De vez en cuando, aparece en nuestras pantallas una ficción que no solo refleja la cultura del momento, sino que es capaz de definirla por completo. Euphoria, el aclamado y visceral drama adolescente de HBO creado por Sam Levinson, nos ha mantenido en vilo con la intensa vida de un grupo de estudiantes de California. Sin embargo, más allá de abordar temas sumamente complejos, la serie generó otro debate igual de apasionante: su impactante revolución estética.
Las claves del estilo Euphoria
Para entender la magnitud de este fenómeno que sacudió los cimientos de la moda, hemos hablado con Andrea Medina, Content Creator de la agencia creativa Murph, quien tiene muy claro el secreto de este éxito arrollador: "Explotó porque no intentaba suavizar nada. Fue una serie cruda, incómoda y muy honesta sobre temas que los Gen Z y los millennials ya estaban viviendo, pero que no eran mainstream: salud mental, adicción, sexualidad...".
En 2026, ya son muchas las películas y series que han esbozado un retrato intergeneracional de los problemas que enfrentamos en esta era digital, pero hace siete años, cuando se estrenó la primera temporada de Euphoria, estos eran tabú. Sin embargo, como bien apunta Medina, lo que la hizo verdaderamente viral fue su capacidad para transformar esos componentes en algo visualmente obsesivo: "Era dolor y belleza en uno. El maquillaje, la iluminación, la música, todo funcionaba como una extensión emocional de los personajes".
Si hoy tenemos nuestros tableros de inspiración digital repletos de looks de la serie, es en gran parte gracias a Heidi Bivens, su directora de vestuario. Tras el éxito de la segunda temporada, Bivens plasmó sus secretos en el libro Euphoria Fashion, revelando cómo Levinson le dio permiso para empujar los límites y no ajustarse a las normas televisivas sobre cómo "deberían" vestir los adolescentes. Esa libertad dio paso a lo que Andrea Medina define como un "maximalismo emocional".
La estética que hoy asociamos a Euphoria está cargada de glitter, pedrería, delineados gráficos y colores neón. Una identidad visual con un aura onírica, iluminada por luces saturadas que la hacían sentir como una fantasía. "Es sumamente 'Gen Z', es genderless, desordenada, experimental", reflexiona la experta de Murph, destacando cómo esa fluidez permite que la estética cambie en un abrir y cerrar de ojos según el estado de ánimo de los protagonistas.
La evolución de sus personajes
El vestuario es un espejo del alma de los personajes. Lo vemos en la logomanía Y2K de Maddy (Alexa Demie), o en la arrolladora explosión de color y superposiciones de Jules (Hunter Schafer). También en la transformación de Kat (Barbie Ferreira), quien evidenció su despertar sexual cambiando sus camisetas básicas por látex y arneses. E incluso en la evolución de Cassie (Sydney Sweeney), a quien, como señala Medina, podemos ver copiando retorcidamente el look de Maddy en sus momentos de mayor inestabilidad, o enfundada en un simple chándal cuando toca fondo emocionalmente.
Uno de los aspectos más llamativos de la labor de maquillaje y vestuario de la serie es la capacidad de adaptación a los dramas de sus personajes, un ejercicio creativo que difiere (en mayor o menor medida) de numerosas series con las que generaciones mayores que la Z se han criado. Es por ello que podemos esperar que esta tercera entrega -que se estrena casi cuatro años después de la segunda- tenga una estética completamente distinta. Se adapta a las nuevas vidas de los protagonistas, pero también a los tiempos que corren, en 2026, fuera de la ficción.
En el universo de Levinson, ninguna prenda se elige al azar. Bivens apostó fuertemente por piezas vintage y el upcycling, conectando con una juventud cada vez más concienciada con el medioambiente. Pero, paradójicamente, el furor por replicar estos looks coincidió con el apogeo de gigantes del fast fashion, lo que, según Andrea Medina, permitió que el público general pudiera copiar los atrevidos estilismos de la pantalla sin arruinarse.
Del 'Clean Girl' al esperado regreso del maximalismo en 2026
Pero, ¿cómo pasamos drásticamente del brillo cegador de Euphoria al minimalismo que ha imperado en los últimos años? La respuesta está en el inevitable ciclo de las tendencias. "Las tendencias estos últimos años han sido un péndulo total", nos explica Andrea. Tras años de exceso y tras la fatiga pospandemia, la sociedad empezó a buscar algo más simple. Triunfó la estética clean girl, priorizando el cuidado de la piel y el bienestar por encima del maquillaje sobrecargado. Un estilo de vida aparentemente "sin esfuerzo", pero que, irónicamente, resulta mucho menos accesible a nivel económico que comprar una prenda llamativa.
Hoy, en pleno 2026, y a la espera de la ansiada tercera temporada, el péndulo vuelve a moverse. "Estamos viendo una transición, y hay un leve comeback del exceso", augura Medina, y tanto las últimas pasarelas como las microtendencias que circulan en redes sociales esta primavera lo confirman. Con unos protagonistas que han madurado y un mundo que ha cambiado fuera de la ficción, la premisa de las nuevas generaciones parece clara de cara a los nuevos episodios: "Ya no queremos ser perfectas, queremos ser interesantes".













