las diferentes fotografías del estilo de Liz Foy, me atrevería a decir que quizás tanto el peinado como el vestido resultan demasiado clásicos, a tenor de como habitualmente suele vestirse en su día a día”. De haberse aventurado, no habría resultado estridente, dado que, a pesar de ser aquella una boda real, en el álbum de estilo de los Hannover siempre ha existido espacio para innovar.








