VUELVE A BRILLAR

Adriana Abascal reaparece como una princesa moderna con vestido rosa y joyas de diamantes junto a Manuel Filiberto de Saboya


Del efecto cisne en Tokio a un diseño etéreo en clave princesa en Los Ángeles, la empresaria mexicana consolida su estilo y su nueva etapa sentimental en una gala benéfica con historia


Adriana Abascal en una gala benéfica con vestido rosa, acompañando al príncipe Manuel Filiberto de Saboya.© adrianaabascal
5 de mayo de 2026 a las 14:46 CEST

En noches que exigen etiqueta, los anfitriones deben cumplir. La gala benéfica de primavera de la Casa de Saboya —con dress code de white tie y vestidos largos— ha sido el escenario perfecto para una dosis de estilo y aristocracia. En la Notte di Savoia en Los Ángeles, Adriana Abascal reaparecía junto al príncipe Manuel Filiberto de Saboya apenas unos días después de su comentado paso por Tokio. Si allí su vestido evocaba la dualidad del cisne blanco y negro, aquí la la historia cambia: del simbolismo introspectivo a la fantasía romántica. Esta vez, la mexicana encarna una idea reconocible y poderosa: la de princesa contemporánea, vestida de rosa y acompañada por su príncipe. 

Adriana Abascal en una gala benéfica con vestido rosa, acompañando al príncipe Manuel Filiberto de Saboya.© adrianaabascal

El vestido: una fantasía en rosa 

El diseño elegido pertenece a Marchesa, la firma neoyorquina sinónimo de alfombra roja, famosa por su lenguaje visual cargado de romanticismo, bordados y volúmenes etéreos. Adriana apuesta por un vestido largo en un rosa claro, casi etéreo, que remite directamente al imaginario clásico de los cuentos de hadas.

El escote, de inspiración corazón, se suaviza con un delicado volante que introduce movimiento desde la parte superior. El cuerpo se ajusta con precisión a la cintura, dibujando la silueta antes de abrirse en una falda de gran volumen que cae en cascada desde la cadera. Aquí es donde el vestido adquiere dimensión: pliegues, capas y volantes construyen una caída asimétrica con una cola con presencia, casi escénica.

La clave está en el contraste interno del diseño. La estructura superior —más firme, más controlada— aporta sofisticación, mientras que la falda fluida introduce ligereza, emoción y movimiento. Una dualidad que conecta, de forma sutil, con su elección anterior en Tokio, pero reinterpretada desde un lenguaje más luminoso. 

Adriana Abascal en una gala benéfica con vestido rosa, acompañando al príncipe Manuel Filiberto de Saboya.© adrianaabascal

Joyas, bolso y beauty look: equilibrio perfecto

El look se completa con una selección de accesorios que elevan el vestido. Adriana opta por pendientes largos de diamantes blancos y amarillos que aportan luz al rostro, acompañados de un brazalete rígido de gran tamaño que introduce un punto de fuerza.

El bolso, un clutch negro clásico, actúa como elemento de equilibrio, anclando visualmente el conjunto. En cuanto al beauty look, mantiene la coherencia con su aparición en Tokio: coleta pulida con volumen, mirada intensificada con sombras y eyeliner negro, y labios en tono rosa.

Un detalle interesante —y poco habitual en eventos de este nivel dentro de la aristocracia europea— es la elección de uñas en color burdeos. Un gesto pequeño, pero significativo, que introduce personalidad y rompe ligeramente con el protocolo más clásico.

Adriana Abascal en una gala benéfica con vestido rosa, acompañando al príncipe Manuel Filiberto de Saboya.© adrianaabascal

Tokio: el precedente 

Para entender este momento, hay que volver a Tokio. Allí, Adriana y Manuel Filiberto reaparecían en una gala de la Orden Dinástica de la Casa de Saboya en una imagen que confirmaba su reconciliación. Su vestido, también de Marchesa, articulaba una narrativa visual potente: cuerpo negro estructurado y falda de plumas en blanco y rosa, evocando el cisne negro y el cisne blanco. Aquel look hablaba de dualidad, de transición, de equilibrio entre opuestos. 

Adriana Abascal y el príncipe Manuel Filiberto de Saboya en Tokio.© adrianaabascal

Una gala con historia (y propósito)

La velada, celebrada en Los Ángeles bajo el patrocinio del príncipe Manuel Filiberto, forma parte de la tradición benéfica de las Órdenes Dinásticas de la Casa de Saboya. En esta ocasión, los fondos recaudados se destinan a “The Shroud of Turin: An Immersive Experience”, una exposición educativa sobre la Sábana Santa dirigida a escolares.

Más allá del protocolo —white tie, condecoraciones y vestidos largos—, la gala refleja el papel histórico de la Casa de Saboya como custodios del Sudario durante siglos. Una dimensión cultural y espiritual que añade profundidad al evento.  

© ¡HOLA! Prohibida la reproducción total o parcial de este reportaje y sus fotografías, aun citando su procedencia.