Tras conquistar el universo digital en España con su exitosa agencia de representación de influencers, Soy Olivia, Daniela Rodríguez y su marido, Javier García-Gallo, nos reciben en su escondite de Cantabria. Un lienzo en blanco donde sus raíces venezolanas se funden con el entorno natural en un diseño que celebra la vida slow.
Daniela y Javier, aterrizasteis en España en 2011 con una maleta llena de sueños y una formación en comunicación. ¿Qué queda hoy de aquellos jovenes que llegaron con ganas de comerse el mundo?
Seguimos siendo esos soñadores, pero con enfoques diferentes. A los 26 años pones el foco en el proyecto profesional y la relevancia. Ahora, aunque queremos seguir creando, entendemos que el éxito reside en la paz de nuestro hogar, ver a nuestra familia crecer y compartir con los amigos que aportan de verdad.
«El éxito reside en la paz y en la felicidad de nuestro hogar, el estar juntos y ver a nuestra familia crecer»
Fuiste pionera en 2015 cuando el concepto de influencer casi ni existía. ¿De dónde vino la intuición para apostar por un sector que aún no tenía reglas?
Consumía mucho contenido de YouTube, y eso es lo que me llevó a entender que había potencial para un negocio. Soy una persona muy intensa con las cosas que me gustan, y empecé a investigar mercados y consumir contenidos de muchos países. Javi me decía constantemente que me dedicara a esto, que fuera mánager o creadora. Yo me reía y le decía que no era nada fácil; pero esa espinita estaba clavada, y Javi también es muy insistente. Cuando empecé a trabajar en España, metí a dos influencers en una colaboración y fue un exitazo. Un día, Grace Villarreal me pidió que fuera su mánager y Javi dijo: “Tenemos que fundar la compañía”. Nos asociamos con un amigo y con una moto, un ordenador y 60€, registramos Soy Olivia.
Emprender lejos de casa siempre es un reto doble. ¿Cómo influyó vuestra herencia venezolana y la cultura del esfuerzo en la construcción de vuestra agencia?
Nos encanta que toquéis este tema, porque creo que el factor Venezuela es clave para haber tenido tan claro que queríamos crear un negocio. En Venezuela el emprendimiento es lo “normal”. Los padres de Dani tenían una agencia de modelos, y mi padre un despacho de abogados. Antes de venirnos ya teníamos una productora de castings, y nos iba genial. Teníamos clarísimo que queríamos trabajar juntos y tener algo propio.
Como CEO, madre y referente para muchas mujeres, ¿cuál ha sido el mayor aprendizaje que te ha dado el éxito?
Priorizar mi vida personal versus la laboral. Cuando estás en una vorágine de mucho trabajo, reconocimiento, creando algo que te apasiona, en lo que crees, enamorándote de la gente con la que trabajas… es fácil perder las prioridades. Mi familia, mi paz mental y mi amor propio debe ser siempre primero, porque realmente es la razón por la que hago todo lo que hago.
Vienes de un mundo de inmediatez y pantallas. ¿Es esta casa vuestra “pausa”?
Absolutamente. Estar en la cama y ver el cielo o verde, nos da paz. El existir dentro de la naturaleza nos llena; nos apetece jugar, cocinar, poner la chimenea y centrarnos en nosotros.
Al diseñar este refugio, ¿visteis la luz natural como un material de construcción?
Sí, era básico. Queríamos ver verde y cielo. Por eso, el concepto de “casa abierta” con ventanas en todas partes, principalmente en el techo, era fundamental. La luz natural nos da energía y empuje; hace que la casa se sienta viva siempre. La iluminación entra desde que sale el sol hasta su puesta. Lo que sientes es mágico.
El cielo como techo
¿Hubo algún espacio hecho pensando exclusivamente en la luz cenital?
Algo muy especial es que, al comprar la casa, la planta de arriba no estaba hecha, pero ya tenía los huecos para las ventanas VELUX. Era un lienzo en blanco. Allí diseñamos el espacio familiar y una habitación que enamora a todo el que se queda en ella. Una casa sin luz no tenía sentido para nosotros.
¿Un detalle que cuenta quién eres?
Una hamaca de tela que está en la terraza y que tiene vistas a todo el prado. Es una mezcla de sensaciones: es un elemento muy venezolano que nos lleva a nuestra infancia; y, también, es un sitio en el que nos tumbamos con nuestros hijos a conversar, jugar o, simplemente, disfrutar del momento. Es el puente perfecto entre nuestro origen y nuestro presente. Parece simple, pero tiene muchísimo significado.
Por último, para los lectores que están pensando en reformar: ¿qué le dirías a alguien que tiene miedo de “abrir huecos” en su tejado?
Do it! Es increíble lo que gana una casa cuando aprovechas el sol todo el día. A veces damos por hecho que en España no necesitamos más iluminación por el buen clima, pero la luz natural nunca es poca. Hoy las ventanas tienen extras que te permiten regularla para que siempre sea la luz y la temperatura adecuada.







