Si bien ya era conocida para cientos de miles en las redes sociales, Inés García saltó el estrellato global -más allá del mundo virtual- una vez se hizo pública su relación con Lamine Yamal. Y qué coincidencia que su amor floreció poco antes de que La Roja se hiciese con la Copa del Mundo, en julio de este año. Desde entonces, son la pareja del momento; de hecho, algunos ya se refieren a ellos como "los Beckham de la generación Z" por los looks coordinados que llevan a sus citas románticas. Sin embargo, con cada nueva aparición en solitario, la influencer nos deja claro que tiene nombre y estilo propios y que su capacidad de influencia trasciende el vínculo que la une con el futbolista catalán. Tras conquistar la Gran Manzana como invitada al desfile Primavera/Verano 2027 de Carolina Herrera, marcando la pauta en nuevos horizontes, la también modelo lo ha vuelto a hacer en la gala de los premios GEN ¡H!, donde se ha reconocido su talento y su estilo con un galardón.
Inés García, la chica del momento, brilla con su vestido negro de lentejuelas
Sus casi cinco millones de seguidores están en lo cierto. A sus 21 años, la ganadora del Premio Gen ¡H! New Generation Life Style está desarrollando un estilo distintivo que comienza a cosechar fans al otro lado del Atlántico al punto que de que la prensa internacional compare sus looks con los de Hailey Bieber o Sofia Richie, referentes globales de elegancia contemporánea y prescriptoras de tendencias. El estilismo que eligió para sentarse en el front row de Carolina Herrera durante la Semana de la Moda de Nueva York, hace solo unos días, lo refleja claramente: un vestido gris entallado, sobrio y de hombros descubiertos y adornados con lazadas, rematado con unos salones clásicos en punta negros, un maquillaje ultranatural y luminoso y su melena recogida en un slicked-back bun (el moño más pulido que existe).
Para la gala de los premios GEN ¡H!, ha mantenido intacto este registro sofisticado, aunque en su variante de noche más glamurosa. La influencer ha optado por un diseño negro de líneas puras, con tirantes gruesos y un cuello redondo profundo que enmarca el escote sin desvelar demasiado, bañado en lentejuelas que brillaban en contacto con los flashes durante su paso por el photocall. Sin más accesorios que unos sutiles pendientes brillantes y unos salones negros en punta, ha dejado que esta prenda sea la protagonista absoluta del conjunto, confiando en su habitual look de belleza -moño pulido de bailarina y rostro luminoso- para completar el estilismo.








