A punto de cumplir los 21 años, los cumplirá el 31 de octubre, y convertida en universitaria, la princesa Leonor ha superado con nota la ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias 2026. Es una de sus grandes citas del año, donde está arropada por sus padres, los Reyes, su hermana, la infanta Sofía, y sus abuelas, la reina Sofía y Paloma Rocasolano, pero que supone toda una prueba de fuego. Año a año, Leonor se ha superado, pero en esta ocasión ha cumplido tres hitos que marcan una nueva era para ella.
El gran protagonismo de Leonor en sus premios
La princesa Leonor es la presidenta de honor de la Fundación Princesa de Asturias, un cargo que ostenta desde 2014, cuando don Felipe ascendió al trono y ella se convirtió en princesa de Asturias. Es en la ceremonia de entrega de galardones donde la Princesa adquiere un gran protagonismo. Subida en el mismo coche que su hermana, la heredera ha llegado al Teatro Campoamor de Oviedo con mucho aplomo y seguridad. Ya no es una inexperta y se va notando su veteranía. Aunque ha buscado el brazo de su hermana para subir las escaleras del estrado, la Princesa ha abierto el acto y ha sido la encargada de entregar los reconocimientos a los premiados. Sus padres continúan acompañándola de cerca, pero le dejan cada vez más espacio para desenvolverse por sí misma y se le van notando las tablas.
La naturalidad de su discurso que nos ayuda a conocerla mejor
El discurso de la princesa Leonor en los Premios Princesa de Asturias es uno de los más importantes del año. Es en esta intervención, que cada año tiene un contenido más profundo, donde podemos conocerla un poco más. Este año su discurso ha sido largo y ha sabido manejar con maestría los elogios a los Premiados con anécdotas familiares. Han sido unas palabras de gran calado, pero también de enorme naturalidad. Leonor comenzaba con un guiño al pasado, a 1981, cuando su padre, el Rey, se estrenaba en esta misma gala. "Mi padre va hoy camino de los 60, pero aquella tarde tenía 13 años", lo que provocó una carcajada de don Felipe y las risas de los asistentes. También relató este viernes por la noche que "siento una mezcla de vértigo e ilusión, porque así es: los jóvenes nos hacemos preguntas. Cómo mantener el entusiasmo en estos tiempos de desencanto social profundo, de descreimiento y desigualdades, de conflictos, extremismos, populismos, guerras tecnológicas, híbridas, realidades líquidas, realpolitik, amenazas, incertidumbre, todo amplificado además en las redes...", ha dicho una Princesa que no es ajena a los retos de su generación.
La importancia en su vida de la película 'Ponyo en el acantilado'
También quiso contar su experiencia personal de niña cuando fue a ver una película de estudios Ghibli. "En mi caso, mi recuerdo se remonta a la siguiente escena: mi madre nos lleva a ver Ponyo en el acantilado ¡Para Sofía es su primera peli en un cine! No llega a los dos años y está sentada en el regazo de mi madre. Yo me quedo hipnotizada con la historia. Mi hermana aguanta más o menos, se remueve un poco, pero también se deja llevar por la animación insuperable y sabia de este estudio que, desde entonces, ha sido parte de nuestra educación", confiesa.
Relajada y dominando la escena
Desde el mismo momento en que Leonor abandonó este viernes el Hotel de La Reconquista rumbo al Teatro Campoamor de Oviedo, la heredera al trono ha demostrado un gran dominio de la escena con gran seguridad y aplomo. Sin perder la sonrisa, Leonor derrochó presencia y también mucha tranquilidad. Se la vio relajada y feliz disfrutando de un momento que no es solo importante en lo institucional, sino también en lo familiar. Abrazó a sus padres, buscó el apoyo de su hermana, como cuando eran pequeñas, y dio por abierto el acto, heredando así una función que antes ejercía su padre. Al final del acto, todos de lo más orgullosos le dieron la enhorabuena y su abuela, la reina Sofía, bajó las escaleras del palco para darle un abrazo de esos que hablan por sí solos. Ella la honró llevando sus pendientes de rubíes y diamantes, uno de los más emblemáticos de doña Sofía. Un sucesión de gestos que reflejan que Leonor sigue encontrando en su familia su mayor apoyo, pero que cada vez necesita menos que la guíen. La Princesa ha aprendido a caminar con paso firme y a asumir un protagonismo que ya no le viene grande.







