TENDENCIAS OTOÑO/INVIERNO

Nuestra experta analiza desde la psicología la obsesión de la moda con el universo ecuestre: "Nació asociada al poder y al lujo, un signo visible de pertenencia a la élite"


Hacemos un repaso por las amazonas y las firmas que mantienen vivo el legado ecuestre en el imaginario de la moda


Cómo vestir para un finde en el campo febrero 2026© @mariaccm_
Amalia QuirogaRedactora de Fashion
23 de septiembre de 2026 a las 17:15 CEST

Habitualmente, al recorrer las salas de cualquier museo basta con levantar la vista para encontrarse con un imponente caballo pintado al óleo. Sobre él, casi siempre, aparece un rey o un emperador, pero también mujeres aristocráticas cuyo porte domina por completo la escena. Desde la Antigua Grecia, los caballos han estado ligados a la alta sociedad: ya entonces imaginaban el mito de las amazonas, mujeres poderosas, independientes y guerreras que encarnaban una mezcla de fuerza y belleza. La equitación nació como una actividad asociada al poder, al lujo y a la distinción, uno de los muchos signos visibles de pertenencia a la élite.

Media Image© Juan Pablo Chipe

Con el paso de los siglos, algunas tradiciones se han perdido; esta, sin embargo, se mantiene intacta. Montar a caballo no solo es una habilidad práctica, sino también una forma de demostrar educación, estatus y linaje. En los retratos de las familias más nobles, la imagen de una mujer en su montura se convirtió en símbolo de elegancia y sofisticación. Hoy, en pleno siglo XXI, esta costumbre sigue ocupando un lugar privilegiado en la cúpula. Su estética, cuidada al detalle, encarna la disciplina y el refinamiento, y por ello continúa inspirando las pasarelas.

Hípica y alta sociedad

Desde el inicio de los tiempos, las “chicas bien” han montado a caballo. La equitación ha sido una actividad que ha atravesado generaciones y dinastías, consolidándose como símbolo de educación distinguida y signo de clase. A lo largo de la historia, numerosas mujeres han encarnado esta tradición ecuestre. Entre las figuras más destacadas se encuentran las reinas Margarita de Austria e Isabel de Borbón -ambas inmortalizadas por Velázquez- o María Luisa de Parma, retratada por Goya. Todas ellas personifican cortes europeas donde el caballo era parte esencial del protocolo y la imagen pública. Más adelante, en el siglo XIX, se consolidó como símbolo aristocrático con Eugenia de Montijo y la emperatriz Sissi, cuyos vestidores definieron un ideal de elegancia y poder femenino. 

La reina María Luisa a caballo (Francisco de Goya, 1799)© Getty Images
La reina María Luisa a caballo (Francisco de Goya, 1799)

La equitación ha sido una actividad que ha atravesado generaciones y dinastías, consolidándose como símbolo de educación distinguida y signo de clase

Ya en el tránsito hacia el siglo XX, la práctica continuó con figuras de la Familia Real británica como la Reina Isabel y la princesa Ana, ambas profundamente vinculadas al mundo ecuestre y protagonistas de una de las tradiciones hípicas más sólidas de Europa. En la segunda mitad del siglo XX, la equitación adquirió un aura de glamour internacional gracias a iconos como Audrey Hepburn, Grace Kelly, Mary Astor, Jackie Kennedy o su hermana Lee Radziwill. En España, se ha mantenido viva con aristócratas como Cayetana de Alba en su día y Victoria Federica hoy, habituales en la Feria de Sevilla y en eventos ecuestres. Algunas mujeres han ido un paso más allá y se han involucrado de lleno en el ámbito deportivo: para la empresaria Marta Ortega, la hípica y el salto de obstáculos son fundamentales en su vida, destacando su faceta como amazona y su papel clave como anfitriona y organizadora de grandes torneos. 

La princesa Ana, junto a Sue Hatherley, Janet Hodgson y Lucina Prior-Palmer en 1975.© Getty Images
La princesa Ana, junto a Sue Hatherley, Janet Hodgson y Lucina Prior-Palmer en 1975.

A nivel global, la continuidad de linajes se refleja en amazonas profesionales como Athina Onassis, nieta del magnate Aristóteles Onassis, o Athena Ferrer, nieta de Audrey Hepburn. Resulta curioso que las dos lleven el nombre de la figura mitológica griega que es diosa de la sabiduría y la guerra, y mente ideadora del famoso Caballo de Troya. Hoy, la estética ecuestre se fusiona con la moda de la mano de iconos como Carlota Casiraghi. Apasionada de los caballos, ha competido desde joven en el circuito internacional de saltos Longines Global Champions Tour y, como embajadora de firmas como Gucci y Chanel, ha logrado fusionar ambos mundos. Incluso inauguró la pasarela de alta costura primavera-verano 2022 de la maison con una entrada triunfal a caballo. La protagonista de nuestra portada, Eugenia de Hannover, también forma parte, como no podía ser de otra manera, de esta nueva generación de alta sociedad que mantiene vivo el legado.

Reflejo en la pasarela

La equitación ha influido profundamente en la moda, siendo una fuente constante de inspiración para las casas de lujo. La imagen clásica del jinete -botas planas, pantalón ajustado y chaqueta sastre con un corte impecable- sigue siendo un referente estético a nivel mundial, y este universo se encuentra en el corazón de algunas firmas. Hermès surge del trabajo de su fundador en una guarnicionería, elaborando piezas de cuero para las caballerías. Gucci también se ha alimentado del mundo ecuestre desde sus inicios. Lo vemos en sus últimas colecciones y en campañas más antiguas como Of Course a Horse o aquellas protagonizadas por la mencionada Carlota Casiraghi en 2012. 

La imagen clásica del jinete -botas planas, pantalón ajustado y chaqueta sastre- sigue siendo un referente estético

Los estribos y los bocados siempre han sido elementos inherentes a sus accesorios y su bolso Horsebit, cuyo nombre en inglés designa esta pieza, es ya un icono de la casa. Longchamp, otra marca francesa de marroquinería fundada en París en 1948 por Jean Cassegrain, rinde homenaje al histórico hipódromo de París, del cual obtiene su nombre y su característico logotipo del caballo al galope. Con su tradición en la fabricación de artículos de piel, ha mantenido un diálogo constante con la equitación.

Veruschka en 1970 con un 'total look' de Gucci© Getty Images
Veruschka en 1970 con un 'total look' de Gucci

Lo mismo ocurre con Longines, la pasión de la firma de relojería por la hípica se remonta a sus inicios en el siglo XIX. En 1869 fabricó su primer reloj de bolsillo y su primer movimiento cronógrafo, que no tardó en ser adoptado por los jueces de los hipódromos norteamericanos. Gracias a su legitimidad y experiencia, la participación de la marca en los deportes ecuestres se extiende, desde 1912, al salto de obstáculos, la doma clásica, el concurso completo de equitación y las carreras planas. En 2013, incluso firmó un acuerdo histórico con la Federación Ecuestre Internacional (FEI), convirtiéndose en su colaborador principal y cronometrador y reloj oficial.

Cronógrafo de Longines© Longines
Cronógrafo de Longines en una competición en La Chaux-de-Fonds (Suiza) en 1955.

Y más recientes son los guiños de Chloé en su colección otoño-invierno 2026-2027, aunque con un aire más western -botas altas, chalecos de ante y cinturones metálicos con formas de caballos- o el desfile de la nueva temporada de Stella McCartney, que transformó el centro hípico de Neuilly en una pasarela.

Desfile de Stella McCartney otoño-invierno 2026/27
Desfile de Stella McCartney otoño-invierno 2026/27

Que el imaginario ecuestre haya cambiado tan poco a lo largo de las décadas revela la escasa permeabilidad de este círculo social. Y aunque ha sido históricamente un entorno clásico, reservado y profundamente elitista, también ha servido como punto de partida para un armario femenino más libre y funcional, vinculado a un estilo de vida relajado, deportivo y orientado al ocio. Montar a caballo es, y seguirá siendo, una declaración de elegancia que atraviesa generaciones y define un modo de vivir.