El pasado 24 de julio, casi dos meses después de su primera boda, Rocío Crusset y Charlie Schein volvieron a vestirse de novios en Ibiza. La isla, donde suele veranear la modelo, fue el destino elegido para celebrar su segundo enlace junto a los amigos que no pudieron acompañarlos en Nueva York cuando se dieron el 'sí, quiero'. Fue una celebración 'a la española' que tuvo lugar en una finca frente al mar y estuvo marcada por las impresionantes vistas al Mediterráneo.
Por supuesto, tanto el escenario como la decoración estuvieron muy cuidados. Durante el día, el espacio mantenía todo su encanto gracias a una propuesta ligada al paisaje, en la que las mariposas, los tonos naturales y los detalles rústicos cobraban especial protagonismo. Cuando cayó la noche, en cambio, el lugar se transformó por completo para dar paso a luces de neón y proyecciones que invitaban a adentrarse en una fantasía. Una puesta en escena llena de detalles que no pasaron desapercibidos.
El significado oculto de las mariposas, mucho más que un elemento decorativo
Sin duda, fueron uno de los elementos más llamativos de la cita. Las mariposas se convirtieron en el auténtico hilo conductor de toda la decoración y, por eso, aparecían repartidas entre palmeras, arbustos y diferentes rincones del jardín. Lo cierto es que, además de dar forma a uno de los detalles más llamativos de la celebración, también podían esconder un significado especialmente bonito y muy ligado a la ideología de la pareja.
Por sus colores y los detalles que las definían, todo apunta a que se trataba de mariposas monarca, asociadas a los nuevos comienzos, el viaje, la resistencia y la transformación. Un simbolismo que daba todavía más sentido a su presencia y que, además, sumaba un toque colorido al jardín de la finca.
La mesa de quesos que recuperó el lado más rústico
Muy ligada al estilo de la pareja, la mesa de quesos y aperitivos salados también ocupó un lugar destacado en el montaje, aportando un toque rústico y desenfadado. Así, sobre una gran superficie de madera, se acomodaron diferentes variedades de queso, embutidos, panes artesanales, frutas y pequeños aperitivos que, junto a los elementos decorativos, dieron forma a un rincón lleno de detalles.
Entre ellos destacaba una gran pieza de queso utilizada como base para elevar algunas de las tablas, además de ristras de ajos, pimientos secos, racimos de uvas y tomates. En la parte superior de la estructura, se sumaban varios ramos de flores secas colgados boca abajo, recordando la forma tradicional de secarlas y conservarlas. Una apuesta artesanal y mediterránea que se integraba a la perfección en el entorno.
Espejos, espejos y más espejos: el simbolismo detrás de este 'moderno' elemento
Entre la vegetación, también destacaban varias columnas de espejo que reflejaban el jardín y que, dependiendo del ángulo, parecían desaparecer (casi) por completo. Su acabado moderno contrastaba con el carácter más artesanal del resto de elementos, aunque todo terminaba encajando de forma muy natural en el espacio. Además, podían esconder un significado muy ligado al momento que vive la pareja, ya que los espejos suelen relacionarse con la reflexión, la identidad y el camino recorrido. Un simbolismo que resulta todavía más especial al tratarse de su segunda celebración.
Verde, marrón y blanco: las tonalidades que predominaron en la cita
Aprovechando el jardín en el que tuvo lugar la 'reboda', la pareja apostó por una paleta cromática de verde, marrón y blanco. El verde no solo aparecía en los árboles y el césped, sino también en las flores elegidas y en algunas sillas y sillones repartidos por la zona. El marrón, en una versión muy natural, estaba presente en la madera, las mesas y los pufs, haciendo que todo encajara de forma muy sencilla con el lugar. El blanco, uno de los colores más ligados al universo nupcial, también tuvo un papel importante, aunque esta vez se incorporó sobre todo a través del mobiliario y de algunos textiles, equilibrando el resto de tonalidades.
De paisaje 'encantado' a disco de fantasía
Con la caída de la noche, los tonos neón comenzaron a apoderarse de la decoración. Rosas, morados, rojos y azules recorrieron el espacio a través de diferentes juegos de luces, mientras varias siluetas geométricas se dibujaban sobre el paisaje y pequeños destellos pintaban los troncos y las hojas de las palmeras. La piscina también pasó a formar parte de la puesta en escena gracias a una serie de proyecciones dibujadas sobre el agua, que recordaban a sirenas y a distintos animales marinos, como los pulpos. Aunque las mariposas quedaron en un segundo plano, seguían añadiendo ese punto de encanto que conectaba ambos momentos de la celebración.














