El 6 de abril de 2024 Madrid se colapsó. José Luis Martínez-Almeida y Teresa Urquijo se dieron el 'sí, quiero' en la iglesia de San Francisco de Borja (popularmente conocida como los Jesuitas de Serrano) ante cerca de 400 invitados, entre los que estuvieron el rey emérito, las infantas, el duque de Calabria (tío de la novia) y los duques de Huéscar. Fueron muchos los curiosos que se acercaron a los alrededores y también los fotógrafos que se desplazaron hasta la zona. El equipo de protocolo y comunicación del alcalde, en coordinación con la wedding planner encargada de dar forma a la boda, Eva Iglesias de Bodas Colorín, tuvo incluso que instalar unas gradas para que los fotógrafos de los más de 50 medios desplegados pudieran desarrollar bien su trabajo. La expectación era lógica; el alcalde de la capital se casaba después de once meses de relación, y lo hacía además con una aristócrata.
Pocos minutos antes de las once y media de la mañana, José Luis Martínez-Almeida llegaba a la iglesia. Iba vestido con un impecable chaqué de color gris marengo con chaleco vainilla, firmado por la Sastrería Fernández Prats, en una apuesta por la pequeña empresa y los oficios tradicionales. Lo completó con una camisa azul de algodón suizo, obra de Óscar Montero. La madrina fue su hermana mayor, Casilda, que eligió para la ocasión un fabuloso vestido rojo, largo y realizado en seda natural hecho a medida por Navascués, la misma firma que transformó el vestido de la novia. Lo combinó con un tocado de rafia, red, flor y plumas, de Conchitta, y un choker de perlas con pendientes a juego.
Como avanzó ¡HOLA! apenas una semana antes del enlace, Teresa Urquijo quiso dar continuidad a la tradición que inició su madre, Beatriz Moreno de Borbón-Dos Sicilias, cuando se casó, en junio de 1995, con el mismo vestido que había estrenado su abuela, Teresa de Borbón-Dos Sicilias, el 16 de abril de 1961. En aquel momento, el traje, realizado por Pedro Rodríguez, fue adaptado para Beatriz por Eduardo Ladrón de Guevara, y 62 años después de su creación, fue el atelier de Navascués, en colaboración con Cristina Martínez-Pardo Cobián (familia del alcalde), el encargado de rediseñar un nuevo modelo con la misma tela.
Realizado en jacquard brocado con hilo de plata, el vestido de Teresa era de línea recta y con corte en talle alto, cuello con bies en rulo y manga abullonada. Asimismo, y al igual que su madre y su abuela, la novia llevó cola, en su caso, independiente y realizada en gazar y garza de seda natural bordada en hilo plata, y un velo de tul de seda natural que cubría su rostro.
Teresa se sumó a una de las tendencias que más gusta a las prometidas: un favorecedor moño de bailarina trenzado que le permitió lucir sus joyas. La novia llevó unos espectaculares pendientes de diamantes de doble hilo con dos brillantes de talla antigua, una joya de pelo sujetando su velo y su anillo de compromiso; una pieza que no habíamos visto hasta ese momento. Era un diamante talla esmeralda orlado de brillantes.
En sus manos llevó un ramo de flores con eucalipto, hortensias, narcisos y paniculata realizado por Flores Aquilea, propiedad de las hermanas Barreiros, una de ellas casada con Gonzalo Urquijo, tío de Teresa.
La novia entró a la iglesia del brazo de su padre mientras sonaba el Canticorum Jubilo, del oratorio Judas Macabeum, repicaban las campanas y el alcalde rompía a llorar.
El reloj marcaba la una y media del mediodía cuando las puertas de la iglesia volvieron a abrirse para los recién casados, que fueron los primeros en salir. Fuera, los ciudadanos pedían una y otra vez que la pareja se besara y los novios, como no podía ser de otro modo, cumplieron el deseo.
Finalizada la ceremonia, los novios y los invitados se trasladaron hasta la finca familiar 'El canto de la cruz', ubicada en Colmenar Viejo (Madrid), que pertenece a los abuelos maternos de la novia, los marqueses de Laserna, Teresa de Borbón y Borbón e Íñigo Moreno de Arteaga.
Allí disfrutaron de la celebración y del baile, iniciado con un divertido chotis que no tardó en hacerse viral.














