Reglas para evitar que un perro desconocido se muestre agresivo

Los perros domésticos no suelen mostrarse agresivos, sin embargo, debemos tener en cuenta qué les molesta o cuándo podemos estar provocando su irritabilidad

Por David Navarro

Los perros son los mejores amigos del hombre, pero no de todos los hombres. Es decir, que pese a que el dueño y la familia de éste puedan ser una prioridad para la lealtad de un perro, las personas que no forman parte de ese círculo de confianza no gozan de ese privilegio. Si nos acercamos a un perro desconocido para acariciarlo, bien sea de forma completamente anónima o cuando nos encontramos con alguien de confianza que tiene perro, debemos tener en cuenta que para el animal no somos parte de su entorno íntimo y, por tanto, su reacción puede sorprendernos.

La regla que es válida para los niños lo es también para los adultos: no es recomendable tocar a un perro que no conocemos sin antes consultar con el dueño. Por mucho que a simple vista pudiéramos ver que el animal está dispuesto a ser acariciado y que su dueño nos confiere confianza, un perro puede tener manías o molestias concretas que no conocemos y pedir permiso antes nos sirve tanto para avisar de que queremos acariciarlo como para informarnos de si existe alguna peculiaridad en el animal que debamos saber de cara a no molestar al can y provocar su enfado.

Con perros que aún no conocemos, la mejor táctica es permanecer pasivo y que sea el propio animal el que demande el acercamiento. Si somos nosotros los que damos el primer paso podemos incluso cohibir al animal, pues podríamos invadir su espacio y molestarlo. Debe ser el propio perro el que muestre su disposición a olfatearnos, como gesto de saludo y reconocimiento. Si es el perro el que no muestra ningún interés en nosotros y ni siquiera inicia este proceso de reconocimiento, lo mejor será dejarlo estar y no promoverlo, aunque el propio dueño lo sugiera.

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El espacio del animal es muy importante

Sea un perro grande o pequeño, los perros necesitan saber que tienen margen suficiente para rechazar cualquier caricia o un gesto físico, especialmente si todavía no se sienten seguros o confiados con la persona que tienen delante. Es muy común con perros pequeños que se les acaba tratando como a peluches, y esto hace que se les abrace, o se les coja en brazos, imposibilitando al animal poder moverse o rehusar las caricias. Por pequeño que sea el perro, todos los canes atienden a las mismas reglas no escritas. Lo que no le harías a un pastor alemán no debes hacérselo a un chihuahua, y es que son precisamente los perros pequeños los que desarrollan mayor temor a ser ‘bloqueados’, por lo que su enfado es mayor cuando traspasamos su espacio vital y hacemos gestos que les inmovilizan.

Aun cuando un perro está en el momento más vulnerable, como cuando escucha petardos o truenos, abrazarlo ni siquiera es una buena opción porque para ellos significa perder la libertad de escapar si fuera necesario, y esta es una de las líneas rojas que siempre debemos respetar y que apelan a su instinto de supervivencia. 

Por eso mismo, cuando acariciamos a un perro que todavía no nos conoce no debemos tocar la zona superior de su cabeza, pues ésta se vuelve la zona más crítica de su cuerpo, instintivamente sabe que una agresión por sorpresa en la cabeza puede dejarle desarmado, y por eso será mucho más sensible o podrá mostrarse irascible si las caricias son en la zona frontal del cráneo. La cola y la tripa son otras dos zonas que deberemos obviar.

Otra situación conflictiva para un perro consiste en estar atado mientras un extraño le acaricia. El perro sabe que está en una situación vulnerable pues no es libre para zafarse de las caricias si el humano extraño le fuerza o le molesta, por lo que el instinto del animal puede consistir en pasar al ataque o mostrarse violento como declaración de advertencia. Otras situaciones vulnerables para un perro y que son líneas rojas para no dirigirnos a él si no le conocemos son cuando está comiendo, durmiendo o haciendo sus necesidades.

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Las zonas más vulnerables para ser mordidos

Es cierto que la inmensa mayoría de los perros domésticos ni son violentos, ni tienen por qué pasar a la acción agrediendo a un ser humano sin que exista primero una correlación de advertencias y de señales claras que identifiquen que el animal podría estar molesto y pasar a los hechos. Sin embargo, por mucha inteligencia y límites que tengan los perros, siguen siendo animales que pueden reaccionar de forma sorprendente cuando no se tiene en cuenta el lenguaje corporal que expresamos.

Ante un perro que no conoces, ten en cuenta nunca poner tu cara junto a su boca, esta es una regla básica pues estaríamos bajando la guardia y mostrándonos demasiado vulnerables ante el perro. El cuello o los carrillos son zonas muy proclives a ser mordidas y pueden ser fatales. Las extremidades también son zonas que los perros pueden morder y que debemos proteger, en especial las superiores pues son las que nosotros movemos para dirigirnos a él y, por tanto, el animal comprenderá que neutralizando los brazos estará acabando con la amenaza.

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