Vidas fascinantes

Ann Lowe, la historia de la modista afroamericana silenciada que confeccionó el vestido de novia de Jackie Kennedy


Nadie supo quién había diseñado el look de Jacqueline Bouvier en su enlace, hasta mucho después


JFK y Jackie Kennedy en su boda© Getty Images
Estrella AlbendeaColaboradora de Novias
4 de marzo de 2026 a las 18:20 CET

600 miradas (las de los asistentes) posadas sobre un único vestido. Aquel 12 de septiembre de 1953 Jacqueline Bouvier, más tarde Jackie Kennedy, deslumbraba a los invitados a su boda y a su futuro marido, John Fitzgerald, con su look nupcial. Como si de un enlace real se tratara, las cámaras y los curiosos se congregaron en Newport, Rhode Island, para presenciar el acontecimiento. El fabuloso diseño para tan señalada cita, que forma parte del archivo de la Biblioteca y Museo Presidencial John F. Kennedy de Boston, era de color marfil y contaba con escote barco en pico, silueta princesa, cuerpo drapeado y una falda con volumen confeccionada con más de 50 metros de tafetán de seda. Era una pieza espectacular con una fascinante historia aún más increíble detrás. Porque sí, la prenda escondía un secreto.

El vestido de novia de Jackie Kennedy diseñado por Ann Lowe© Getty Images

Del famoso traje The New York Times destacaba, en su crónica, sus pliegues en el corpiño y recogía entonces que había sido “diseñado por una modista de color”. Ni rastro del nombre de la creativa que le había dado forma. Se desconocía porque la propia novia no había detallado de qué diseñadora se trataba, la misma que se había ocupado, de igual modo, de las piezas que lució el cortejo de damas de honor aquel día. Tiempo después se descubrió que la artífice había sido Ann Lowe

Ann Lowe diseñadora© Getty Images

Había abierto su boutique en 1950 en Lexington Avenue, en pleno Manhattan, después de haber pasado por Neiman Marcus y Saks Fith Avenue y haber residido en Florida. Jackie Kennedy habría llegado a ella a través de su madre, cuando buscaba el perfil más apropiado para idear su esperado look de novia. Quien hiciera realidad la propuesta, le aconsejaron, debía ser estadounidense y Janet Lee Bouvier habría sugerido a su hija el trabajo de Lowe, quien la había vestido en otros bailes de sociedad.

Jackie Kennedy el día de su boda con sus damas de honor© Getty Images

En diferentes citas, Jacqueline escogió la silueta y el tono del estilismo. “Pagó 500 dólares de la época. A ella confeccionarlo le costó dos meses y aproximadamente 700 dólares que luego se convirtieron en 2.000, porque semanas antes del enlace su taller se inundó”, escribía Leticia García en su libro Batallón de Modistillas. Lo hizo para evitar que su negocio cerrara, buscando que nadie fuera consciente de aquello que había sucedido, llegando a trabajar largas noches y haciendo contratar a nuevas costureras. Al final, el esfuerzo económico, de tiempo y de metros y metros de tejido, valió la pena. Nadie le iba a dar su lugar, pero sabía que aquel encargo la consolidaría como “la diseñadora secreta de la alta sociedad”, defiende García.

El vestido de novia de Jackie Kennedy diseñado por Ann Lowe para su boda© Getty Images

Fue en 1964 cuando el mundo pudo conocer su labor y su rostro. Una entrevista en el Saturday Evening Post le abrió las puertas a la popularidad y reconoció sus méritos. El artículo se titulaba: El secreto mejor guardado de la moda. Hasta entonces sus etiquetas no llevaban nombre o, si lo hacían, incluían la firma de su tapadera: Sonia Rosenberg, un seudónimo muy judío que le garantizaba que sus clientas volvieran al taller. A pesar de que su confección era excelente, las mujeres de alta cuna estadounidenses no querían que se las relacionara con una modista de color. Precisamente por ello le llegó la ruina en varias ocasiones, pues aquellas no estaban dispuestas a abonar lo mismo que habrían desembolsado para una firma con un creativo blanco al frente.  

JFK y Jackie Kennedy en su boda© Getty Images

Después de este gran paso en su carrera, en 1965 Ann Lowe defendió en The Mike Douglas Show: “no lo hago por la fama o el dinero, lo hago para demostrar que un negro se puede convertir en un buen diseñador”. Ella fue la primera modista afroamericana en tener tienda —que abrió en un distrito adinerado de Nueva York— y taller propio. Estudió diseño en la T.S Design School de Nueva York, ella sola, dado que las normas raciales de la escuela le impedían compartir espacio con otras compañeras, y tuvo que separarse de su marido, en 1919, que no apoyaba su idea de tener un negocio propio. 

Pero, para cuando se visibilizó su labor, una década después de haber hecho la prenda más famosa para una primera dama, la firma ya había cerrado. A su atelier se habían acercado mujeres que querían vestir como lo habían hecho las damas estadounidenses, pero bajo un menor presupuesto. Por este motivo se vio obligada a decir adiós a su sueño en 1963. Desde aquel instante solo atendería previo encargo, en su casa, a una clientela muy pequeña. 

Jackie Kennedy llevó en su boda con JFK un vestido de novia de Ann Lowe© Getty Images

Cuando parecía que todo estaba perdido, en 1968 la experta en costura recibió una donación anónima que le permitió revivir su proyecto, ya bautizado como Lowe Originals. ¿Quién había sido? “Siempre tuvo la convicción de que aquel rescate económico fue obra de la señora Kennedy, pero nunca pudo confirmarlo”, apunta Batallón de Modistillas. La firma se mantuvo abierta hasta que ella se jubiló, en 1971, fiel a sus diseños de gala con líneas limpias y detalles femeninos, exquisitamente cosidos y planteados desde una visión minimalista. 

Baile nupcial de Jackie y John Kennedy© Getty Images

El vestido de novia no fue la única creación que hizo para la familia Kennedy, ni fueron escasos sus diseños para mujeres de congresistas y jóvenes de la alta sociedad, pero poco se conoce de ella. “Ni siquiera a día de hoy, en el museo presidencial de JFK de Boston, aparece en la cartela que describe sus vestidos”, recuerda Leticia García en su ensayo. Por suerte, sus piezas sí figuran, con reconocimiento, en otras pinacotecas de gran prestigio, como el Metropolitano de Nueva York, el Fashion Institute of Technology o el Museo Nacional de Historia Afroamericana.