Si tienes una boda a la vista y todavía no sabes qué ponerte, quizá la solución esté más cerca de lo que imaginas. Las tendencias de otoño e invierno han devuelto a las joyas buena parte del protagonismo que merecen, y entre ellas, los chokers se han convertido en uno de los accesorios más deseados. Sí, aquellas gargantillas ajustadas al cuello que llevábamos en los noventa y principios de los 2000 están de vuelta, aunque con una estética mucho más sofisticada.
"Los chokers vuelven con mucha fuerza, especialmente en versiones metálicas, rígidas o escultóricas", explica Paloma de Soto, de ANBE Madrid, a ¡HOLA! Novias. La experta aconseja combinarlos con escotes sencillos y estilismos monocromáticos, una propuesta perfecta para actualizar esos vestidos que llevan varias temporadas esperando una nueva oportunidad en el armario. Y aunque su regreso pueda parecer una novedad, lo cierto es que esta joya lleva siglos conquistando a las mujeres más influyentes de la historia.
De Cleopatra a Lady Di: una joya con siglos de historia
Para descubrir sus orígenes tenemos que viajar hasta el antiguo Egipto, donde ya se utilizaban collares ajustados al cuello, elaborados con oro y piedras de colores que también tenían un significado simbólico. El Metropolitan Museum de Nueva York conserva un choker formado por anillos de oro de hace unos 3.500 años y documenta ejemplares todavía más antiguos. Siglos después llegaría Cleopatra, cuyo nombre continúa asociado a las joyas más espectaculares: de hecho, la reina aparece representada con un collar de perlas en una moneda de su época.
Una fascinación por este tipo de accesorios que ha sobrevivido al paso del tiempo y que nos lleva hasta otra mujer que convirtió las gargantillas en una de sus señas de identidad: Diana de Gales. Su favorita era una espectacular pieza de siete vueltas de perlas con un gran zafiro rodeado de diamantes, creada a partir de un broche recibido como regalo de boda. La lució en 1985, durante su inolvidable baile con John Travolta en la Casa Blanca; en 1994, con su famoso vestido de la venganza, y en 1996, con un diseño lencero de Dior en la MET Gala. Tres looks completamente diferentes que demuestran cómo una misma joya puede adaptarse a estilos y ocasiones muy distintas. Una idea que las firmas de moda han recuperado esta temporada.
El choker, protagonista en las bodas de otoño
Los diseños dorados y rígidos son perfectos para dar un aire más actual a un total look o a un conjunto de dos piezas en tonos oscuros, como el marrón chocolate o el berenjena que tanto arrasa durante este mes de octubre; mientras que las versiones de perlas aportan un toque clásico. También encontramos modelos con flores, cristales o mallas brillantes, especialmente interesantes para las celebraciones de tarde.
Una microtendencia que está presente en firmas especializadas en moda nupcial y de invitadas, como podemos comprobar en sellos como Unike Novias, The Are o Capellina, pero que también aterriza en marcas como Mango y Zara, que proponen, sobre todo, diseños tipo joya con pedrería y brillos.
Y si algo demuestra el choker es que no entiende de edades ni de papeles dentro de una boda. Las madrinas también han encontrado en ellos un complemento elegante y atemporal.
¿Con qué vestidos queda mejor un choker?
"A mí me encantan cuando el vestido es limpio y tiene un escote muy claro: un palabra de honor bien construido, un corazón muy depurado o incluso un cuello caja minimalista", nos contaba el diseñador Juan Avellaneda. Ahí el choker suma. Enmarca el cuello, da intención al look y aporta personalidad sin competir con el vestido".
Y aunque el consejo estaba dirigido a las novias, también podemos aplicarlo a las invitadas. Si el vestido tiene bordados, encajes o transparencias cerca del rostro, quizá sea preferible apostar por unos pendientes. En cambio, si el escote es sencillo, merece la pena probar con un choker antes de buscar otro conjunto.
Y un último truco de experto: si eliges una gargantilla llamativa, prueba a recoger el pelo y prescindir de los pendientes grandes. Conseguirás que destaque sin recargar el estilismo.










